Cada menor depositó en el año 2000 dentro de un táper aquello que consideraba “su tesoro”
La idea es exponer el contenido de las cápsulas del tiempo, una vez que los dueños las recuperen y den permiso
BilbaoHace un cuarto de siglo, en el municipio vizcaíno de Leioa enterraron un tesoro. Que nadie imagine el clásico arcón de madera repleto de monedas de oro y relucientes piedras preciosas, al estilo de los tesoros que buscaban los piratas en mapas marcados con una X. El de Leioa era un tesoro más emocional que material en su contenido, y más acorde con esta era, en su forma. Verán, corría el año 2000, cuando el Ayuntamiento enterró 2.000 táperes llenitos de objetos personales, recuerdos, mensajes y deseos de los vecinos más pequeños del municipio.
Aquellos tesoros, conservados durante más de 25 años en una especie de cápsula del tiempo bajo tierra, han vuelto a ver la luz del sol. Aquellos niños, niñas y jóvenes, hoy ya no lo son tanto, pero sus recuerdos de la infancia han permanecido intactos en esos recipientes, a su vez introducidos en cinco contenedores enterrados bajo un jardín de la calle Etxebarrikoena, junto al Ayuntamiento de Leioa.
Los operarios municipales se afanan estos días en recuperar este particular tesoro, pero no será hasta el próximo 19 de septiembre cuando aquellos pequeños, que participaron en esta iniciativa hace 25 años, podrán recuperar sus “tesoros”.
El Ayuntamiento ha previsto que tras la tradicional Marcha Ciudadana a Paso de Peatón que finalizará en el parque de Pinosolo, los propietarios de los táperes puedan destaparlos y recobrar sus recuerdos de la infancia envasados durante un cuarto de siglo.
Tesoros de la infancia envasados
Tras tantos años ocultos, el contenido de los más de 2.000 táperes se exhibirá, siempre que los dueños lo autoricen, en una exposición con el objetivo de conservar y compartir la memoria emocional y colectiva de los vecinos de Leioa. Cabe recordar que aquella iniciativa supuso la puesta en marcha de Herrigune, el espacio municipal de impulso a la participación ciudadana y al aprendizaje colectivo, y reflejaba el compromiso de Leioa con la infancia, el juego y la construcción de memoria comunitaria.
No solo eso, sino que los hijos de aquellos niños y niñas, que hace 25 años guardaron a buen recaudo sus tesoros para reencontrarse ahora con ellos, y otros pequeños de la localidad podrán repetir la experiencia y en el Baserri de Pinosolo, mientras los mayores se reencuentran con sus recuerdos, ellos podrán guardar los suyos propios, para que el 31 de octubre, coincidiendo con el 500 aniversario de Leioa, la nueva generación los entierre para no volver a abrirlos, al menos, hasta 2051.

