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Alicia Sornosa, la mujer que vendió su piso para dar la vuelta al mundo en moto: "No puedes parar"

Alicia Sornosa, sobre su moto, junto a un elefante
Alicia Sornosa, sobre su moto, junto a un elefante. (Foto: cedida)
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Alicia Sornosa es una de esas personas que se atreven a hacer cosas con las que la mitad de la población sueña y a la otra mitad le aterran. Ella, que acaba de volver de Marruecos -“calorcito, pero bien”-, fue la primera mujer de habla hispana que dio la vuelta al mundo en moto, una hazaña que arrancó en 2011 sobre ‘Descubierta’, su moto de entonces, y que terminó dos años después con cinco continentes y medio centenar de países en el cuentakilómetros. Por el viaje africano que vino después, la Sociedad Geográfica Española le entregó en 2018 el premio al Mejor Viaje del Año, de manos del Rey. Pero ella lo explica de otra manera, mucho más sencilla: "No he podido dejar de viajar. No puedes parar, es como una enfermedad… o como una droga".

La historia que circula por ahí dice que Alicia vendió su piso para comprarse una moto y largarse. Ella, que prefiere rebajar la épica, matiza enseguida: "El piso lo había vendido ya unos meses antes, pero porque en realidad era del banco. No vendí un piso y me embolsé 200.000 euros: vendí un piso, tenía una hipoteca y me quedé con 20.000", aclara.

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Lo demás sí es exactamente como suena. Era 2011, plena crisis, ella trabajaba como periodista freelance y el trabajo escaseaba. Y en lugar de echarse a temblar, hizo cuentas de otro tipo: "Era joven, tenía buena salud, no tenía familia ni pareja, tenía una moto, muchas ganas de viajar y algo de dinero, así que pensé: ‘cuando vuelva ya tendré un bagaje, habré aprendido cosas que me servirán para seguir trabajando, me diferenciaré del resto que se quedan aqu’í".

Alicia posa junto al cartel de la Ruta 66
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La historia resonará entre quienes alguna vez han sentido el cosquilleo de empezar otra vida a una edad en la que, supuestamente, ya toca quedarse quieto. Alicia rondaba los cuarenta cuando dijo que sí. "Imagínate que te dan la oportunidad de irte de viaje, que todos los astros se juntan. No hubo más cálculo que ese”, asegura.

El miedo verdadero 

Uno de los empeños de Sornosa tras arrancar esta vida sobre dos ruedas, casi una misión, es desmontar el cuento de que una mujer no puede viajar sola en moto. "Cuando empecé, en 2011, no lo hacía casi nadie, ni siquiera los hombres. Era como una revolución. Me decían que me iban a pasar cosas horribles". Su réplica, después de tantos kilómetros, es rotunda: "Una mujer sola no es alguien desvalido a quien le van a hacer de todo, sino todo lo contrario: alguien que provoca más ternura, cosas más bonitas que un hombre", zanja.

Cuando empecé, en 2011, no lo hacía casi nadie, ni siquiera los hombres. Era como una revolución. Me decían que me iban a pasar cosas horribles

Para explicarlo tira de una parábola: "Imagínate a un hombre y una mujer viajando, una semana en la moto, en tienda de campaña, con los pelos, las uñas, la barba… Llegan a un pueblo y cada uno llama a una puerta. Alguien mira por un agujerito. ¿A quién creéis que van a abrir antes, al hombre despeluchado o a la mujer despeluchada? Esa es la diferencia".

¿Y el miedo, entonces? Existe, pero apunta a otro sitio. "Yo tenía más miedo a que se me cayera la moto y no poder levantarla que a lo que me pudiera hacer la gente", confiesa Alicia. Lo lleva en la sangre y en la educación: "En mi familia no me han inculcado el miedo. Somos cinco hermanos y nos enseñaron que hay que sonreír a la gente, ser educado y observar. Obviamente, hay situaciones en las que hay que tener dos dedos de frente”.

Yo tenía más miedo a que se me cayera la moto y no poder levantarla que a lo que me pudiera hacer la gente

30 litros de equipaje

Si algo ha aprendido Alicia en estos 15 años viajando en moto es a soltar lastre. Empezó "supercargada, con un montón de por sis", y hoy viaja con una bolsa de 30 litros. "En moto estás todo el día con el traje, las protecciones, y lo que necesitas es un vaquero, un pareo, unas sandalias y unas zapatillas para caminar", comenta para posteriormente añadir un matiz: “También llevo unas herramientas básicas para apretar un retrovisor o arreglar un pinchazo porque tampoco se puede abrir un embrague en mitad de la nada".

Alicia, sobre su moto y con un paisaje montañoso al fondo

La comida tampoco la entretiene demasiado. Sale bien desayunada —"procuro comer tostadas y huevos, que hay en todas partes y llenan"— y cena pronto, una especie de merienda-cena hacia las siete. Por el camino, frutos secos: "Soy fanática de los cacahuetes, cada vez que vuelvo de Marruecos me traigo dos kilos". Y al final del día, el ritual sagrado. Porque Alicia es, además de motera, una apasionada cervecera que peregrina por el mundo catando marcas locales. "La cerveza me la tomo cuando ya he llegado, es la recompensa: dejas la moto, la tiras ahí y dices: venga, un bar y una cerveza".

Su mapa cervecero da para un capítulo aparte. En Kenia se conformaba con lo que había: "Aquí piensas: una Mahou caliente no me la tomo ni loco, pero una Tusker del tiempo en medio del Masái Mara, que es lo que hay, te la tomas y es una maravilla". 

Una cerveza del tiempo en medio del Masái Mara, que es lo que hay, es una maravilla

Por ahí aparece un destino reciente que une sus dos pasiones, viajar y la cerveza, que recomienda últimamente a todo el que le pregunta: “Eslovenia es una preciosidad y con una cerveza espectacular en todas partes". Su consejo de barra: las IPA session, "las que menos alcohol tienen y, para mí, las más ricas".

Llorar debajo del casco

No todo es estampa de postal o, seamos ciudadanos de nuestro tiempo, post de Instagram. Alicia es la primera en contarlo sin maquillaje. "He llorado mucho debajo del casco", confiesa. Al principio del viaje, sin experiencia y mal acompañada, lo pasó francamente mal: "Me dolían las muñecas, me dolía la cabeza, comía mal, no me hidrataba bien… todo era horrible". A eso se sumaba una pena recién estrenada: "Justo antes de irme falleció mi abuela, y me acordaba mucho de ella, hablaba con ella y lloraba", recuerda.

Alicia Sornosa posa junto a un cartel que advierte del peligro de animales

Aunque no son esas las únicas lágrimas que ha derramado Alicia sobre la moto. También las hay de felicidad y emoción. Como en Tierra del Fuego, cuando el cielo se rompe en rosa, azul, naranja y amarillo. "Dices: gracias por permitirme ver esta maravilla. Te caen las lágrimas de lo emocionante y lo bonito que puede llegar a ser". 

Esa emoción, además, se le ha vuelto contagiosa desde que guía a otros. Le encanta volver a sitios mil veces vistos con gente que los descubre por primera vez: "Vuelvo a descubrir los sitios con ojos nuevos". En la última Carretera Austral, una compañera primeriza se quitaba el casco y se ponía a llorar. "Mi amiga Marcia y yo nos mirábamos y nos acordábamos de que nosotras también lloramos la primera vez. Te contagia el entusiasmo, y eso mola mucho".

África, ‘su’ continente

Si le preguntas por su lugar en el mundo, no duda: África. "Creo que es el continente más puro, donde el ser humano se enfrenta más de tú a tú con lo que le rodea. Estoy dispuesta a volver cada semana", afirma sin dudar. Reivindica rincones que casi nadie nombra, como Malawi: "Es de los países menos conocidos, más pequeños y más pobres, y con una riqueza increíble en cultura, gente y paisaje. Tiene bosques de caucho y plantaciones de té que me dejaron alucinada. Y solo una tercera parte es tierra; el resto es un lago de agua dulce de donde sacan esos pececitos de colores que están en los acuarios”. 

África es el continente más puro, donde el ser humano se enfrenta más de tú a tú con lo que le rodea

También menciona Sudán: “Es una pasada, pero es bastante más conocido, sobre todo por las guerras y las hambrunas, desgraciadamente. De Malawi se habla poco". 

Alicia reivindica los países con menos recursos por experiencia propia. Pone un ejemplo para entenderlo con facilidad: los robos. “Me he bañado en bragas, o en bolas, en un montón de ríos y pozas porque no tenía bañador, pero lo peor que te puede pasar es eso, dejar la ropa cerquita y taparte enseguida si viene alguien. Sin embargo, en Estados Unidos me robaron todo el equipo de camping con el saco, la tienda, los pucheritos, la cocina… También me han robado en Australia, en un pueblecito, y en Barcelona me robaron el ordenador. En los países más desarrollados y en las ciudades más grandes es donde más te roban; en los sitios más pequeños y en los países más pobres es donde más respetan tus pertenencias”.

Alicia Sornosa posa sobre su moto

Alicia, más allá de tener siempre en mente regresar a África, sueña con Brasil, con recorrer una carretera amazónica, un proyecto que ha peleado por sacar adelante desde hace años y que ahora por fin se hace realidad. Alicia pilotará su Ducati Scrambler en la BR-319 junto a su amiga Marcia, que en este caso ejercerá de ‘rutóloga’. “Está en la zona de Manaos, en medio de la Amazonía. Todavía no se ha conseguido asfaltar entera y hay mucha controversia: todo el mundo quiere que llegue el asfalto hasta su casa, porque facilita la educación, la sanidad, poder tener otro tipo de comida; pero, por otro lado, es una parte de la Amazonía que va a desaparecer, y muchas formas de vida van a desaparecer al haber una carretera asfaltada. Llevo años detrás de este viaje”, explica.

Ese viaje, que ha costado sudor y lágrimas financiar y que todo el mundo podrá seguir a través de @aliciasornosa, no va a ser ni mucho menos sencillo. “No va a ser nada fácil. Marcia lo ha estudiado mucho: vamos a hacer una parte navegando, cuatro o cinco días por el río con las motos encima de una barca”, explica.

No va a ser nada fácil. Vamos a hacer una parte navegando, cuatro o cinco días por el río con las motos encima de una barca

¿Y la familia, que la ve marcharse una y otra vez? “Cada vez que me voy les digo: si me pasa cualquier cosa, a día de hoy soy feliz, esto es lo que he querido, he visto más que la mayoría de la gente del mundo. Si pasa algo, acordaos de mí con alegría".

Y así seguirá Alicia, tal y como ella misma confiesa, “mientras el cuerpo aguante". Y luego está el plan B, que es en realidad el plan de sus sueños: un Unimog con tienda, cocina y placas solares "para largarme por ahí a descubrir mundo, eso sí, con una motito detrás". Sin tener que buscar hotel por el camino: "El mejor hotel es el que abres la puerta y tienes la naturaleza delante".