Psicología

Cómo dar el pésame bien: qué decir y qué evitar, según una psicóloga

Cómo dar el pésame
Cómo dar el pésame. Psicomaster
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Es algo que ocurre cada día casi en cualquier sitio, ya estemos en el tanatorio, en la puerta de la iglesia o frente a la pantalla del móvil. Llega la noticia del fallecimiento de alguien conocido, y con ella la duda de qué se debe decir a quien se ha quedado tras su partida. Muchos ensayan mentalmente una frase, la descartan, buscan otra y acaban optando por el silencio o por la fórmula de siempre. En España murieron 441.270 personas en 2025, y detrás de cada una de ellas hay familiares, amigos y compañeros que han tenido que enfrentarse a esa incómoda conversación. La pregunta que todos nos hacemos en esta situación es cuál es la mejor manera de estar cerca de quienes viven su falta.

Las psicólogas que trabajan con personas en duelo empiezan por quitarle peso a la búsqueda de las palabras exactas. “No hace falta encontrar una frase que alivie el dolor”, sostienen desde Psicomaster, el centro madrileño fundado en 2005 por la psicóloga María Jesús Andrés Pérez. Ana Almansa, psicóloga sanitaria en Almería y experta en duelo, va en la misma línea: “Hay que intentar acompañarle desde el silencio, validando y reconociendo su dolor”.

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Lo que importa es estar

La idea de fondo es sencilla y contradice un impulso muy extendido: el de quien cree que debe aportar algo, una explicación o un consuelo, para justificar su presencia. Un “lo siento mucho” puede bastar, y también vale reconocer la propia torpeza con un “no sé qué decirte, pero quiero que sepas que estoy aquí”. Lo que sí hace daño es el gesto opuesto. Evitar a la persona por miedo a meter la pata, advierten en Psicomaster, puede agravar su sensación de soledad.

La compañía tiene un efecto que va más allá de la cortesía. La guía para familiares en duelo del grupo de trabajo “Duelo y pérdida” del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental lo resume diciendo que “El dolor posiblemente sea el mismo, pero en compañía se lleva mejor”. Sus autoras recogen además una idea de Neimeyer que sirve tanto para quien sufre como para quien acompaña: “no hay ningún motivo para que tengamos que hacerlo de manera heroica”.

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Despidiéndose de los seres queridos

Las frases hechas que hieren

El repertorio de lo que conviene evitar es más amplio de lo que parece, porque casi todas esas frases nacen de la buena intención. “Tienes que ser fuerte” sugiere que sentir dolor equivale a ser débil, cuando el duelo necesita expresarse. “El tiempo lo cura todo” pasa por alto que no es el tiempo en sí lo que ayuda, sino lo que la persona hace con él. “Sé cómo te sientes” es imposible, porque nadie siente exactamente lo mismo que otro. Es preferible decir que se lamenta lo que está pasando. “Al menos no sufrió” o “así ha dejado de sufrir” emiten un juicio que quien lo dice no puede sostener, y además olvidan que quien sí sufre es el que se queda.

Hay otras igual de frecuentes: “Al menos vivió muchos años”, cuando ninguna duración parece suficiente si se pierde a alguien querido, y “Hay que pasar página”, cuando lo último que quiere la persona en duelo es olvidar. En Psicomaster añaden una que pocas veces se reconoce como dañina: “ya tendrás otro hijo”. Todas comparten un mecanismo, el de intentar compensar la pérdida con un argumento, y dejan al doliente con la sensación de que su tristeza estorba.

Las expresiones religiosas merecen un cuidado especial. “Está en un lugar mejor” puede reconfortar a una persona creyente y sonar ajena, o incluso hiriente, a otra. Lo mismo sirve para los gestos, ya que no todo el mundo quiere un abrazo, una visita o hablar de la muerte en ese momento. Preguntar y seguir sus indicaciones evita imponer lo que uno mismo necesitaría.

Escuchar sin arreglar

Cuando la persona quiere hablar, lo más útil es dejarla. Eso supone no interrumpir con consejos y resistir la tentación de contar la propia experiencia con otra pérdida, que desvía la atención aunque busque crear complicidad. Si prefiere callar, el silencio compartido también acompaña. El llanto no es un problema que haya que solucionar, sino parte del proceso. La guía del Colegio de la Psicología de Castilla-La Mancha lo describe como “una reacción psicológica natural en el ser humano”.

Ayuda que se pueda aceptar

El clásico “si necesitas algo, llámame” deja la iniciativa en quien menos fuerzas tiene para tomarla. Funcionan mejor las ofertas concretas: llevar la cena al día siguiente, recoger a los niños del colegio, ocuparse de un trámite. Deben ajustarse a la relación que se tiene con esa persona y dejarle margen para rechazarlas o aceptarlas más tarde. Cuando no es posible acudir, un mensaje breve y personal también es una forma válida de dar el pésame, sobre todo si incluye una frase que libera de responder: “No hace falta que contestes”.

Ataud

Lo que viene después

El momento más delicado suele llegar cuando el resto vuelve a su rutina. Por eso es importante seguir presentes: volver a preguntar, proponer un encuentro, recordar un aniversario o un cumpleaños, sin esperar que la persona “ya esté bien”. Nombrar a quien ha muerto, lejos de reabrir la herida, puede abrir una conversación que el doliente agradece. Almansa propone, en lugar de recordar lo larga que fue su vida, preguntar por los momentos que la hicieron feliz. La guía andaluza también anima a “compartir recuerdos, anécdotas” con amigos y familiares.

No hay un plazo para el duelo. “Es muy difícil poner un límite; dependerá de cada persona”, señalan los expertos, que lo describen como un proceso “laborioso, lento pero progresivo”. Hay, eso sí, señales a las que conviene estar atentos. Una muerte repentina, la de alguien joven o la pérdida de un hijo pueden hacer el duelo más intenso. Si con el paso de los meses el dolor no cede, o la culpa y los reproches siguen intactos, quien acompaña puede animar a pedir ayuda. La guía andaluza recomienda acudir a un profesional cuando el malestar se prolonga más de seis meses.