Psicología

¿Por qué volvemos a ver una y otra vez las películas y series de nuestra juventud?

Friends, repetiendo experiencias placenteras ya vividas. Redacción Uppers
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Todo el ecosistema audiovisual contemporáneo tiende a empujar a los espectadores hacia una única dirección. Cada semana, las plataformas de streaming vuelcan decenas de horas de nuevos títulos en sus catálogos, mientras los algoritmos personalizados recomiendan sin descanso estrenos, temporadas nuevas y series que aún no has visto. Y sin embargo, un porcentaje considerable de los usuarios de estas mismas plataformas hace precisamente lo contrario. Ignora el 80 o 90% del catálogo y vuelve, otra vez, a E.T., a Regreso al futuro, a los primeros episodios de Friends, a las temporadas iniciales de Cheers, a las tardes de Verano azul... 

Es cierto que se trata de una escena que podría interpretarse como una simple falta de curiosidad o como producto del cansancio ante la avalancha de contenidos nuevos. Sin embargo, las investigaciones psicológicas y neurocientíficas de los últimos años sostienen que se trata de algo mucho más específico: una elección consciente con un valor emocional y cognitivo medible.

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El pico de reminiscencia

El marco teórico principal que la psicología ha desarrollado para explicar este fenómeno se llama pico de reminiscencia, formulado inicialmente por David Rubin y sus colaboradores en los años ochenta y confirmado desde entonces por decenas de estudios. Describe una tendencia sistemática de la memoria autobiográfica: los adultos recuerdan con mucha mayor nitidez, viveza y detalle los eventos, personas, canciones, películas y libros que descubrieron entre los diez y los treinta años que los correspondientes a cualquier otra etapa de su vida. 

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La razón para esto tiene que ver con la coincidencia biológica y biográfica que se produce durante esos años. Es el periodo en el que se termina de configurar la identidad personal, se experimentan por primera vez muchas emociones intensas, se decide qué carrera estudiar, se establecen las primeras relaciones sentimentales, se abandona el hogar familiar, se elige a los amigos que aún acompañarán tres décadas después... Todo estímulo cultural asociado a ese periodo queda anclado con una fuerza que ningún estímulo posterior consigue igualar.

Un estudio conducido en la Radford University de Virginia publicado en 2020 confirmó el fenómeno con una metodología reveladora. Los investigadores analizaron 1.911 eventos vitales narrados por 16 autores de autobiografías publicadas, con una edad media de sesenta y cinco años en el momento de la publicación. El 45,52% de esos eventos correspondían a episodios ocurridos entre los dieciocho y los treinta y dos años, y ese periodo, que representaba de media apenas el 22,77% de la vida efectiva de los autores, ocupaba el 42,52% de las páginas totales de sus libros. Es decir, que doblamos la atención narrativa que dedicamos a esos años respecto a lo que biológicamente les correspondería.

El reconsumo voluntario

La segunda pieza teórica del fenómeno la aportaron Cristel Antonia Russell y Sidney Levy, tras un estudio con veintitrés participantes. Bautizaron con el nombre de reconsumo voluntario la decisión consciente de repetir experiencias placenteras ya vividas (una película, una serie, un libro, incluso un destino turístico) en lugar de buscar experiencias nuevas. La conclusión más contraintuitiva del estudio fue que el motor principal de esa decisión no es la nostalgia por lo perdido, sino la búsqueda activa de una emoción concreta que el reconsumo garantiza entregar de forma previsible. El espectador que pone otra vez el episodio piloto de Friends sabe con precisión qué sensación va a experimentar y en qué momento exacto va a producirse. Ninguna película nueva ofrece esa garantía.

La regulación emocional del refugio conocido

La tercera capa del fenómeno pertenece a la fisiología del descanso. La psicología clínica lleva años documentando que la familiaridad audiovisual produce comodidad y reduce los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés. Cuando el cerebro no tiene que aprender nombres nuevos, ni descifrar tramas complejas, ni tolerar la incertidumbre del giro argumental inesperado, la actividad cognitiva se relaja y la vivencia se vuelve reparadora. 

Un estudio conducido por Maria Cruz Martínez-Saez y su equipo del Departamento de Psicología de la Universidad de Castilla-La Mancha, confirmó el mecanismo desde el terreno neurocientífico. Utilizando electroencefalografía, los investigadores mostraron que las canciones populares correspondientes al periodo del pico de reminiscencia activan patrones específicos de actividad cerebral asociados con la recuperación de recuerdos autobiográficos vívidos y con estados de bienestar emocional, patrones que no se producen cuando el mismo participante escucha canciones de periodos anteriores o posteriores de su vida.

El resultado agregado de las tres capas, es decir, del pico de reminiscencia como anclaje biográfico, del reconsumo voluntario como estrategia deliberada y de la regulación emocional como recompensa fisiológica, explica por qué millones de adultos españoles siguen prefiriendo, semana tras semana, sesión tras sesión, ver por décima vez una película o serie que ya conocen de memoria en lugar de aventurarse en el catálogo interminable de novedades. La historia se repite. Quien la mira, no.