Jubilación

Claudina Kutnowsky, experta en reinvenciones laborales: “Hay que pensar que queremos hacer muchos años antes de jubilarnos"

Claudina Kutnowsky. IG
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Durante décadas, la jubilación se ha entendido como una suerte de frontera. A un lado, la vida productiva, por el otro lado, una especie de después nebuloso, lleno de tiempo libre, sí, pero también de silencio, pérdida de identidad y preguntas que demasiadas veces llegaban tarde. Claudina Kutnowsky, psicóloga y especialista en reinvenciones laborales, propone mirar ese umbral de otra manera. No como un corte, sino como una transición que conviene pensar mucho antes de que llegue. Su frase más contundente resume el cambio de mentalidad que plantea: “Nunca se termina”.

La idea no cae en el vacío. En España, según el INE, una persona que llega a los 65 años tiene una esperanza de vida media adicional de 21,87 años, aunque depende del género. Es de 19,87 en el caso de los hombres y 23,64 en el de las mujeres. Es decir, la jubilación ya no puede entenderse únicamente como el epílogo de la biografía laboral. Puede ocupar dos décadas y, a veces, más. Y si ese tiempo se improvisa, advierte Kutnowsky en una conversación con Clarín, el riesgo no es solo económico, sino emocional.

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La jubilación no empieza el día que se cobra la pensión

Su recomendación es clara y pasa por no esperar a que el trámite administrativo marque el inicio de la reflexión. “Me contacta gente por ese motivo, y sorprendentemente, no lo hace cuando se les viene el tema encima, sino antes”, explica. Habla incluso de personas que empiezan a pensarlo “5 años antes”, con calma, sin urgencias, “sin volverse locos”. La expresión importa, porque desactiva dos extremos habituales, el de negar la llegada de la jubilación y el de convertirla en un proyecto angustioso de reinvención total.

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En 2026, la edad ordinaria de jubilación es de 65 años para quienes acrediten 38 años y 3 meses o más cotizados, y de 66 años y 10 meses para quienes no lleguen a ese periodo. Pero Kutnowsky no habla solo de edades legales. Habla de deseo, identidad, dinero, dependencia y pertenencia. Habla de esa pregunta incómoda que aparece cuando alguien deja de responder, cada mañana, al calendario de otro: ¿qué quiero que me empiece a pasar ahora?

La psicóloga propone desplazar el imaginario de la jubilación como “punto tenebroso” y pensarlo como un margen de posibilidad. No porque todo sea fácil ni porque cualquiera pueda montar un negocio rentable con una afición, sino porque hay una vida laboral acumulada que puede reorganizarse. Y es que, es importante saber reorganizar la propia trayectoria, sostener el deseo y diseñar posibles cambios para no depender de “volantazos”.

Cuando el cambio no significa lanzarse al vacío

Esa diferencia entre impulso y diseño atraviesa toda la propuesta de la psicóloga. Kutnowsky cuenta el caso de una mujer que había trabajado como administrativa en una obra social y que, al pensar qué hacer tras jubilarse, conectó su experiencia previa con su amor por los animales, su voluntariado en refugios y su conocimiento sobre alimentación y legislación. No abrió sola un bar vegano, porque no tenía dinero ni empuje para hacerlo, pero se sumó al proyecto de otra persona y aportó su propia impronta. La reinvención, en ese ejemplo, no fue fruto de una fantasía individualista, sino que cristalizó en asociación, lectura de recursos y combinación.

También por eso la experta rechaza el cliché de la vocación tardía como revelación universal. “El tema de la vocación es algo para un porcentaje chico de la población”, afirma. A la mayoría, dice, nos gustan muchas cosas. La profesión no equivale siempre a una llamada interior. A veces basta con encontrar una actividad sostenible, una forma de participar, un uso inteligente de la experiencia.

El contexto laboral refuerza esa necesidad de anticipación. La OCDE señala que España afronta un doble desafío con el envejecimiento rápido y baja tasa de empleo entre trabajadores mayores. Además, muchos trabajadores de más edad salen del mercado antes de la edad legal por factores como salud, obsolescencia de habilidades, falta de flexibilidad y baja demanda empresarial. Es cierto que la participación laboral de las personas de 55 a 64 años ha crecido en la UE, pero la contratación de trabajadores mayores sigue siendo baja y puede verse afectada por estereotipos de edad.

Kutnowsky aterriza todo esto en una frase menos solemne y más útil: “Por eso hablo del diseño”. Diseñar no significa garantizar que todo saldrá bien. Significa probar, revisar, ajustar, calcular, acompañarse. Incluso fracasar de una manera que no arrase con la autoestima. Porque el problema, insiste, no es cambiar y equivocarse. El problema es llegar al final de la vida laboral creyendo que ya no hay nada que preguntar.

La jubilación, vista así, no empieza el día en que se cobra la pensión. Empieza bastante antes, cuando alguien se atreve a imaginar qué hará con su tiempo, con su experiencia y con sus ganas. Y ahí está la tesis más poderosa de Kutnowsky: no se trata de trabajar eternamente, sino de no clausurarse antes de tiempo.