De jubilados a becarios de arqueología: cómo participar en excavaciones reales a los 60

No se exige titulación previa, ni prueba de acceso, ni límite superior de edad
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Un sueño recurrente en muchos niños y niñas de la generación del Baby-boom ha sido convertirse en arqueólogos. Luego llegó la saga de Indiana Jones, que no fue un éxito de taquilla por casualidad. Ahora, cuando por fin comienzan las jubilaciones y uno puede dedicar tiempo a lo que desea, comienzan a surgir proyectos en los que los mayores de 60 pueden participar.
De hecho, un grupo de jubilados malagueños está clasificando estos días fragmentos cerámicos de casi tres mil años de antigüedad en el laboratorio de Arqueología de la Universidad de Málaga. Son alumnos del curso sobre la Málaga fenicia del Aula de Mayores de la UMA que decidieron ampliar la experiencia académica más allá del aula convencional y solicitaron incorporarse como voluntarios al equipo de investigación del Cerro del Villar, el yacimiento fenicio situado en la desembocadura del río Guadalhorce y considerado uno de los asentamientos arcaicos mejor conservados del Mediterráneo occidental.

Qué hacen exactamente en el yacimiento
Los voluntarios sénior no manejan pico ni pala en primera línea de excavación, ya que las tareas físicamente más exigentes las asumen los profesionales y los estudiantes jóvenes, pero cubren funciones esenciales del propio proceso arqueológico que muchas veces son invisibles al público general, como el lavado meticuloso de fragmentos cerámicos recién extraídos del suelo, la clasificación por tipologías siguiendo criterios técnicos precisos, la numeración de piezas, el registro documental de cada hallazgo o el ordenamiento de material que después será estudiado por los especialistas y depositado en el Museo de Málaga.

Se trata del trabajo silencioso y sistemático que sostiene toda investigación arqueológica seria, y para el que la combinación de rigor, paciencia y disponibilidad horaria que aportan los jubilados resulta particularmente valiosa.
El yacimiento sobre el que trabajan tiene un valor histórico difícil de exagerar. Fundado en el siglo IX o VIII a.C. sobre un islote de la desembocadura del Guadalhorce, el Cerro del Villar fue una de las primeras ciudades fenicias del extremo occidental del Mediterráneo y actualmente es el único proyecto sistemático en España centrado en aquel primer momento de expansión colonial fenicia por la Península Ibérica.

Los objetivos concretos de esta campaña incluyen documentar los niveles fundacionales del asentamiento, que se remontan a la segunda mitad del siglo VIII a.C., y avanzar en la excavación de un edificio de más de veinte metros de longitud fechado en el siglo VII a.C., posiblemente de carácter público, cuyo estudio permitirá comprender mejor la organización urbana de la Málaga fenicia.
Otros programas en España
El caso malagueño no es único. Varios yacimientos españoles han abierto sus puertas de forma sostenida al voluntariado sin límite de edad, y los perfiles maduros son cada vez más frecuentes entre los participantes.
La Zona Arqueológica de Pintia, en la provincia de Valladolid, una ciudad vaccea con más de dos mil años de historia, mantiene un programa de voluntariado permanente que se reúne al menos un sábado al mes durante todo el año y que colabora activamente con los arqueólogos en la preparación de la campaña anual de excavación. La formulación oficial del propio proyecto es explícita: no importa la edad ni la profesión, todos los conocimientos y habilidades son necesarios.

El campo urbano de voluntariado de Marroquíes Bajos, en Jaén, ofrece cada verano cuarenta plazas repartidas en dos turnos con presencia habitual de "voluntarios de todas las edades, desde los veinte años que acaban de iniciar el grado hasta jubilados interesados por este mundo", según la formulación de la propia concejala responsable del programa. El yacimiento de Cástulo, también en Jaén, mantiene un programa estable de voluntariado arqueológico coordinado por la Universidad de Jaén.
El Parque Arqueológico del Puig de Sa Morisca, en Calvià (Mallorca), abre sus excavaciones al público durante tres semanas cada primavera con acceso libre a personas interesadas independientemente de formación previa. Y la asociación OPPIDA gestiona programas de voluntariado en los yacimientos romanos de Laminium y Puente de la Olmilla (Ciudad Real), con más de medio millar de participantes desde 2015 y trabajo en laboratorio como parte esencial del propio programa.
Cómo empezar sin experiencia previa
La vía más habitual para el jubilado interesado es la matrícula previa en el Aula de Mayores o Aula Permanente de Formación Abierta de la universidad pública más cercana al propio domicilio. Estos programas, presentes en la práctica totalidad de universidades españolas y dirigidos a personas mayores de 50 años sin más requisito que la propia edad, ofrecen cursos específicos de historia antigua, arqueología o patrimonio, y a menudo abren después la puerta a la participación directa en campañas de campo o de laboratorio a través de los propios profesores investigadores.
La segunda vía es solicitar directamente al ayuntamiento, museo o entidad gestora del yacimiento cercano la incorporación como voluntario cultural, procedimiento que casi todos los proyectos activos tienen formalizado con normativa propia sobre derechos, deberes y certificados de participación. La tercera es acudir a asociaciones civiles como OPPIDA o similares, que gestionan programas específicos con calendario estable y logística resuelta.
Ninguna de las tres vías exige titulación previa, ni prueba de acceso, ni límite superior de edad. Sí requieren tiempo disponible, ganas y una capacidad de trabajo minucioso que muchos jubilados descubren como una faceta insospechada de su propia jubilación.

