Identifican la red cerebral responsable del párkinson y abren la puerta a mejores tratamientos

Un avance que podría no solo mejorar el control de los síntomas, sino incluso ralentizar la progresión de la enfermedad
Párkinson y parkinsonismo: por qué no son iguales y qué debes esperar de cada diagnóstico
Durante décadas, el párkinson se ha explicado principalmente como un trastorno del movimiento causado por la degeneración de neuronas productoras de dopamina en una región concreta del cerebro. Sin embargo, un nuevo hallazgo científico está cambiando esa visión. Un grupo de investigadores internacionales ha sido capaz de identificar una red cerebral concreta cuya alteración podría explicar el origen y la evolución de esta patología además de, lo que resulta aún más relevante, abrir el camino hacia tratamientos más eficaces y personalizados.
El párkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta a más de diez millones de personas en el mundo y cuyos tratamientos actuales se limitan a aliviar los síntomas, pero no frenan su progresión ni tampoco ofrecen una cura definitiva.
La red que conecta cuerpo y mente
El avance científico se centra en la llamada red de acción somato‑cognitiva, un circuito cerebral que integra funciones relacionadas con el movimiento, la planificación de acciones, la motivación, el estado corporal y los procesos cognitivos.
Según el estudio, esta red queda alterada de una forma específica en pacientes con párkinson. En concreto, los investigadores detectaron una hiperconectividad anómala entre la red en cuestión y estructuras profundas del cerebro implicadas en el control motor, como el subcórtex o la sustancia negra.El investigador Hesheng Liu, uno de los autores del trabajo, explica que este circuito “apoya la planificación de las acciones y la coordinación del movimiento de todo el cuerpo”, además de influir en funciones autonómicas como la digestión o el control de la presión arterial.
Esta información nos ayuda a comprender por qué el párkinson no solo provoca temblores o rigidez, sino también síntomas como problemas del sueño, alteraciones cognitivas, fatiga o trastornos emocionales, que en muchos casos aparecen antes de los síntomas motores clásicos.
Un cambio radical en la forma de tratar la enfermedad
Para comprobar el papel de esta red, los científicos analizaron datos cerebrales de 863 personas, incluyendo pacientes con párkinson, voluntarios sanos y afectados por otros trastornos del movimiento. Los resultados revelaron que los tratamientos actuales, como son la medicación dopaminérgica, la estimulación cerebral profunda o la estimulación magnética transcraneal, funcionan mejor cuando consiguen reducir la hiperconectividad entre la red de acción somato-cognitiva y las regiones profundas del cerebro.
El hallazgo tiene implicaciones especialmente prometedoras en las terapias de neuromodulación. En ensayos con estimulación magnética transcraneal, dirigir la intervención hacia esta red en lugar de a áreas motoras tradicionales logró duplicar la eficacia clínica del tratamiento en algunos pacientes.
En concreto, el ensayo clínico reveló que el 56% de los pacientes tratados con estimulación dirigida a esta red respondió de forma positiva, frente al 22% cuando se aplicaba en regiones cerebrales cercanas. Además, los investigadores creen que este enfoque podría permitir iniciar tratamientos antes y con técnicas menos invasivas, reduciendo la necesidad de cirugía cerebral en determinadas fases de la enfermedad.

Un descubrimiento prometedor, pero aún con cautela
El hallazgo también refuerza la idea de que el párkinson no debe entenderse únicamente como un daño localizado en el cerebro, sino como un trastorno de redes neuronales complejas. Se trata de un cambio a nivel conceptual que podría facilitar diagnósticos más precisos y terapias personalizadas en el futuro.
Sin embargo, los expertos subrayan que todavía es pronto para trasladar estos resultados a la práctica clínica habitual. El neurólogo Álvaro Sánchez Ferro, portavoz de la Sociedad Española de Neurología, considera que se trata de “un trabajo interesante y robusto que nos ayuda a entender cómo el cerebro está funcionando mal en estas patologías”, aunque advierte que serán necesarios ensayos clínicos adicionales antes de aplicar estos avances a gran escala.
Otro reto será integrar el análisis de estas redes neuronales en la práctica hospitalaria, ya que su estudio requiere técnicas avanzadas de neuroimagen que aún no forman parte de la rutina clínica. Aun así, los científicos creen que comprender cómo interactúan estas conexiones cerebrales podría permitir, en el futuro, no solo mejorar el control de los síntomas, sino incluso ralentizar la progresión de la enfermedad.

