Decoración

Eugenia Martínez de Irujo se pasa al diseño de alfombras y las muestra en el jardín de su madre

Eugenia Martínez de Irujo y su colección de alfombras. Alfombras Hamid
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“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla”. Antonio Machado escribió el verso más famoso sobre el Palacio de Las Dueñas, la casa sevillana de los Alba donde nació en 1875. Siglo y medio después, otra niña de aquellos patios, Eugenia Martínez de Irujo, se ha propuesto llevar ese mismo universo al suelo de un salón. Patio Silencioso es su colección de doce alfombras con Alfombras Hamid. Toma el nombre del poema, y ella misma lo explica: “Machado convirtió este lugar en palabras y en esta colección nosotros hemos querido recuperar parte de ese universo”.

Del lienzo al telar

La colección nace de las pinturas de la propia Eugenia, que lleva años cultivando esa faceta artística. En octubre de 2020 expuso en el Espacio Valverde de Madrid 64 acuarelas pintadas durante el confinamiento. La muestra se tituló El arte de querer y lo recaudado se destinó a la Fundación Querer, que atiende a niños con enfermedades neurológicas. 

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Durante años se limitó a ver sus cuadros colgados en las paredes, pero se atreve a descolgarlos y ponerlos también a ras de suelo: “Me gusta mucho la idea de que mis pinturas puedan formar parte de una casa, de un salón”. Es su primera incursión en el mundo textil y la define como “la colaboración más bonita que he hecho”.

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Pasar de la pintura a la alfombra no era sencillo. Omid Hejazi, director ejecutivo de Alfombras Hamid, reconoce que “la dificultad de trasladar estas pinturas al universo textil es lo que lo hace interesante”. Y añade: “Podríamos haber hecho una alfombra más convencional, en dos colores o con un diseño más sencillo”. El mayor reto fue el color. No se trataba de copiar la paleta de los cuadros, sino de encontrar tonos que funcionaran a la vez en lana y en seda de bambú, los dos materiales de la colección. Según la empresa, el proyecto ha llevado más de un año de trabajo artesanal, y todas las piezas están anudadas a mano por maestros tejedores de India y Afganistán.

Doce flores, una memoria

Cada diseño lleva el nombre de una planta del patio andaluz: Azahar, Campanilla, Clavel, Geranio, Gitanillas, Limonero, Olivo, Orquídea, Pensamientos y Romero son diez de las doce piezas. En ellas aparecen el aroma del naranjo sevillano, el olivo, el romero y el clavel de feria. Pero hay una flor con un significado especial. “También quise representarla a ella y lo hice con una orquídea, que era su flor preferida”, explica Eugenia sobre su madre, Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba. Ella también pintaba con frecuencia.

El palacio no es un escenario cualquiera. Construido entre los siglos XV y XVI, pertenece a la Casa de Alba desde que en 1612 Antonia Enríquez de Ribera se casó con Fernando Álvarez de Toledo. Allí pasó Eugenia buena parte de su infancia, entre los jardines y el patio principal que inspiran la colección. Es el mismo patio del poema de Machado, el de “un huerto claro donde madura el limonero”. Esa imagen da nombre a otro de los diseños.

Alfombras con historia

La firma que ha tejido los recuerdos de la duquesa tampoco es nueva. Hamid se fundó en 1983 en la calle Núñez de Balboa de Madrid y lleva el nombre de su fundador. Empezó importando alfombras orientales hechas a mano de Persia, Pakistán, Afganistán, China, India, Nepal y Turquía. Hoy tiene sala de exposición central en Majadahonda, tiendas propias en Madrid y Barcelona y tienda en línea. Se presenta como la empresa de alfombras orientales más antigua de España. Hejazi describe el proyecto como el fruto de un interés compartido por la belleza, la autenticidad y la artesanía, un proceso que une Oriente y Occidente.

Las alfombras no se compran en una tienda. Se fabrican por encargo y a medida, así que hay que encargarlas y esperar turno. La colección es personalizable, pero la marca no ha hecho públicos ni los precios ni las medidas estándar.

Eugenia lo cuenta como algo muy suyo: “Siempre me ha apasionado la decoración y he disfrutado creando espacios a mi manera”. La diferencia es que esta vez el espacio que ha querido llevar a otras casas es el de su propia infancia.