Estado de salud

La mayoría de los infartos ocurren entre las 6 y las 12 de la mañana: lo que haces en los primeros 10 minutos del día lo cambia todo

Sufriendo un infarto. Telecinco.es
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El corazón tiene horarios, como ha demostrado la ciencia, que lleva cuatro décadas comprobando que durante las mañanas se concentra la mayoría de los ataques cardíacos. Sin embargo, también es cierto que podemos actuar para reducir esa posibilidad de una forma relativamente sencilla.

Imaginemos una situación: suena el despertador, la casa todavía está a oscuras y, entre la ducha y el primer café, el cuerpo pisa el acelerador. Durante la noche la tensión baja, pero ahora el organismo intenta ponerse en marcha a toda prisa. Es precisamente durante ese tránsito del sueño a la vigilia donde encontramos la franja en la que más infartos se registran.

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Un reloj biológico que favorece la mañana

En 1985, un equipo estadounidense analizó la hora de inicio del dolor en 2.999 pacientes ingresados por infarto. Detectó un marcado ritmo circadiano, con un pico entre las 6 de la mañana y el mediodía. En 703 de los casos se pudo fechar el comienzo con un marcador en sangre y se confirmó que, en el momento de máxima frecuencia, hacia las 9, los infartos se triplicaban respecto al punto más bajo, hacia las 11 de la noche. Ese ritmo, curiosamente, no apareció en quienes ya tomaban betabloqueantes antes del infarto.

España ha confirmado el patrón con muchos más casos. Un análisis del registro ARIAM, publicado en la Revista Española de Cardiología y basado en 54.249 pacientes atendidos entre 1994 y 2003, situó el pico de inicio de los síntomas a las 10:07 y el valle a las 4:46 de la madrugada.

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La mañana no solo acumula más casos, sino que también suelen tener mayor gravedad. Un trabajo reciente revisó más de 800 infartos ingresados entre 2003 y 2009. Descubrió que el área infartada resultaba mayor de forma significativa cuando el ataque se producía entre las 6 y las 12.

Cinco gestos matinales que cuidan el corazón

  • Despertarse sin sobresaltos: En la Universidad de Virginia, 32 personas durmieron dos noches monitorizadas. En la primera de ellas se despertaron de forma natural, mientras que en la segunda, lo hicieron con una alarma tras solo cinco horas de sueño. Con la alarma, la subida matinal de la tensión fue un 74% mayor. Eso sí, la diferencia fue de 2,38 mmHgm, que no es demasiado. Es importante, por tanto, levantarse con calma.
  • Medirse la tensión antes del café: Quien controla su tensión en casa debería hacerlo antes de la medicación y del desayuno. Para ello se debe reposar cinco minutos sentado, con el manguito puesto. Después, hacer dos medidas, separadas por uno o dos minutos. Además, también se recomienda evitar café, tabaco, comida y ejercicio en la media hora previa.
  • No saltarse la pastilla: El ensayo británico TIME siguió durante cinco años a 21.104 hipertensos para saber si convenía tomar la medicación por la mañana o por la noche. La muerte vascular, el infarto o el ictus afectaron al 3,4% del grupo nocturno y al 3,7% del matinal, sin diferencias significativas. Cada paciente puede elegir el momento, siempre que no se lo salte. El estudio de 1985 ya observó que el pico matinal desaparecía en quienes tomaban betabloqueantes. Es importante no modificar ni abandonar el tratamiento sin consultar al médico.
  • Sentarse a desayunar: En el estudio PESA del CNIC, que sigue a más de 4.000 personas de mediana edad, el 3% desayunaba muy poco o nada. Ese grupo mostraba hasta 1,5 veces más placas de ateroma y una afectación arterial hasta 2,5 veces mayor. En Estados Unidos, un trabajo de 2019 siguió durante 18 años a 6.550 adultos de 40 a 75 años. Quienes nunca desayunaban tenían un 87% más de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular.
  • Si el pecho aprieta más de diez minutos, al 112: Ninguna rutina sustituye a reaccionar a tiempo. La Sociedad Española de Cardiología recomienda llamar a emergencias cuando un dolor torácico opresivo supera los diez minutos. La Fundación Española del Corazón añade tres pautas: mantener la calma, no quedarse solo hasta que lleguen los sanitarios y no conducir bajo ninguna circunstancia.

Ninguno de estos gestos detiene el reloj biológico que acelera el corazón al amanecer, ni convierte la mañana en una franja sin riesgo. Lo que sí permiten es llegar a esas horas con la tensión vigilada, el tratamiento en su sitio y algo en el estómago, y reconocer a tiempo un dolor que no debe esperar. En un país donde se produce un infarto aproximadamente cada ocho minutos, esa diferencia entre un despertar cualquiera y uno atento puede contar más de lo que parece.