Salud mental

Por qué muchos hombres que empiezan terapia explican primero que no querían hacerla

En la consulta del psicólogo. Redacción Uppers
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Se trata de una escena habitual. Un hombre adulto. Tono de confesión. La buena noticia de que se encuentra mucho mejor que hace meses. Y sin embargo una frase: "Yo no quería ir al psicólogo, no creía en estas cosas, pero fui". El clásico excusatio non petita, accusatio manifesta. De hecho, este verano han coincidido en decirlo así varios futbolistas del mundial cuya carrera (y vida) mejoró un terapeuta cuando pasaban por un momento complicado. ¿Siguen los prejuicios tan arraigados como parece? ¿Por qué les cuesta tanto a algunos hombres ir a terapia?

El prejuicio bajo la excusa

Esa justificación preventiva no es un tic personal, sino más bien un residuo cultural. Durante décadas, la masculinidad hegemónica edificó su prestigio sobre una idea muy concreta: el hombre fuerte no necesita hablar, no titubea, no admite fragilidades y, desde luego, no paga a nadie para que le escuche. Bajo esa lógica, cruzar la puerta de una consulta implica una doble derrota simbólica. Por un lado, haber flaqueado y, además, estar reconociéndolo. De ahí que quien lo hace se sienta obligado a proteger la fachada con un discurso que traduce la terapia a claves aceptables: sabiduría, optimización, autoconocimiento. Cualquier cosa antes de admitir sencillamente que se encontraba mal.

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El problema es que ese preámbulo defensivo no protege nada. Lo confirma. Si acudir al psicólogo fuera equivalente a apuntarse a un gimnasio, no habría necesidad de justificarlo. Nadie se disculpa por hacer sentadillas. Ese pudor sobrevenido delata que, en el fondo, el emisor todavía asocia la terapia con la debilidad, y trata de descargarse de esa acusación imaginaria antes de que nadie la formule.

Los que no piden perdón

La paradoja es que quienes menos parecen necesitar esa coartada son los perfiles que la cultura popular sigue asociando con la testosterona operativa, es decir, los deportistas de alto rendimiento. Uno de los casos que más ruido han hecho lo protagoniza Emiliano Dibu Martínez, portero titular de la selección argentina y campeón del mundo en Qatar 2022. 

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En una entrevista con el emprendedor Santiago Bilinkis, Martínez enumeró con naturalidad los cimientos de su rutina mental: "Tengo una aplicación de meditación; no puedo dormir si no la tengo. También tengo a mi psicólogo, antes y después de los partidos". Abriéndose también a contar el momento en el que decidió empezar a construir ese hábito: "Hace seis o siete años que estoy con él, desde que me fui a España, que fue el peor año como profesional. Estaba enojado con el mundo y conmigo mismo porque no lograba lo que quería. No poder lograr lo que quería, que era poder jugar al fútbol, era la muerte para mí".

El ‘Dibu’ jugó en España en el año 2017, en el Getafe, y apenas pudo disputar siete encuentros en toda la temporada.

El método Scaloni y la nueva plantilla afectiva

La misma naturalidad para hablar de este tema la tiene el cuerpo técnico de la selección argentina. En una conversación con La Nación a propósito del documental 'El método Scaloni', el psicólogo social Fabián Jalife hablaba así del seleccionador: "Es un hombre profundamente sensible. Llora, se conmueve, expresa emociones. Eso no lo vuelve más débil; al contrario, lo vuelve más humano y cercano". Añadió además que el trabajo emocional no es un adorno para mejorar el rendimiento, sino su condición previa. Si el jugador está bien, compite. Si no, se rompe. 

En paralelo, Juan Manuel Brindisi, psicólogo de la selección argentina, ha explicado que el estilo del entrenador "tiene el liderazgo que esta generación necesita" y que el trabajo humano y psicológico se ha convertido en un pilar del ciclo. Ni excusa, ni evasiva. Descripción técnica. Aun así, en una entrevista reciente, Scaloni volvió a caer en la excusatio non petita de la que hablábamos al principio, tras admitir que lleva un año y medio yendo al psicólogo: “Viste, de hace seis, siete años digo no voy”. Algo similar ocurre con los Leandro Paredes, que admite ir al psicólogo para después justificarse, en una reciente entrevista. 

Ferran Torres: caída y un retorno más fuerte

El héroe de la última final del Mundial ha recorrido ese mismo camino. En una entrevista Ferran Torres desmontaba el mito estoico con una precisión clínica: "Nadie confiaba en mí, todo el mundo me criticaba. Yo pensaba que no me afectaba, pero al final sí, porque somos personas y aunque leas cien comentarios buenos, te quedas con el malo". 

Y describía el punto de inflexión sin medias tintas: "Llegó un momento en el que no tenía ni ilusión de jugar al fútbol, perdí las ganas de entrenar, hasta que empecé con un profesional de la salud mental". Hoy, ya reconstruido junto a su psicólogo José Ángel Caperán, asume que esto es parte integral de su vida: "Voy a terapia una vez por semana, a veces dos. Es fundamental en mi vida". 

El mejor ejemplo de que funciona lo hemos visto durante el reciente Mundial 2026, en el que Ferrán ha sufrido durísimas críticas y ha tenido que recomponerse, partido tras partido, hasta llegar a convertirse en el gran héroe inmortal de la final, en la que marcó el gol definitivo ante Argentina.