Cómo poner en práctica el método PTQ para triunfar en una entrevista de trabajo
El método PTQ ayuda a afrontar una entrevista de trabajo con más seguridad a través de tres pasos muy sencillos
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MadridPreparar una entrevista de trabajo suele generar ilusión, pero también nervios y presión. Por un lado, está la oportunidad: un puesto que interesa, una empresa que encaja, una mejora profesional o la posibilidad de cambiar de etapa. Sin embargo, aparece la sensación de examen: qué decir, cómo presentarse, cómo responder a preguntas complejas, cuándo hablar de salario y cómo cerrar la conversación sin parecer inseguro o demasiado insistente.
Debido a esto, han comenzado a popularizarse métodos sencillos que ayudan a ordenar el discurso y evitar quedarse en blanco. Uno de ellos es el método PTQ, un acrónimo que viene del inglés positive, truth, question (positivo, verdad y pregunta). La idea es sencilla: empezar con actitud positiva, responder con sinceridad y cerrar con preguntas inteligentes. Tres pasos sencillos de recordar que pueden ayudar a transmitir seguridad, claridad e interés real.
La clave está en entenderlo bien. Este método no es una fórmula mágica ni tampoco garantiza conseguir un empleo. Tampoco sustituye a investigar la empresa, preparar ejemplos concretos o practicar respuestas. Pero sí que puede servir como una brújula comunicativa.
Qué significa el método PTQ
PTQ resume tres ideas básicas. La P viene de ‘positive’, es decir, positivo. No significa fingir entusiasmo ni sonreír todo el tiempo, sino empezar la conversación desde un tono constructivo. La T viene de ‘truth’ (verdad). Implica ser sincero sobre experiencia, expectativas, disponibilidad, salario, nivel de idiomas o límites reales. Y la Q viene ‘question’ (pregunta). Recuerda que una entrevista no es un interrogatorio unilateral, también es el momento de comprobar si ese puesto encaja contigo.
En relación a una entrevista de trabajo, sería primero comunicar interés, después responder con honestidad y por último, hacer preguntas que demuestren preparación y criterio.
La P de positivo
La primera parte del método consiste en mostrar una actitud positiva desde el principio. Esto no tiene que ver con adular a la empresa ni con exagerar el entusiasmo, sino con explicar de forma natural qué hay interés del puesto, del proyecto o de la organización.
La positividad también se nota en cómo se habla de trabajos anteriores. Hay que recordar que una entrevista no es el lugar para desahogarse contra antiguos jefes, compañeros o empresas. Aunque la experiencia previa haya sido mala, conviene formularla siempre con madurez. La diferencia no está en ocultar la verdad, sino en expresarla con profesionalidad. Tampoco quiere decir que haya que aceptar todo. Se puede mostrar interés, y a la vez, hacer preguntas o expresar dudas.
La T de verdad
La segunda parte del método es la verdad. En una entrevista, la tentación de adornar puede ser fuerte. Subir el nivel de inglés, exagerar responsabilidades, ocultar lagunas, aceptar una disponibilidad que no se tiene o evitar hablar de expectativas salariales por miedo de perder la oportunidad. Pero, no ser sincero suele crear problemas a la larga.
No quiere decir que haya que contar todos los detalles personales o responder sin pensar. Se refiere a no construir una versión falsa de uno mismo. Si el nivel de inglés es intermedio, no hay que presentarlo como avanzado. Si no se domina una herramienta, es mejor decir que se tiene disposición para aprender, y si el salario es más bajo de lo esperado, puede expresarse con educación.
La sinceridad bien formulada transmite confianza. El problema no suele estar en reconocer un límite, sino en hacerlo de manera insegura o defensiva. No es lo mismo decir “no sé hacer eso” que “no he trabajado todavía con esa herramienta, pero sí con sistemas parecidos y puedo adaptarme rápido”.
Antes de la entrevista, conviene tener claras algunas cosas: salario deseado, tipo de jornada, disponibilidad horaria, posibilidad de teletrabajo, distancia asumible, viajes, responsabilidades, tipo de contrato y margen de negociación.
La Q de pregunta
La tercera parte de este método es la más olvidada: preguntar. Muchas personas llegan al final de la entrevista y, cuando escuchan “¿tienes alguna pregunta?”, siempre responden que no. Puede parecer correcto, pero también puede ser interpretado como una falta de curiosidad o poca preparación.
Preguntar demuestra interés. También ayuda a obtener información que no aparece en la oferta: cómo va a ser el día a día, qué espera la empresa durante los primeros meses, qué retos tiene el equipo, por qué se ha abierto la vacante o cuál es el siguiente paso del proceso.
La entrevista no solo sirve para que la empresa decida si quiere contratar a un empleado. El empleado también tiene que decidir si quiere trabajar allí. En vez de acudir como alguien que suplica una oportunidad, hay que presentarse como una persona que valora si hay encaje mutuo.
Evidentemente, no todas las preguntas tienen el mismo efecto: las ideales son concretas, abiertas y conectadas con el puesto. Lo importante es no hacer preguntas que ya estaban claramente respondidas en la oferta o en la web de la empresa. Preguntar bien exige haber hecho una investigación previa.