¿Estamos dejando de besarnos?

Un cambio de paradigma en las generaciones jóvenes que no solo afecta a los besos, sino también a las relaciones íntimas
Día del beso: los beneficios para la salud que se pierden las parejas que ya no se besan en la boca
Más de un tercio de los adultos británicos se besa románticamente con menos frecuencia que hace cinco años. Casi uno de cada cinco no ha recibido un beso en el último año. Y un 27% cree que besar se está volviendo cada vez menos habitual. Los datos proceden de una reciente encuesta de YouGov encargada por la marca de higiene bucal Waken, y han disparado las alarmas sobre lo que ya se ha dado en llamar la "recesión de los besos". La caída afecta particularmente a la Generación Z y encaja como una pieza más dentro de una tendencia más amplia de descenso de las relaciones íntimas entre los adultos jóvenes de todos los países desarrollados durante la última década.
Los datos del estudio británico
La encuesta identifica la timidez como factor determinante del descenso entre los jóvenes de 18 a 24 años. Un tercio de ellos afirma haber evitado un beso concreto por falta de confianza. La preocupación gira alrededor de dos ejes: elegir el "momento adecuado" para el gesto, y el miedo a "si se les dará mal".
De este modo, los besos apasionados y prolongados que definieron el cine romántico del siglo XX, desde Casablanca hasta Titanic, pasando por Ghost, Dirty Dancing o Diario de Noah, han cedido protagonismo en la cultura pop actual. Un estudio de 2022 concluyó que los besos aparecen "significativamente menos" en las producciones de cine para adultos que en las experiencias reales de los adultos estadounidenses. Y las propias comedias románticas suelen dar hoy más peso al sexo que al "beso apasionado en el sofá" que lo precede.
El movimiento #MeToo aparece también en el análisis como otro factor explicativo. La mayor conciencia sobre el consentimiento, un cambio valorado positivamente, ha añadido en paralelo una capa de complejidad al momento previo al beso que muchos jóvenes gestionan con incomodidad. La duda sobre si el otro consiente, sobre si el momento es el correcto, sobre si el gesto puede interpretarse como imposición o como daño ha instalado en la Generación Z una prudencia que sus padres y abuelos raramente tuvieron ante situaciones equivalentes.

Una tendencia global más amplia
La recesión de los besos coincide temporalmente con la llamada "recesión sexual". En Estados Unidos, el porcentaje de personas de 18 a 29 años que no mantuvieron relaciones sexuales en el último año pasó del 12% en 2010 al 24% en 2024. En el Reino Unido, Australia, Alemania y particularmente Japón, la tendencia se repite con matices específicos en cada país. La Encuesta Nacional sobre el Crecimiento de las Familias estadounidense identifica un cambio significativo: en 2013-2015, el 9% de los hombres y el 8% de las mujeres afirmaban no haber tenido sexo en el último año, mientras que en 2022-2023, estas cifras alcanzaron el 24% en hombres y el 13% en mujeres.
Los expertos señalan varios factores convergentes. La digitalización de las relaciones a través de aplicaciones de citas, que paradójicamente no aumentó la frecuencia real de encuentros, el impacto de las redes sociales en la autopercepción corporal, la mayor sobriedad de la Generación Z, y factores económicos como el desempleo juvenil y la dificultad de acceder a vivienda independiente que retrasa la propia emancipación. Kaye Wellings, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, resume el fenómeno con una fórmula clara: "A los jóvenes se les ha etiquetado como la Generación Sensata porque beben menos, usan menos drogas y tienen menos sexo."
Lo que se pierde con la desaparición del beso
Para los especialistas en salud, la caída del beso no es solo un cambio cultural anecdótico. El beso libera oxitocina, dopamina, serotonina y endorfinas, con efectos sobre la reducción del cortisol y el estrés, la mejora del estado de ánimo y el refuerzo del vínculo con la pareja. El intercambio de bacterias entre dos organismos que se besan fortalece el sistema inmunitario de ambos, según distintos estudios sobre microbioma oral. Y la propia práctica del beso mantiene activa la musculatura facial y aporta una experiencia de intimidad física que ninguna interacción digital puede sustituir.
La recesión de los besos plantea por tanto una paradoja generacional. Los jóvenes que crecieron con acceso ilimitado a contenido audiovisual explícito y con manuales digitales sobre cualquier técnica sexual disponible parecen tener menos habilidad y menos confianza para acercarse a otra boca. Los adultos maduros que vivieron su juventud en las décadas doradas del beso romántico asisten sorprendidos a la retirada progresiva de un gesto que consideraban universal, elemental y prácticamente indispensable. Como pregunta el propio reportaje británico: ¿estamos ante la muerte del beso?

