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Jubilación mochilera: las mujer que visitó 86 países y se puso a hacer todo lo que siempre dijo que deseaba hacer

Kandy durante su último viaje a la India
Kandy durante su último viaje a la India. Redacción Uppers
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Se llama Cándida García Santos, aunque el mundo entero la conoce como Kandy. Nació en Íscar, un pueblo de la provincia de Valladolid, el 29 de marzo de 1935, y acaba de cumplir 91 años. Reside en Carchuna, en la costa granadina, donde ejerció durante más de dos décadas como abogada especializada en Derecho Penal y Civil después de licenciarse en apenas dos años y medio. 

Su historia tomó un giro radical a los sesenta y seis, cuando llegó la jubilación, y cambió la toga por una mochila y se puso literalmente en el camino. Veinticinco años después, con 86 países visitados a las espaldas y una comunidad de más de 118.000 seguidores en su cuenta de Instagram @abuelitamochilera, sigue haciendo exactamente lo mismo que empezó a hacer entonces. Su próxima parada está prevista para septiembre, y es Sri Lanka. Quiere ver desovar tortugas.

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La suya no es una historia de riqueza sobrevenida ni de familia acomodada. Kandy vive de su pensión de abogada, y su filosofía de gasto ha convertido el viaje mochilero en la fórmula precisamente asequible que muchos españoles descartarían por descabellada. De hecho, como ella misma ha comentado, se gasta menos viajando como mochilera que viviendo la buena vida en España. 

El secreto de su éxito está en sus normas económicas: gastar solo seis euros al día, lo que le permite vivir con dignidad en muchos países asiáticos. A esto suma una serie de costumbres autoimpuestas, como nunca superar los cinco kilos de equipaje en la mochila y no facturar jamás. Ella misma se lava su propia al final de cada jornada, sin problema por repetir vestido en las fotos. Usa el transporte público en cada destino. Come en la calle, no en restaurantes más lustrosos. Es decir, la misma logística que un mochilero de veinticinco años, pero aplicada por una mujer que en marzo cumplió noventa y uno.

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Cuando la jubilación es el principio, no el final

El origen de la aventura tiene, como cuenta la propia Kandy, un componente casi cinematográfico. Durante toda su carrera profesional había repetido a quien quisiera escucharla que cuando se jubilara daría la vuelta al mundo. Al día siguiente de dejar el bufete, lo cierto es que no sabía ni por dónde empezar. La primera pista se la dio el propio azar. Paseando por la calle, mientras se planteaba qué hacer, vio una agencia de viajes que vendía un billete para dar la vuelta al mundo. Kandy no cree en las casualidades. Fue mágico.

Desde entonces han pasado veinticinco años. Kandy ha cruzado el Estrecho de Magallanes en barco, ha caminado por decenas de rutas rurales de África, Asia y América Latina, ha visitado los cinco continentes y ha convertido su experiencia en un libro con el título Abuelita mochilera: vuelta al mundo en solitario. 

Antes viajaba como turista, resume ella. Ahora lo hace como viajera. La distinción, para Kandy, es fundamental. No le interesa correr entre monumentos ni acumular selfies. Prefiere detenerse a observar, conocer a las gentes autóctonas, dedicar tiempo pausado al descubrimiento del sitio en el que se encuentra.

De viajera solitaria a inspiración

El único cambio significativo en su modus operandi llegó cuando cumplió ochenta años. Hasta entonces viajaba estrictamente sola, porque para ella era y sigue siendo un privilegio incomparable. Se hace lo que se quiere, no se pide permiso a nadie, se disfruta cada momento. Pero su hijo empezó a preocuparse por su seguridad y le pidió que se hiciera acompañar. Kandy encontró la solución exacta gracias a una escena casual. 

Un día, caminando sola por algún lugar del mundo, unas mochileras jóvenes le comentaron que lo que darían sus madres por irse de viaje así, pero que no se atrevían. La frase le hizo saltar el clic. Desde entonces organiza expediciones con otras mujeres mayores españolas que soñaban con viajar pero nunca habían recibido el empujón para hacerlo. Con ellas cumple simultáneamente la petición de su hijo, la seguridad que su edad recomienda y el papel de referente que se ha ido ganando viaje a viaje, sin proponérselo.

Su filosofía de fondo cabe en una frase que repite a menudo sin variar, ni siquiera, las palabras que utiliza: “Cuando no puedas correr, ve caminando. Cuando no puedas caminar, usa bastón. Pero nunca te pares.” De la misma forma, también insiste en que prefiere cansarse a oxidarse. Y a ello le suma que tiene tantas cosas por hacer que no le queda tiempo para envejecer. 

Ninguna de estas frases es una de esas que se aprenden desde el sillón, sino que se basa en 25 años de viajes, un pasaporte lleno hasta los márgenes y un ritmo de vida que muchos españoles cuarenta años más jóvenes envidiarían. La próxima parada, ya reservada, es Sri Lanka. Después vendrá lo que venga, mientras el cuerpo aguante y la mochila cierre.