Carmen, la hija de Tita Thyssen, da un paso al frente: “Cada generación debe poder aportar algo propio”
A sus 20 años, estudia Derecho y se ve al frente del legado artístico familiar en un momento delicado, mientras su madre se recupera de la neumonía que la tuvo ingresada en primavera
Tita llevó por fin su maravillosa colección al Thyssen: la intrahistoria de un acuerdo que ha tardado 10 años
Hubo una subasta, y en ella un comentario de la baronesa que su hija no ha olvidado. Carmen Thyssen-Bornemisza Cervera recuerda el día en que su madre la felicitó por su buen ojo. Fue entonces cuando entendió cuánto había aprendido a su lado, casi sin darse cuenta. Aquella niña que se escondía en el armario materno para probarse sus zapatos ha cumplido 20 años, estudia Derecho y protagoniza la portada de noviembre de Harper’s Bazaar. En sus primeras declaraciones de calado deja clara una intención: algún día quiere asumir responsabilidades sobre la colección que lleva su apellido.
“Es una responsabilidad que me gustaría asumir en el futuro”, reconoce. Su manera de entender esa herencia no pasa por la simple custodia. “Recibes algo sabiendo que, en realidad, no te pertenece únicamente a ti”, explica. Y añade la frase que resume su declaración de intenciones: “Cada generación debe poder aportar algo propio y dejar también su huella”.
Nacida en Los Ángeles y criada entre lienzos
Carmen y su hermana gemela, Sabina, nacieron en Los Ángeles por gestación subrogada. Sus nombres completos son María del Carmen y Guadalupe Sabina. Son las hijas menores de Carmen Cervera, Tita para el gran público, nacida en Sitges el 23 de abril de 1943 y coronada Miss España en 1961. La vida sentimental de la baronesa explica buena parte del árbol familiar. En 1965 se casó en Ginebra con el actor Lex Barker, el Tarzán del cine, que murió en 1973. Después llegó un matrimonio con el productor Espartaco Santoni, que ella misma descubrió no válido al intentar divorciarse. En 1985 se casó con el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, que murió en 2002.
El primogénito de la familia es Borja Thyssen, nacido en 1980 de la relación de Tita con Manolo Segura. El barón lo reconoció como hijo y le dio sus apellidos. Borja está casado desde 2007 con Blanca Cuesta, con quien tiene cinco hijos: Sacha, Eric, Enzo, Kala e India. Las gemelas son, por tanto, tías de una generación que ya se acerca a la adolescencia, y herederas simbólicas de un apellido cuya historia artística arranca mucho antes de su nacimiento.
Un apellido convertido en museo
Ese apellido es hoy, sobre todo, una colección. El Estado español compró en 1993 los 775 cuadros de la colección Thyssen-Bornemisza, expuestos en el Palacio de Villahermosa de Madrid. A ese fondo se suma la colección privada de la baronesa, cuyo alquiler pactó con el Ministerio de Cultura en febrero de 2022: 15 años a cambio de 6,5 millones de euros anuales. La pieza central de aquella negociación fue Mata Mua, de Gauguin. “Mi ilusión era que las dos colecciones permanecieran unidas”, dijo entonces la baronesa. Su red de museos incluye además el Museo Carmen Thyssen de Málaga, abierto en 2011, y el Espai Carmen Thyssen de Sant Feliu de Guíxols, inaugurado en julio de 2025. Carmen hija asistió a su apertura.
La joven no esconde el peso de ese nombre. “Me han enseñado a llevarlo con orgullo, pero también con responsabilidad y respeto”, admite. Tampoco quiere que la defina por completo: “Lo importante es valorar esa historia sin sentirme condicionada por ella y encontrar mi propia manera de darle continuidad”. De su madre admira la firmeza, la capacidad de superación y, sobre todo, que le haya enseñado a defender su propio criterio. Sobre el lujo, lo tiene claro: “El tiempo, sin duda”. Para ella, el privilegio es despertarse sin prisa, disfrutar de los suyos y proteger algunos momentos de la exposición pública.
Un paso al frente en un año difícil
Su irrupción llega en un año complicado para la familia. El 6 de mayo, Tita Cervera fue trasladada de urgencia a la clínica Teknon de Barcelona por una neumonía y pasó allí cerca de dos semanas. Sus tres hijos se reunieron a su lado, algo que no ocurría desde hacía casi ocho años. Tras el alta, la baronesa salió al paso de las informaciones sobre su estado: “Nada de lo que dicen es cierto”, aseguró, antes de precisar que seguía “con la recuperación de la neumonía”. En junio, Evelio Acevedo, director gerente del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, confirmó que “se está recuperando”, aunque matizó: “Necesita tiempo y necesita descanso”.
La baronesa pasó el verano en su casa de Sant Feliu de Guíxols, alejada de compromisos públicos, y las gemelas celebraron allí con ella su vigésimo cumpleaños. A finales de julio, su sobrino Guillermo Cervera la representó en la inauguración de una exposición en el Espai Carmen Thyssen y desmintió los rumores sobre un empeoramiento. “No hay nada grave por lo que preocuparse”, aseguró.
En ese contexto, las palabras de su hija adquieren otra dimensión. No hablan de relevo inmediato, sino de aprendizaje, de compaginar los estudios con una formación que le ayude a entender qué supone gestionar una colección. Carmen admite que, como cualquier persona de su edad, todavía se pregunta por su futuro. Pero ya sabe desde dónde quiere hacerlo.
