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Cómo pasar de saber mover las piezas a jugar bien al ajedrez, según el Gran Maestro José Carlos Ibarra: "La diferencia es engancharte"

José Carlos Ibarra
José Carlos Ibarra, campeón mundial de ajedrez Blitz. María del Mar Melero Muela
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El ajedrez es una de esas aficiones de la infancia/adolescencia que mucha gente termina aparcando a medida que los estudios, el trabajo, la familia o las obligaciones cotidianas empiezan a demandar más y más tiempo. Quizás aprendimos a mover las piezas de niños, jugamos con nuestro padre, un abuelo o un compañero del colegio y, con el tiempo, el tablero quedó olvidado en algún armario. Hasta que un día, puede que a los 50 años, o incluso más tarde, vuelve la curiosidad. ¿Y si recuperamos aquel pasatiempo? ¿Y si descubrimos que todavía recordamos cómo se mueve el caballo, el alfil y la torre? ¿Y si empezamos desde cero, sin más pretensiones que disfrutar de una partida?

La buena noticia es que no hace falta haber sido un niño prodigio para volver a jugar al ajedrez. Basta con tener ganas de sentarse ante el tablero y dejarse llevar por un juego que combina como pocos estrategia, paciencia, imaginación y una saludable dosis de incertidumbre. Hablamos con José Carlos Ibarra, uno de los grandes referentes del ajedrez moderno y autor del libro 'Jaque mate' (Temas de hoy), sobre cómo aprender a jugar bien sin prisas, equivocarse sin sentirse juzgado y disfrutar de los avances.

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Mucha gente aprendió a mover las piezas de niño, pero ahí se quedó. ¿Qué tiene que hacer alguien para pasar del ‘sé jugar al ajedrez’ a ‘sé jugar bien al ajedrez’?

En mi opinión, la gran diferencia aparece cuando el ajedrez realmente te maravilla y consigue engancharte. Cuando no puedes parar de querer aprender más, competir, ver partidas y jugar durante horas. A partir de ahí, para mejorar de verdad hay que jugar mucho, analizar tus propias partidas, estudiar, leer libros y enfrentarte constantemente a jugadores que te exijan. Pero creo que la clave está en esa pasión: cuando disfrutas tanto del ajedrez que todo ese trabajo deja de sentirse como una obligación. Ahí es cuando pasas de simplemente saber jugar a empezar a jugar verdaderamente bien.

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Jaque Mate

Para alguien que quiere retomar el ajedrez después de 30 o 40 años, ¿por dónde recomendarías empezar?

Hoy en día es mucho más fácil volver a conectar con el ajedrez después de muchos años, porque tenemos una enorme cantidad de contenido online. Puedes seguir retransmisiones y streams, jugar partidas en distintas plataformas, leer libros de ajedrez o incluso apuntarte a un club local donde conocer gente y volver a jugar partidas en persona. Mi recomendación sería precisamente esa: volver a rodearte poco a poco de ajedrez. Ver partidas, jugar, leer y compartir la afición con otras personas. No importa haber estado 30 o 40 años sin jugar; el ajedrez siempre está ahí esperando para que vuelvas.

¿Qué error comete con más frecuencia la persona que empieza a tomarse el ajedrez en serio?

Hay varios errores, pero uno de los más frecuentes es no saber trabajar bien. A veces se dedican muchas horas al ajedrez, pero sin una dirección clara, y por eso puede ser muy importante contar con un entrenador o una academia que te guíe. Trabajar mucho y mal puede ser incluso contraproducente. Otro error habitual es esperar resultados inmediatos. En el ajedrez hay que entender que el aprendizaje lleva su tiempo. Los resultados suelen llegar como consecuencia de un proceso continuado, de un día a día en el que vas haciendo las cosas bien, aprendiendo de tus errores y mejorando poco a poco.

¿Qué debería preguntarse un jugador antes de mover una pieza?

El proceso que va desde que nuestro rival mueve hasta que realizamos nuestra jugada es bastante más largo de lo que parece, aunque los jugadores de cierto nivel somos capaces de hacerlo con mucha rapidez. Lo primero es preguntarnos para qué ha realizado nuestro rival su jugada y qué pretende conseguir. Después debemos analizar qué nos está pidiendo la posición. A partir de ahí, buscamos nuestras posibles jugadas candidatas —normalmente unas tres principales—, las analizamos y valoramos hasta decidir cuál consideramos mejor.

Y antes de mover hay un último paso fundamental: comprobar que nuestra jugada no falla por algo directo que se nos haya escapado. Solo entonces movemos la pieza. Todo este proceso, que explicado parece largo, con experiencia puede realizarse en apenas unos segundos.

En una partida, muchas veces sabemos qué queremos hacer pero no vemos que el rival tiene otra idea. ¿Aprender ajedrez consiste también en aprender a ponerse en el lugar del otro?

Sí, sin duda. Una de las claves de la excelencia en ajedrez es aprender a ponerse constantemente en el lugar del rival: entender qué quiere hacer, cuáles son sus planes y qué jugadas puede estar preparando. Los mejores jugadores no piensan únicamente en ejecutar sus propias ideas, sino en anticiparse a las del contrario e intentar ir siempre un paso por delante. En cierto modo, jugar bien al ajedrez consiste tanto en comprender tus propias intenciones como en ser capaz de descubrir las del rival.

¿Qué papel desempeña la paciencia? ¿Se puede entrenar?

El ajedrez es muy bonito porque, al final, muchas veces tomamos decisiones sobre el tablero tal y como somos como personas. Alguien impaciente en su vida cotidiana puede reflejarlo en el ajedrez precipitándose en determinadas posiciones o tomando decisiones antes de tiempo. Y sí, por supuesto que la paciencia se puede entrenar. Igual que trabajamos la técnica, el cálculo o la estrategia, también intentamos mejorar todos esos aspectos psicológicos que influyen en nuestro rendimiento. De hecho, cada vez es más habitual apoyarnos en psicólogos deportivos para trabajar cuestiones como la paciencia, la concentración o la gestión de las emociones.

Hoy podemos jugar contra desconocidos en internet a cualquier hora. ¿Es una buena manera de aprender o tiene sus trampas?

Sí, creo que es una de las grandes ventajas que tiene el ajedrez. Hoy podemos jugar en cualquier momento contra personas de cualquier parte del mundo y de nuestro nivel, y eso nos permite practicar muchísimo y mejorar de una forma que hace años era impensable.

Evidentemente, el juego online también tiene sus trampas. Existe una minoría de jugadores que intenta hacer trampas utilizando ayuda externa, pero las principales plataformas cuentan con sistemas de detección cada vez más avanzados. Además, al existir un ranking y quedar registradas todas las partidas, quienes hacen trampas de manera continuada tienen muchas posibilidades de terminar siendo detectados, aunque no siempre sea de forma inmediata.

¿Qué importancia tiene jugar contra personas de un nivel superior al nuestro?

Es una de las mejores maneras de aprender, porque nos enfrentamos a alguien que hace determinadas cosas mejor que nosotros y nos obliga a descubrir dónde están nuestras carencias. Jugar habitualmente contra rivales de mayor nivel nos exige más, nos hace cometer errores que quizá contra otros jugadores no aparecerían y, sobre todo, nos permite aprender de cómo ellos entienden y resuelven las posiciones. Creo que enfrentarnos continuamente a gente mejor que nosotros es una de las mejores formas de elevar nuestro propio nivel.

¿Qué tres hábitos concretos pueden hacer que un jugador aficionado mejore más deprisa?

Destacaría tres hábitos:

  1. Jugar con frecuencia y analizar nuestras partidas al terminar, para aprender de nuestros errores.
  2. Familiarizarnos bien con nuestras aperturas, entendiendo las ideas y planes que hay detrás.
  3. Entrenar mucho el cálculo, una de las habilidades fundamentales para mejorar nuestros resultados.

Cuando perdemos una partida, ¿cómo podemos aprovecharla para mejorar en lugar de acabar pensando que “esto no se me da bien”?

Creo que no debemos dar tanta importancia a un resultado concreto, sino enfocarnos en el proceso: disfrutar, aprender de nuestros errores y confiar en que nuestra forma de trabajar es la correcta. Una derrota puede enseñarnos incluso más que una victoria si sabemos analizarla y entender qué podemos mejorar.

¿En qué momento deja de ser suficiente jugar partidas y empieza a ser necesario estudiar un poco?

Ese es precisamente uno de los errores más comunes: limitarse a jugar una partida tras otra. La clave está en combinar bien jugar, analizar nuestras partidas y entrenar. Con el tiempo, la diferencia entre quienes siguen este proceso y quienes simplemente juegan acaba siendo enorme.

¿Qué le dirías a alguien que siente curiosidad por el ajedrez pero piensa que ya es demasiado mayor para empezar?

Nunca es tarde para empezar a jugar al ajedrez. Además de ser una magnífica forma de mantener nuestra mente activa, creo que se puede descubrir y disfrutar a cualquier edad. Mucha gente piensa que ya es demasiado tarde para empezar y, en realidad, se está perdiendo algo simplemente maravilloso.

¿Cuál es el mejor consejo que te dieron a ti cuando estabas empezando y que todavía conservas?

Quizás no fue un consejo concreto, sino la forma de actuar de mi padre cuando mi hermano y yo jugábamos torneos. Nos llevaba y nos recogía, pero muchas veces ni siquiera nos preguntaba el resultado, sino cómo lo habíamos pasado. El mensaje de fondo era que ganar o perder no era lo más importante, sino disfrutar del proceso y de nuestra gran afición. Es algo que intento transmitir siempre a los más jóvenes: habrá grandes victorias y grandes derrotas, pero lo verdaderamente importante es disfrutar del camino.