Neurociencia

El silencio como método para 'limpiar' el cerebro más allá de los 50: "Se activan neuronas que calman"

El silencio puede ser una forma de 'limpiar' el cerebro. Getty Images
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Vivimos rodeados de estímulos. La vibración y notificaciones del móvil, el televisor sonando de fondo, el tráfico colándose por la ventana, los compañeros de trabajo hablando por encima del límite de decibelios razonable... y cuando al final del día parece que todo se apaga, aún queda el murmullo constante de información en la cabeza. Para muchas personas mayores de 50 años, que crecieron en una época con menos ruido tecnológico, esta saturación resulta especialmente evidente. Lo curioso es que la ciencia empieza a confirmar algo que ya sospechábamos, que el silencio puede ser una forma de 'limpiar' el cerebro.

No hablamos a nivel metafórico. Diversos estudios neurocientíficos concluyen que la ausencia de estímulos sonoros produce cambios medibles en el cerebro y activa procesos relacionados con la regeneración neuronal, la calma mental y la reorganización de la información.

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El estímulo más eficaz

Uno de los experimentos más citados en este campo fue realizado por la investigadora Imke Kirste y su equipo en la Universidad de Duke. Los científicos expusieron a ratones a distintos entornos auditivos: música, ruido blanco, sonidos naturales y periodos de silencio absoluto. Lo sorprendente fue que el silencio resultó ser el estímulo más eficaz para favorecer la neurogénesis en el hipocampo, una región clave para la memoria y el aprendizaje.

El hipocampo es una estructura esencial para recordar nombres, ubicar recuerdos y aprender información nueva. En adultos mayores, mantener su buen funcionamiento es vital para preservar la agilidad cognitiva. En el experimento, los ratones que permanecían en silencio durante dos horas diarias mostraban un aumento en la generación y supervivencia de nuevas neuronas en esa zona cerebral.

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Neuronas de omisión

Otro hallazgo relevante proviene de un estudio del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, en Salamanca, y publicado en 'Science Advance'. Los investigadores identificaron un tipo de células que denominaron “neuronas de omisión” que se activan cuando falta un sonido esperado dentro de una secuencia regular de estímulos auditivos.

Este fenómeno se relaciona con la llamada codificación predictiva, un mecanismo mediante el cual el cerebro anticipa lo que va a ocurrir y ajusta sus circuitos cuando la realidad no coincide con lo esperado. En otras palabras, el silencio no es un vacío, sino información para el cerebro.

Descanso neuronal

La neurocientífica española Nazareth Castellanos ha explicado recientemente este fenómeno en la cadena SER, señalando que existen neuronas que se activan cuando escuchamos sonidos y otras que lo hacen cuando desaparecen los estímulos auditivos.

En sus palabras, el cerebro trabaja tanto con el ruido como con el silencio. Y esas neuronas activadas por la ausencia de estímulos podrían estar relacionadas con procesos de descanso neuronal y regulación interna. Castellanos apunta que estas redes neuronales “ayudan a la limpieza del cerebro y a calmar”, una idea que conecta con investigaciones previas sobre el sistema glinfático, el mecanismo encargado de eliminar residuos metabólicos del tejido cerebral, especialmente durante el sueño.

Durante momentos de descanso -especialmente durante el sueño- elimina residuos metabólicos que se acumulan en el tejido cerebral. El silencio y la reducción de estímulos podrían facilitar estados cerebrales que favorecen este proceso.

Muchas personas descubren que las mejores ideas aparecen caminando en silencio, conduciendo sin radio o simplemente sentadas sin distracciones. No hace falta retirarse a un monasterio ni apagar el mundo entero. Los estudios sugieren que pequeños periodos de silencio pueden tener efectos beneficiosos. Pasear sin auriculares, desayunar sin televisión o dedicar unos minutos al día a la quietud son formas sencillas de darle al cerebro ese espacio.

En ese sentido, Castellanos menciona la llamada privación sensorial breve, que no implica un aislamiento extremo, sino algo mucho más cotidiano. Puede ser suficiente con "buscar al menos unos minutos a lo largo del día" en los que se reduzcan al mínimo los estímulos: cerrar los ojos, evitar sonidos y tratar de no interactuar con el entorno, explica.

En una época obsesionada con llenar cada minuto de alicientes, el silencio puede parecer incómodo al principio. Pero la neurociencia empieza a mostrar que, lejos de ser un vacío, es un estado activo que permite al cerebro reorganizarse, regenerarse y recuperar el equilibrio. “Cuando las neuronas empiezan a perder los estímulos que vienen de fuera se encogen un poquito”, indica Castellanos, lo no significa desconexión, sino un reajuste hacia estados más calmados.

A partir de cierta edad, cuidar la salud cerebral se vuelve tan importante como cuidar el corazón o los músculos. Y quizá una de las herramientas más simples para hacerlo sea algo tan elemental como cerrar los ojos y escuchar el silencio.