El paso por España de Simone Weil, la filósofa que ha puesto de moda Rosalía: “Estaría encantada de ser un icono pop”
Xavier Artigas, experto en la figura de Weil, acaba de publicar ‘Vivir la fuerza’, obra en la que analiza la figura esta pensadora que ha inspirado a la artista en ‘Lux’
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Hay fenómenos culturales que empiezan como una anécdota y acaban funcionando como una puerta secreta. Una story, un libro apoyado sobre una mesa, una frase escrita en un libreto. Y, de repente, alguien que jamás había escuchado hablar de Simone Weil pregunta quién era esa mujer y por qué todo el mundo la relaciona con Rosalía.
Porque sí: Rosalía y Simone Weil en la misma frase suena, de entrada, a mezcla improbable, a recurso cultural diseñado en un despacho. Pero algo se mueve ahí debajo. Algo que va más allá del gesto estético y que, como mínimo, está sirviendo para que una filósofa que llevaba décadas entrando y saliendo del radar en función de cómo soplan los vientos políticos vuelva a colarse en conversaciones que no son estrictamente académicas.
La presencia de Weil en el universo simbólico de ‘Lux’, el último trabajo de Rosalía —una cita, una idea, un clima espiritual— ha funcionado como gancho. Y eso ha abierto una pregunta sencilla y muy poco filosófica: ¿quién era Simone Weil y por qué vuelve ahora?
Para responder a eso conviene escuchar a alguien que lleva tiempo conviviendo con ella. Xavier Artigas acaba de publicar 'Vivir la fuerza' (Pepitas) y lleva más de cinco años leyendo a Weil de forma casi obsesiva. No desde la moda, sino desde la convivencia.
"Sí, es muy fuerte. Yo llevo ya como más de cinco años con Simone Weil, intentando leerme toda su obra. No sé si me lo he leído todo, pero estoy ahí. Para mí fue una revelaci ón", dice. Y añade algo clave para entender el momento actual: "Es una autora que en realidad se pone muy de moda en los años 60 y va yendo y viniendo".
Por oleadas
Artigas explica que Weil funciona por oleadas. Cada generación parece encontrar en ella algo que necesita. "Se pone muy de moda en los 50, cuando sale su primer libro a finales de esa década, básicamente por el tema místico, cuando se publica 'La gravedad y la gracia'. Es un momento de devastación después de la Segunda Guerra Mundial; estos discursos místicos dan salida a la crisis de las ideologías". Luego llega otra lectura: "En los 60, por lo político. En los 70, por la crítica al capitalismo". Más tarde, otro regreso: "Ha tenido también un boom por el tema del feminismo y de los cuidados".
Y ahora, de nuevo, vuelve. "Es curioso que vuelva la mística de Weil una vez más, y que sea de la mano de Rosalía". Artigas no esquiva la evidencia: "Claramente Rosalía la vuelve a poner de moda porque es la artista ahora mismo más importante de este país". Pero introduce un matiz importante: "También hay unas condiciones previas que hacen que la gente pueda ser receptiva a discursos como el de Simone Weil".
Aquí entra el contexto. "Creo que estamos en un momento en el que la gente está abierta a este retorno a lo espiritual, a lo místico, en un momento de tanta polarización, en el que parece que las ideologías están fallando". Rosalía no aparece como excepción, sino como síntoma. "Rosalía es una gran artista y tiene margen creativo, pero también responde a tendencias y a estudios de marketing que detectan por dónde va la sociedad y qué es lo que quiere oír la gente. Esto demuestra que Weil es una filósofa con muchas facetas distintas, que puede ser leída desde muchos sectores distintos. Eso me fascina".
Estamos en un momento en el que la gente está abierta a este retorno a lo espiritual, a lo místico, en un momento de tanta polarización, en el que parece que las ideologías están fallando
La pregunta que sobrevuela todo este fenómeno es inevitable: ¿estamos ante una moda más? ¿Es puro postureo? Artigas no se coloca por encima del asunto. "A mí me parece difícil diferenciar lo estético de lo que realmente tiene un sentido profundo. La mística es un poco esto".
En Simone Weil, recuerda, siempre se ha querido separar. "Siempre se ha dicho que hay una Simone Weil política y una Simone Weil mística: una religiosa/espiritual y otra política/materialista/postmarxista". Pero su trabajo le ha llevado a otra conclusión: "No podemos separar las dos cosas: su política es mística y su mística es política y materialista".
Y ahí entra algo que conecta directamente con Rosalía y con el presente: el cuerpo. "Eso tiene que ver con el método de aprendizaje de la propia Weil. Explica por qué se fue a la guerra: Weil no puede pensar si no vive las cosas con su cuerpo. Tiene que poner su cuerpo en situaciones para poder pensar".
Por eso, cuando se habla de si todo esto es estética, Artigas devuelve la pregunta: "¿Lo estético lo podemos separar del sentido profundo? Vivimos en una sociedad del espectáculo. Antes las cosas pasaban porque salían en la tele; ahora, porque aparecen en Instagram. ¿Podemos separar una realidad real de la realidad vista por las redes? Yo creo que no".
¿Lo estético lo podemos separar del sentido profundo? Vivimos en una sociedad del espectáculo. Antes las cosas pasaban porque salían en la tele; ahora, porque aparecen en Instagram
Y remata con una frase que resume bien lo que está pasando: "Lo estético también es lo profundo. ¿Es una moda? Sí. ¿Pasa por lo estético? Sí. Rosalía es pura estética. Pero eso no quita que haya un sentido profundo. Me parece muy interesante lo que está ocurriendo".
Cuando se le pregunta qué pensaría Simone Weil de todo esto —de verse citada, compartida, asociada a un fenómeno pop—, Artigas no cae en la tentación del juicio fácil. "Muy difícil responder qué pensaría ella". Primero, porque lo pop en los años 30 no significaba lo mismo. Y segundo, porque Weil tenía una relación sorprendentemente natural con lo popular.
Rosalía es pura estética. Pero eso no quita que haya un sentido profundo. Me parece muy interesante lo que está ocurriendo
"Weil era una gran admiradora de Charles Chaplin. Chaplin, en los años 30, era de los directores más famosos, populares y queridos". Lo popular, entonces, "estaba vinculado a las clases populares: el cine o la música popular era aquello que gustaba a los desheredados, a los oprimidos, y eso a Weil le encantaba".
Desde ahí, Artigas se arriesga a imaginar: "Identificarse con algo pop, sintiendo que representa el sentir popular de las clases oprimidas, creo que es algo que a ella le gustaría". El matiz llega después: "Lo que nos tenemos que preguntar es si Rosalía es eso. Yo no tengo una respuesta. Rosalía es muy transversal".
Aun así, insiste en una idea provocadora: "Lo pop acaba siendo hortera porque le gusta a todo el mundo, le gusta a los pobres. Eso a Weil le gustaría". Y se imagina su reacción: "Diría: ‘Qué suerte que a la gente de las clases populares le guste mi mensaje, aunque sea rebajado, aunque sea filtrado desde una estética’".
De hecho, recuerda que la vulgarización de la filosofía no le parecía mal. "La vulgarización de la filosofía era algo que a ella le gustaba mucho".
A partir de ahí, conviene retroceder y contar quién fue Simone Weil antes de convertirse en cita. Weil no publicó libros en vida. "Ella publicaba artículos en revistas políticas, artículos de opinión". Murió joven, sin conciencia de que sería leída como filósofa. "Murió sin tener conciencia de que era una filósofa. Era una pensadora política".
Sin embargo, sabía que lo que pensaba importaba: "Tal como escribía al final, sentía que lo que escribía debía tener un impacto social. Ella ensaba: ‘Sobre las ruinas que queden de Europa habrá que construir algo. Yo tengo una verdad que compartir con el mundo’".
Si hoy pudiera ver lo que ocurre, Artigas lo tiene claro: "Si saliera de la tumba y viera esto, fliparía. Creo que le gustaría. Estaría orgullosa".
Si saliera de la tumba y viera esto, fliparía. Creo que le gustaría. Estaría orgullosa
Para entender por qué, hay que volver a su método. Weil no teorizaba desde la distancia. Lo vivía en primera persona. Si quería escribir sobre opresión buscaba dónde vivir oprimida su día a día. Sin esa sensación, imposible hacerlo.
Con la guerra le ocurrió algo parecido. "Cuando viene la guerra, se confunde", explica Artigas. "Ella no es como George Orwell que dice ‘hay que luchar contra el fascismo’". Es antifascista, sí, pero quiere entender cómo funciona la guerra: cómo los seres humanos llegamos a dispararnos unos a otros con armas.
Ahí aparece su gran dilema. "Si el fascismo es el uso de la fuerza contra aquellos que no son como yo", se pregunta, "¿cómo lo hacemos si no es usando también la fuerza?". Se mete en primera línea. Y llega el bloqueo. "No hay forma. Para vencer la fuerza, tenemos que usar la fuerza. Aun así, piensa que hay algo ahí que no es correcto. Solo un milagro nos libera de la fuerza".
¿Sirvió de algo todo lo que hizo Weil entonces? Artigas es honesto. "Todo su pensamiento tuvo mucho impacto y eso no ha conseguido parar ninguna guerra". No hay soluciones mágicas. "Es un callejón sin salida". Pero sí hay aprendizaje. "Una lectura profunda te cambia".
Yo recomiendo a todo el mundo leer a Weil, pero especialmente a la gente que está sumida en los discursos de ultraderecha. Abascal debería leerla
¿Y quién debería leer hoy en día a Weil? Aquí, y justo antes de finalizar, Artigas no duda ni un instante: “Yo lo recomiendo a todo el mundo, pero especialmente a la gente que está sumida en los discursos de ultraderecha. Abascal debería leerla. Celebro que Rosalía haya leído a Weil y que mucha gente se anime también gracias a ella, pero me gustaría que no se quedara con ‘La gravedad y la gracia’. Me encantaría que siguiera leyendo”.
