Los hábitos de la adolescencia que podrían influir en la demencia, según un estudio
Ciertos hábitos adquiridos a edades muy tempranas tendrían conexión con la enfermedad, según un estudio
Casi la mitad de los casos de demencia y alzhéimer podrían prevenirse, según un estudio
La demencia no es solo una cuestión de vejez; cada vez más estudios indican que sus raíces se asientan mucho más temprano de lo que imaginábamos. En realidad, esta enfermedad es producto de una acumulación de factores de riesgo que pueden empezar incluso antes del nacimiento y consolidarse durante la infancia, la adolescencia y la juventud. En ese sentido, una investigación publicada en 'The Lancet' concluía que los esfuerzos de prevención no deberían centrarse solo en los mayores, sino en personas en cualquier etapa de la vida.
En concreto, los 27 expertos involucrados en el estudio aseguran que cerca de la mitad de los casos de demencia podrían prevenirse o, al menos, atenuarse si se controlaran 14 factores de riesgo desde que somos niños. Esta enfermedad tendría conexión con hábitos que muchas veces se adquieren en la juventud (sedentarismo, consumo de alcohol, tabaquismo) y que, con el paso de los años, acumulan daño en la salud del cerebro.
Por ejemplo, cerca del 80% de los adolescentes con obesidad conservarán esta condición en la adultez. Realizar cambios en el estilo de vida después de años es más difícil que centrarse en prevenir conductas dañinas desde la infancia, según los autores del estudio. En ese sentido, sugieren que deberían existir políticas públicas y estrategias nacionales que integren la salud cerebral desde la infancia hasta la vejez como parte de los programas de salud.
Cómo contrarrestar los factores de riesgo
Los investigadores establecieron una serie de recomendaciones para contrarrestar estos factores de riesgo: exceso de 'colesterol malo', pérdida de visión no específica y no tratada en la infancia, niveles bajos de educación, déficit auditivo, elevada presión arterial, tabaquismo, obesidad, depresión, sedentarismo, diabetes, excesivo consumo de alcohol, daño cerebral traumático, aislamiento social y exposición a la contaminación del aire.
- Garantizar una educación de calidad para todos y fomentar actividades cognitivas estimulantes en la mediana edad para proteger la cognición.
- Hacer accesibles los audífonos a las personas con pérdida de audición y disminuir la exposición a ruidos perjudiciales para reducir la pérdida de audición.
- Tratar eficazmente la depresión.
- Fomentar el uso del casco y la protección de la cabeza en los deportes de contacto y en bicicleta.
- Fomentar la práctica de deporte y el ejercicio.
- Reducir o eliminar el consumo de cigarrillos mediante la educación, el control de precios y la prevención del tabaquismo en lugares públicos
- Prevenir o reducir la hipertensión y mantener la presión arterial sistólica de 130 mm Hg o menos a partir de los 40 años.
- Detectar y tratar el colesterol LDL elevado a partir de la mediana edad.
- Mantener un peso saludable y tratar la obesidad lo antes posible.
- Reducir el consumo elevado de alcohol.
- Dar prioridad a los entornos y viviendas comunitarios y de apoyo, y reducir el aislamiento social.
- Poner al alcance de todos la detección y el tratamiento de la pérdida de visión.
- Reducir la exposición a la contaminación atmosférica.
Prevención durante toda la vida
Otro estudio realizado en 2023 por investigadores de Suecia y la República Checa refuerza la idea de que el cerebro empieza a verse condicionado desde las primeras etapas de la vida. Los investigadores identificaron varios factores presentes en el nacimiento que se asocian con un ligero aumento del riesgo de desarrollar demencia décadas después. Algunos de ellos escapan a nuestro control, como haber compartido el embarazo con un gemelo, pero otros sí podrían influir en la toma de decisiones reproductivas, como intervalos muy cortos entre embarazos o la maternidad a partir de los 35 años.
Otros estudios de seguimiento a largo plazo muestran que la capacidad cognitiva en la vejez guarda una relación estrecha con el rendimiento intelectual en la infancia. Y también se han detectado señales de daño cerebral en personas mayores que parecen estar más relacionadas con exposiciones y comportamientos en la juventud que con hábitos poco saludables recientes. Todos estos hallazgos sugieren que la prevención de la demencia debe considerarse como un objetivo a lo largo de toda la vida, no solo como una medida reactiva en la vejez.
