Cuando la depresión no se manifiesta como tristeza: cómo saber si le está pasando a tu pareja
Dejar de proponer planes, responder con monosílabos o estallar por nimiedades puede esconder un cuadro depresivo que ni siquiera quien lo sufre identifica
Creo que esta ansiedad es ya una depresión: dónde está el límite y qué hacer
"Perdí el interés por los niños y por las cosas que solíamos hacer” recuerda René, un policía estadounidense, al hablar de su depresión. A su vez, sus hijos le preguntaban a su madre: '¿Por qué papá no se levanta y no quiere hacer nada con nosotros? ¿Hemos hecho algo mal?'" En su historia no hay espacio para las lágrimas ni el desconsuelo, sino que lo que se atisba es una retirada lenta de la vida compartida, que en su casa se leía como desinterés, que nadie, ni siquiera él mismo, asociaba a una enfermedad.
No se trata de un caso aislado. Según la última Encuesta de Salud de España del INE, el 14,6% de la población de 15 años o más presentaba un cuadro depresivo y un 8% un cuadro depresivo severo. Esta forma severa ha crecido 5,5 puntos desde 2020, alcanzando su nivel más alto en los mayores de 65 años: el 10,5%, frente al 4,6% de tres años antes.
Más allá del ánimo bajo
La OMS incluye la irritabilidad y la sensación de vacío, junto a la tristeza, dentro del estado de ánimo deprimido que define un episodio depresivo. Lo que distingue ese episodio de un mal momento es que se prolonga la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas.
"La depresión puede manifestarse mediante un estado de ánimo bajo, pero también a través de la pérdida de interés o capacidad para disfrutar de actividades habituales, falta de energía, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, problemas de concentración o diversas molestias físicas para las que no siempre se encuentra una explicación médica", explica Carlos Atef Harkous, jefe de servicio de Salud Mental del Hospital Blua Sanitas Valdebebas. Por eso aconseja observar si esos cambios persisten dos o más semanas y si afectan a la vida personal, familiar, social o laboral.
Para aquellos que comparten casa con una persona afectada, lo realmente importante no es un síntoma suelto, sino la ruptura con su forma habitual de ser. "Dejar de proponer planes, contestar cada vez menos a los mensajes, abandonar aficiones o sentir indiferencia ante acontecimientos que antes generaban ilusión son detalles a tener en cuenta si aparecen de forma sostenida", añade Harkous.
En los hombres, esa ruptura adopta a veces una forma desconcertante. Como pueden parecer enfadados o agresivos en lugar de tristes, sus familias, sus amigos e incluso sus médicos no siempre reconocen esa ira como un síntoma depresivo, advierten los expertos. Es más, muchos hombres acuden antes al médico por molestias físicas que por las emocionales, y es habitual que recurran al alcohol o a las drogas para sobrellevar lo que sienten.
Señales que parecen rasgos de carácter
Virginia del Palacio, psicóloga de Blua de Sanitas, describe otras señales que en la convivencia suelen confundirse con pereza, mal genio o pesimismo. Una es posponer decisiones mínimas, como elegir qué comer, contestar un correo o pedir una cita, que de pronto se vuelven un obstáculo desmedido. Otra es un cambio en la manera de juzgar los propios errores. Por ejemplo, cuando un fallo menor empieza a vivirse como prueba de incapacidad, y va acompañado de una autocrítica mucho más dura de lo habitual.
También se puede observar una renuncia paulatina a proyectos y objetivos que antes importaban, y una visión del futuro en la que, para los afectados, todo saldrá mal de antemano y cualquier esfuerzo parece inútil. La clave, en cualquier caso, está en saber si esa manera de pensar supone un cambio respecto a la que la persona tenía antes.
Con la edad, el rastro se vuelve aún más difuso. En las personas mayores la depresión puede expresarse como apatía, falta de iniciativa, quejas físicas, ansiedad, problemas de sueño o dificultades cognitivas, sin una tristeza evidente. "Estos cambios no deben atribuirse automáticamente al envejecimiento", advierte Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.
Por ello, se recomienda valorar cuándo empezaron y cómo evolucionan, su impacto en la vida diaria, las enfermedades asociadas, el dolor, el duelo, el consumo de alcohol y los fármacos, y descartar un delirium o un trastorno neurocognitivo. "También debe explorarse de forma directa el riesgo de suicidio, que puede pasar inadvertido", añade.
Qué puede hacer la pareja
Los especialistas recuerdan que una señal aislada no equivale a una depresión: el estrés, una enfermedad física o un duelo pueden producir manifestaciones parecidas. Cuando los cambios persisten, causan sufrimiento o interfieren en la vida diaria, conviene consultar con un profesional.
A menudo, son la familia y los amigos quienes primero reconocen la depresión de un ser querido. Por eso propone ayudar a buscar un médico y a pedir la cita. Quien no admite estar deprimido puede aceptar, en cambio, consultar por el cansancio o por la desgana que nota en el trabajo. Del mismo modo, es importante escuchar con atención, insistir en las invitaciones a salir aunque la respuesta sea "no", sin forzar demasiado, y no pasar nunca por alto un comentario sobre el suicidio.
