De faro en faro: rutas para hacer en autocaravana y disfrutar del silencio
Tres regiones distintas, patrimonio marítimo consolidado y una red de áreas específicas de pernocta para autocaravanas y furgonetas camper
Los siete faros españoles convertidos en hotel donde puedes pasar la noche
Septiembre es probablemente el mejor mes del año para recorrer las costas atlánticas españolas en autocaravana. Los aparcamientos junto a los grandes miradores costeros, llenos a más no poder durante los meses de julio y agosto por la marea del turismo masivo, empiezan a vaciarse a mediados de mes. A esto hay que añadir que las temperaturas atlánticas se moderan sin llegar todavía al frío otoñal, los días conservan luz suficiente hasta pasadas las nueve de la noche y el ritmo del propio litoral cambia: las cofradías vuelven a la faena, los pueblos costeros recuperan la calma habitual y los propietarios de hoteles boutique instalados en antiguos faros pasan de la sobreventa veraniega a ofrecer estancias con margen y trato personal.
Para aquellos viajeros que disfrutan de un calendario más flexible, como sería el caso de jubilados recientes, prejubilados, padres de hijos ya emancipados con capacidad para desplazamientos largos entre semana, este escenario es prácticamente ideal. La ruta que la plataforma europea de alquiler Yescapa ha diseñado siguiendo los faros más impresionantes de la costa atlántica española combina tres regiones distintas, patrimonio marítimo consolidado y una red de áreas específicas de pernocta para autocaravanas y furgonetas camper.
El Fin de la Tierra en su versión más simbólica
El primer tramo se despliega por la Costa da Morte gallega, en la provincia de A Coruña. El Faro de Lariño, en el municipio de Carnota, se levanta sobre Punta Insua desde 1921 gracias al diseño del ingeniero Salvador López Miño. Su edificio en forma de U y su torre de catorce metros de altura sirvieron durante décadas como residencia de fareros. Desde 2021 funciona como hotel con nueve habitaciones tematizadas que evocan los distintos estados del mar, con una taberna gastronómica, El Ariete, cuya denominación honra un naufragio histórico, y que trabaja el producto gallego de temporada. El entorno permite combinar la ruta con la propia playa de Carnota, el monte Pindo, la cascada del Ézaro y el famoso hórreo de Carnota.
Más al oeste, el Cabo de Finisterre concentra probablemente la mayor carga simbólica del recorrido: el Finis Terrae romano, punto final del Camino de Santiago en su variante a Fisterra y Muxía. Junto al icónico faro construido en 1853, cuya luz alcanza hasta 65 kilómetros de longitud, se encuentra el Hotel O Semáforo, instalado en el edificio de señales marítimas construido en 1888, conocido popularmente como "a vaca de Fisterra" por el sonido característico de su sirena. Reformado en 2016, ofrece hoy entre cinco y siete habitaciones exclusivas con precios que oscilan entre los 50 euros de la individual en temporada baja y los 230 de las dobles más completas en agosto. Junto al faro existe un aparcamiento específico donde se permite la pernocta, aunque conviene llegar temprano especialmente en las semanas de mayor afluencia por la puesta de sol.
La escalera del Cantábrico
El segundo tramo asciende al Cantábrico. Cudillero, el pueblo de casas de colores que se descuelgan hacia el puerto, mantiene su faro activo desde hace más de 165 años sobre una roca. Rehabilitado entre 2023 y 2024, ofrece hoy dos suites exclusivas con terraza, jacuzzi, chimenea y vistas al mar y al puerto. La zona da acceso a la playa del Silencio y al conjunto de la costa occidental asturiana.
Esta ruta puede ampliarse hacia el oeste con el Faro de Cabo Busto, que ofrece paseo de acantilados y miradores con agua turquesa, y con el Faro de Cabo Vidio de 1950, situado sobre un cantil de aproximadamente noventa metros que se considera una de las vistas más impresionantes del Cantábrico. Tapia de Casariego cuenta además con un área específica para autocaravanas que cuenta con veinte plazas a cuatro euros por pernocta con estancia máxima autorizada de 48 horas y servicio de cambio de aguas, situada al lado de la playa Anguileiro y a apenas quinientos metros del centro urbano. La recomendación es aprovechar precisamente los primeros días del otoño para la visita por la combinación de días todavía largos y una afluencia menor en los aparcamientos.
La Costa de la Luz frente a Portugal
El tercer tramo cierra la ruta en el extremo occidental de la Costa de la Luz. El Faro del Cantil, en Isla Cristina, se recorta con su silueta blanca sobre la playa del mismo nombre. Aunque no funciona como alojamiento, sirve de punto de partida idóneo para recorrer las marismas de Isla Cristina, degustar la gamba blanca en la lonja y explorar la frontera del río Guadiana hasta Ayamonte, con vistas directas a la vecina Vila Real de Santo António portuguesa.
En El Rompido, enclave costero del municipio de Cartaya, conviven dos faros testigos históricos de la navegación regional. Desde la colina donde se asientan, las vistas abarcan una lengua de arena que se adentra en el mar, y está considerada como una de las playas más espectaculares de Andalucía. Con una furgoneta camper se puede pernoctar bajo el propio faro en un aparcamiento específicamente habilitado en el Puerto de El Rompido.
Más al este, el Faro del Picacho se alza desde 1902 sobre Mazagón, a medio camino entre Huelva capital y el Parque Nacional de Doñana. Su base ofrece una panorámica donde el azul del Atlántico se funde con el verde de los pinares que bordean el propio Doñana. Muy cerca, el Faro de la Higuera completa el paisaje de este último tramo, con acceso directo a los acantilados del Asperillo, las dunas móviles del parque nacional y el histórico Monasterio de La Rábida.
Lo que todo viajero debe saber
Tres consejos completan el planteamiento de este singular recorrido. El primero es confirmar siempre las zonas habilitadas para autocaravanas en cada punto concreto de la ruta, ya que no todos los rincones permiten la pernocta y la normativa varía sensiblemente según el municipio. El segundo es evitar los días de viento muy fuerte en los tramos de acantilados gallegos, especialmente en la Costa da Morte, donde el Atlántico manda con particular contundencia. Finalmente, el último consejo es no perder, bajo ningún concepto el marisco y el producto de temporada de cada tramo: gamba blanca en Isla Cristina, percebe en A Coruña, oricios y calamares en Asturias.
La combinación de silencio, luz atlántica moderada y un calendario que nos permite huir de las multitudes convierte septiembre en el mes en el que estos faros, que originalmente fueron construidos para orientar en la niebla, cumplen su segunda vocación mejor que en cualquier otro momento del año.
