La aldea ideada para mujeres mayores que vive “sin hombres y sin drama”
The Bird's Nest no es lujo, es una combinación de independencia, precio asequible y compañía para una etapa de la vida en que esas tres cosas escasean.
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Robyn Yerian tiene 70 años y vive en Cumby, Texas, una pequeña localidad rural a unos 60 minutos al noreste de Dallas. En 2022, mirando sus ahorros del plan de jubilación, hizo una serie de cálculos que muchas personas mayores hacen en silencio, llegando a la conclusión de que no iba a poder mantenerse sola en la vejez con lo que tenía. Así que tomó una decisión inusual. Retiró dinero de su fondo de pensiones, compró dos hectáreas de terreno por 35.000 dólares y se gastó otros 100.000 en acondicionar la zona. Su inversión total fue de aproximadamente 150.000 dólares, y con ello, construyó The Bird's Nest: una comunidad de pequeñas viviendas y remolques habitables pensada para mujeres que buscaban lo mismo que ella.
Para mujeres, por culpa de una noche alrededor de la hoguera
Robyn no lo diseñó como una comunidad exclusivamente femenina. Cuando comenzó el proyecto, en principio estaba abierto a cualquier persona mayor de 55 años. Pero organizó un taller para que las residentes aprendieran a usar herramientas eléctricas, con la idea de que pudieran mantener sus casas de forma autónoma, y aquella noche, sentadas alrededor de la hoguera, alguien sugirió que qué tal si solo vinieran mujeres.
"Fue todo un accidente", ha dicho Robyn. "Tenía alrededor de 20 mujeres para el taller y a todas les encantó la idea."
Lo que sí había calculado era que realmente existía mercado para ello. El 85 o 90% de las personas que viven en casas diminutas en Estados Unidos son mujeres jubiladas con ingresos fijos. Así que cuando decidió que la comunidad sería solo para mujeres, no estaba cerrando puertas: estaba abriendo las que ya existían.
Quiénes son las once mujeres del nido
Las actuales residentes de The Bird's Nest tienen entre 60 y 80 años. La mayoría están solteras, con algunas divorciadas, una que nunca se casó, una que enviudó y dos son lesbianas. Entre todas tienen 21 hijos y 24 nietos repartidos por distintos estados. Además, tienen nueve perros.
Vienen de contextos completamente diferentes, con opiniones políticas distintas, historias distintas y razones distintas para estar allí. Algunas llegaron después de situaciones de violencia o tras un divorcio inesperado. Otras simplemente querían una alternativa al modelo de vida que tenían, en el que la soledad y el gasto aumentaban al mismo tiempo.
Cheryl, una de las residentes, explica su filosofía de vida: "La idea de que esto es una comunidad es algo que no creo que encuentres en todos los sitios donde hay casas pequeñas. Nos ayudamos mutuamente. Me operé la rodilla hace unos dos meses y todas contribuyeron a ayudar. Tenemos herramientas que compartimos, como una pala comunitaria. Sabes que alguien tiene lo que necesitas."
La descripción que hace Robyn de la vida cotidiana en The Bird's Nest es la de una familia elegida con todas sus consecuencias. "Nos llevamos al médico cuando es necesario. Nos visitamos si alguien tiene gripe o se opera. Somos la terapeuta y la tabla de salvación la una de la otra."
Cocinan y comen juntas. Hacen excursiones colectivas al supermercado y a restaurantes. Cuidan sus jardines individuales. Organizan talleres de manualidades. Trabajan en mejoras del hogar en equipo. Las casas, aunque pequeñas, son propias y personales: cada residente puede decorarlas y ajardinarlas a su gusto.
El terreno está cercado y los accesos están controlados. El alquiler mensual es de 450 dólares, una cantidad que Robyn ha prometido no subir jamás, y el precio incluye agua, acceso a un refugio antihuracanes y zonas comunes como jardín, cocina compartida, zona de barbacoa y senderos para caminar.
Hay una sola norma inapelable. "Sin drama". Robyn lo aplica desde el principio: quien quiera entrar a vivir en The Bird's Nest tiene que ser lo suficientemente autónoma para valerse por sí misma, estar dispuesta a apoyar al resto... y dejar el drama fuera de la puerta.
Una lista de espera que lo dice todo
El proceso de admisión empieza con una llamada telefónica. Si Robyn considera que puede encajar, la candidata recibe una invitación para visitar la comunidad en persona y pasar varios días allí antes de ser aceptada (o no). Muchas de las actuales residentes viajaron desde otros estados para esa entrevista. Algunas vendieron su casa antes incluso de saber si conseguirían una plaza. "Tengo unas 500 personas que quieren mi último sitio disponible", afirma Robyn.
"Mi meta es realmente mantener a la gente fuera de las residencias de ancianos", explicó Robyn al New York Times. "No empecé queriendo empoderar a las mujeres, fue algo que fue evolucionando. No me di cuenta de cuántas mujeres están luchando en la jubilación. Así que ahora siempre estoy pensando en formas de animarlas."
Y a quienes se lo preguntan, les da el mismo consejo: "Animo a los demás a lanzarse. Deja de ahorrar ese poco de dinero e invierte en una comunidad. No te harás rica haciendo esto, pero es un pequeño colchón agradable, y el sentido de comunidad lo es todo."
