Deseo responsivo en pareja: cómo incentivarlo para que aparezcan las ganas
Para muchas personas, las ganas no llegan antes del encuentro, sino durante, y los especialistas lo llaman deseo responsivo
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Durante años, muchas mujeres han vivido la falta de ganas como una culpa que había que justificar ante la pareja. Esperaban una chispa que surgiera de la nada, como en las películas, y al no sentirla concluían que algo fallaba en ellas o en la relación. Es importante dejar de pedir perdón por ello, desde el día que se entiende que el cuerpo se enciende una vez que las cosas han empezado, y no antes. Esa experiencia tiene nombre, y la ciencia lleva dos décadas estudiándola.
Qué es el deseo responsivo
El modelo clásico de la respuesta sexual dibujaba una línea recta: primero aparece el deseo, luego la excitación y después el placer. La psiquiatra canadiense Rosemary Basson cuestionó ese esquema. En un artículo publicado en 2005, explicó que muchas mujeres inician la actividad sexual sin un deseo previo, desde un punto de partida neutral. Las mueven motivos como la cercanía emocional, el deseo de complacer a la pareja o el propio bienestar. A medida que reciben estimulación y se excitan, el deseo aparece durante la experiencia. Basson lo representó con un modelo circular, en el que las fases se solapan y pueden darse en distinto orden.
La educadora sexual estadounidense Emily Nagoski lo explica con una imagen sencilla. El deseo espontáneo es el que se supone que debe aparecer “de la nada”. El responsivo, en cambio, “surge como respuesta a la excitación, en lugar de que el deseo llegue antes”. La psicóloga y sexóloga Neus Martínez Sornosa subraya que este tipo de deseo es “igual de sano, igual de normal”, y que en las mujeres es “considerablemente más frecuente”.
Nagoski se apoya en el modelo de control dual, desarrollado por los investigadores Erick Janssen y John Bancroft en el Instituto Kinsey. Según este modelo, la respuesta sexual depende de dos sistemas: uno que acelera y otro que frena. Basta con que el freno esté pisado para que el acelerador no sirva de nada. “Si el freno está puesto, no vas a ir a ninguna parte”, explica Nagoski. Para ella, el sexo resulta más satisfactorio para la mayoría de las mujeres en un contexto de “poco estrés, mucha confianza, mucho afecto y explícitamente erótico”.
Cómo incentivarlo
La primera recomendación de los especialistas es dejar de esperar. “Deja de esperar las ganas para empezar”, aconseja Martínez Sornosa, que añade otra pauta: “Cuida el contexto antes que la técnica”. Eso significa seguridad, tiempo y ausencia de presión. La terapeuta Marta Diport, especializada en sexualidad femenina, insiste en el mismo punto: “El placer no funciona bien bajo exigencia”. Por eso propone cambiar el objetivo: “Yo no pondría el foco en volver a rendir, sino en volver a sentir”. El contacto sin expectativas también ayuda: “Un abrazo, una caricia o estar piel con piel pueden ser experiencias profundamente reguladoras cuando son deseadas”.
El tiempo cuenta. La Sociedad Internacional de Medicina Sexual recoge un estudio de 2018 con 2.304 mujeres, según el cual el orgasmo en pareja tardaba de media unos 14 minutos desde el inicio de la estimulación genital. No es una cifra que haya que alcanzar, sino un recordatorio de que las prisas juegan en contra.
Hablarlo con la pareja es otra pieza clave. Martínez Sornosa recuerda que la falta de ganas iniciales a menudo se interpreta como falta de interés o de amor, y aconseja: “Cuéntaselo a tu pareja”. Que los niveles de deseo de dos personas no coincidan no significa que sean incompatibles, sino que necesitan entenderse.
La sexóloga hace una advertencia importante. El consejo de empezar aunque no apetezca solo es válido cuando hay seguridad, confianza y libertad para parar en cualquier momento. Si hay un trauma o la persona no se siente segura en la relación, forzarse puede hacer daño. Poder poner límites, parar o expresar lo que se necesita forma parte de la seguridad sexual.
Después de la menopausia
Con los años entran en juego otros factores. La Menopause Society estadounidense explica que la pérdida de estrógenos y progesterona en la menopausia “a menudo conduce a una disminución del deseo y el interés sexual”. Además, provoca cambios en la vagina, la vulva y la vejiga. Los problemas de pareja y las enfermedades también influyen. Para la sequedad, la entidad recomienda hidratantes vaginales, al menos dos o tres veces por semana, y lubricantes durante las relaciones. En esa etapa, entender que las ganas pueden llegar después, y no antes, alivia buena parte de la presión.
