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La Isla de los Faisanes, un pequeño territorio que cambia de administración entre España y Francia cada seis meses

Isla de los Faisanes.
Isla de los Faisanes.. Turismo Bidasoa
  • España administra la isla entre el 1 de febrero y el 31 de julio, mientras que Francia lo hace entre el 1 de agosto y el 31 de enero

  • La Isla de los Faisanes está deshabitada, no dispone de una conexión permanente con tierra firme y su acceso no está abierto al público de forma ordinaria

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GuipúzcoaEn mitad del río Bidasoa, entre Irún y Hendaya, hay un pequeño territorio cuya administración cambia de manos dos veces al año. Se trata de la Isla de los Faisanes, un islote deshabitado situado en la frontera entre España y Francia que, desde el pasado 1 de agosto, ha pasado de nuevo a estar bajo administración francesa y permanecerá así hasta el próximo 31 de enero.

El relevo no responde a ningún conflicto territorial ni a una cesión de soberanía reciente. Es la aplicación de un sistema acordado hace más de un siglo y que convierte a este enclave en un condominio franco-español, una fórmula por la que ambos países comparten el territorio y se alternan en el ejercicio de determinadas competencias.

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Así, España administra la isla entre el 1 de febrero y el 31 de julio, mientras que Francia lo hace entre el 1 de agosto y el 31 de enero. El último cambio de jurisdicción se produjo a finales de julio, cuando se celebró el tradicional relevo entre las autoridades de ambos países.

Su reducido tamaño contrasta con la importancia histórica que llegó a tener. La Isla de los Faisanes fue escenario de negociaciones diplomáticas, intercambios y encuentros entre las monarquías española y francesa durante el siglo XVII. Su episodio más conocido tuvo lugar en 1659, cuando se convirtió en el escenario de uno de los acuerdos que marcaron la relación entre ambos reinos durante siglos.

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El Tratado de los Pirineos y el origen de su importancia histórica

La historia que explica por qué este pequeño islote tiene hoy un estatus tan singular se remonta a la guerra entre España y Francia, iniciada en 1635. Tras años de enfrentamiento, ambas coronas buscaron un lugar neutral en el que desarrollar las negociaciones de paz.

La Isla de los Faisanes, situada en pleno Bidasoa, ofrecía precisamente esa condición fronteriza. Allí se celebraron las conversaciones que desembocaron en el Tratado de los Pirineos, firmado el 7 de noviembre de 1659 y considerado uno de los principales acuerdos diplomáticos de la Europa de su tiempo.

El tratado puso fin al conflicto entre ambas potencias y estableció una nueva relación territorial entre los dos reinos. Las negociaciones fueron desarrolladas por representantes de las coronas española y francesa y el acuerdo quedó reforzado posteriormente mediante el compromiso matrimonial entre Luis XIV de Francia y María Teresa de Austria, hija de Felipe IV. La isla también fue escenario de encuentros vinculados a ese acuerdo entre las dos monarquías.

Un monolito levantado en el islote recuerda hoy aquel episodio histórico. Es uno de los pocos elementos visibles de un lugar que, pese a su importancia diplomática, no está habitado y tiene el acceso restringido.

La isla ha recibido además diferentes nombres a lo largo de su historia. En Francia también es conocida como la Isla de la Conferencia, en referencia a las negociaciones que acogió durante el siglo XVII, mientras que en la tradición local han pervivido otras denominaciones.

El Tratado de Bayona y la custodia compartida

Aunque la Isla de los Faisanes había desempeñado un importante papel diplomático en el siglo XVII, su actual régimen de administración compartida llegó mucho más tarde. El Tratado de Bayona de 1856 reguló la delimitación fronteriza en el Bidasoa y dejó establecida la situación compartida del islote. Posteriormente, un convenio firmado en Bayona el 27 de marzo de 1901 concretó el ejercicio de la jurisdicción y de la vigilancia, que pasarían a alternarse entre España y Francia por periodos de seis meses.

El sistema actual se consolidó con un sorteo que determinó el orden de la alternancia. Desde entonces, España ejerce la administración durante la primera mitad del periodo anual, entre febrero y julio, y Francia durante la segunda, de agosto a enero; un modelo que se ha mantenido durante más de un siglo.

Por eso, aunque popularmente se diga que la isla "cambia de país", la realidad jurídica es algo diferente. La Isla de los Faisanes no deja de ser un territorio compartido por España y Francia, sino que ambos Estados se turnan en su administración y vigilancia durante periodos semestrales.

Este sistema ha sobrevivido a algunos de los momentos más convulsos de la historia europea contemporánea y continúa aplicándose de forma periódica en pleno siglo XXI. El último relevo, celebrado este verano, volvió a poner el foco sobre uno de los territorios más singulares de la frontera entre ambos países.

Un islote sin habitantes y con acceso restringido

La superficie de la isla es muy reducida y las fuentes turísticas e históricas sitúan su extensión actual en apenas unos miles de metros cuadrados. Está deshabitada, no dispone de una conexión permanente con tierra firme y su acceso no está abierto al público de forma ordinaria.

Desde las orillas del Bidasoa puede contemplarse el islote, especialmente desde el entorno de Irún y Hendaya. El Consorcio Transfronterizo Bidasoa-Txingudi recuerda su relevancia como escenario de la firma del Tratado de los Pirineos y señala que el mantenimiento del enclave se comparte entre las localidades de ambos lados de la frontera.

La vigilancia y la conservación del lugar se integran en ese sistema de cooperación. Cuando llega el cambio semestral, la administración correspondiente asume las funciones previstas en el acuerdo, mientras que la titularidad compartida del territorio permanece inalterada.

Su tamaño, por tanto, poco tiene que ver con la dimensión de su historia. En este pequeño punto del Bidasoa se negociaron acuerdos que pusieron fin a una guerra entre dos de las grandes potencias europeas del siglo XVII. Casi doscientos años después, España y Francia acordaron una fórmula para compartirlo y, más de un siglo después, ese mecanismo sigue funcionando.