Dudas para el doctor

Antonio Alcaraz, urólogo: “Uno de cada 10 hombres tendremos cáncer de próstata, pero el 85% se curan”

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El doctor Alcaraz en la Universidad de Barcelona. (Foto: UB)
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El doctor Álcaraz es una eminencia mundial en el campo de la urología. Ha abierto camino en el uso de técnicas innovadoras, desde la laparoscopia, a los trasplantes robóticos. Dirige el equipo de urología del hospital Clinic de Barcelona donde realizó el primer trasplante de útero en Europa a una mujer que ha sido madre recientemente. Ha realizado 1.900 trasplantes de riñón y enseña lo que ha aprendido en su cátedra de Medicina de la Universidad de Barcelona.

Dígame doctor, ¿por qué es innegociable acudir al urólogo a partir de los 50?

Bueno, yo no diría que es innegociable, pero sí es importante. Fundamentalmente porque tenemos próstata, y la próstata tiene, básicamente, tres enfermedades que se dan principalmente a partir de los 50. Una: inflamaciones de la próstata, que se tratan básicamente con antibióticos, pero no suelen tener mayor trascendencia, salvo la incomodidad. Pero luego hay dos que tienen más relevancia y que son francamente importantes. La primera es el crecimiento de la próstata. Eso es lo que hace que los hombres nos acabemos levantando por las noches, orinando con poca potencia…

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Y, por último, el cáncer de próstata. Uno de cada diez hombres vamos a ser diagnosticados con un cáncer de próstata. Afecta a muchas personas y tenemos una manera de hacer un diagnóstico precoz, con un análisis de sangre que mide el PSA (antígeno prostático específico). Si es alto, hay que hacer más pruebas, porque puede ser cáncer de próstata.

Estamos en 2026 ¿Es inevitable el tacto rectal en las exploraciones?

No. No voy a decir que esté muerto, porque no es así, pero hoy en día es mucho más importante la determinación del PSA y, ante una elevación del PSA, una resonancia magnética.

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La sensibilidad de una resonancia magnética para diagnosticar un cáncer de próstata multiplica por diez la precisión del tacto rectal. Hay tumores que no cambian la textura al tacto de la próstata y hay otros que no están en la zona accesible al dedo introducido por el recto. El tacto rectal se hace cada vez menos, y si se hace, normalmente se hace una vez. Realmente es algo que está en claro desuso.

Usted es un innovador. ¿Qué tiene en mente ahora?

Me interesa mucho cómo somos capaces de integrar la inteligencia artificial en la cirugía, para hacer que esa cirugía sea más precisa, con menos complicaciones. Y en la cirugía oncológica, con menos riesgos de márgenes tumorales positivos. Ahí es donde yo creo que va a estar la gran innovación en el futuro próximo.

Cuando uno logra el primer trasplante de útero en Europa, a una mujer que no tenía útero ni trompa de Falopio y que, por lo tanto, era estéril… y luego le dicen que esa mujer ha tenido un hijo gracias a su operación, ¿cómo se le queda el cuerpo?

Fue un salto cualitativo a un tipo de trasplante de extremada complejidad y cuyo producto ya no es quitar o poner un órgano, sino que, al poner un órgano, esa mujer es capaz de concebir vida.

Por su complejidad y por el resultado final —que es el nacimiento de un crío, de una criatura— para mí fue como ir a la luna. Es como si hubiera pasado de pilotar un caza, a pilotar una nave espacial y ponerme en la luna. Creo que el logro más importante de mi vida profesional.

¿Y quién le baja luego a uno a la Tierra?

Seguro que hay un punto de vanidad en ese tipo de cirugías: cirugías de 20 horas, con resultados tan espectaculares. Es el contacto con el paciente el que te devuelve a la realidad, al sufrimiento de la persona y a lo hermoso de nuestra profesión. En la medicina pública ves gente absolutamente humilde y absolutamente digna, y que te reconforta y te devuelve a tu vocación de cuando tenías 20 años, cuando tú querías ser médico y lo único que importaba en el mundo era curar.

Y la otra cara de la moneda: cuando se pierde a un paciente en un quirófano, ¿cómo se digiere eso?

Pues muy mal. Afortunadamente, en mi especialidad existen pocas muertes intraoperatorias. Yo he vivido un par y todas ellas han sido en pacientes traumáticos, en urgencias, donde yo formaba parte del equipo que trataba esas grandes lesiones y es realmente duro el desconsuelo, la impotencia al ser incapaz de llevar un paciente hacia adelante.

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¿El cáncer de próstata tiene un alto componente hereditario?

Es multifactorial, pero sí, existe un componente hereditario a través de los genes. Cuando tienes un familiar en primera línea —es decir, un hermano, un padre— con cáncer de próstata, tu posibilidad de tener un cáncer de próstata ya no es un 10%: es un 25%. Y cuando tienes dos familiares en primera línea —un hermano, un padre, un tío—, entonces te aumenta al 40%. Sí, hay un componente hereditario importante en el cáncer de próstata.

¿Qué índice de supervivencia tienen estos cánceres?

El cáncer de próstata tiene una mortalidad en nuestro medio de un 15%. El motivo es que la inmensa mayoría los diagnosticamos de forma localizada, no en forma metastásica. En nuestro medio solamente hay un 5% que se diagnostican metastásicos, y eso es por las pruebas que hablábamos al principio: el PSA. Es el diagnóstico más temprano.

Y lo segundo es que muchos de esos enfermos los curamos, y los que no curamos somos capaces de alargarles la vida durante muchos años. De manera que, con un diagnóstico de cáncer de próstata, es raro morirse en menos de 10 años.

Lo cual no quiere decir que no te vayas a morir igual en 15, 18 o 20. Pero bueno, como es un tumor que diagnosticamos a partir de los 65, pues hay mucha mortalidad intercurrente por otros motivos, como enfermedad cardiovascular y otras cosas. Eso hace que, del total de diagnósticos, más o menos en nuestro medio, la mortalidad esté alrededor del 15 al 17%.

¿El cáncer de próstata avisa?

Poco. Avisa cuando tiene metástasis, si no, es un tumor silente. El que tenga síntomas a la hora de orinar —que el chorro sea bajo, que orines con más frecuencia, que te levantes por la noche, que cuando te entren ganas de orinar tengas que ir rápido por si no, se te escaparía—, eso no es síntoma habitual de cáncer. Eso es síntoma habitual de crecimiento de la próstata, pero no de cáncer.

Y el cáncer, cuando da síntomas, suele ser porque tengas una metástasis en un hueso y empiezas con dolor en un hueso. Pero eso ocurre solamente en un 5% de los pacientes.

Entre los otros cánceres —el de vejiga y el de riñón—, ¿cuál es el que tiene peor diagnóstico?

El segundo que le sigue en frecuencia es el de vejiga. Y en vejiga tenemos dos grandes apartados. Hay unos que son más de crecimiento local y que son relativamente manejables con cirugía endoscópica, con una baja mortalidad. Y luego tenemos otra parte: tumores más agresivos, de alto grado, con una gran capacidad de infiltración. Cuando ocurre esta infiltración de la pared de la vejiga, llega a tener una mortalidad del 50%, a pesar de tratamientos muy agresivos como quitar la vejiga y hacer derivaciones urinarias, quimioterapias —que ahora ya empiezan a estar en desuso— y están llegando nuevos fármacos más interesantes.

El cáncer de vejiga tiene como dos almas: si tienes uno de estos poco agresivos, lo puedes manejar relativamente bien; si tienes uno de los agresivos, hay que ir con tratamientos muy contundentes, tanto médicos como quirúrgicos o radioterápicos.

Y el de riñón es menos frecuente y, afortunadamente, ahora por cualquier motivo se puede hacer una ecografía abdominal y tenemos mucho diagnóstico incidental de lesiones menores de 4 centímetros, que prácticamente son todas curables con cirugía y ni siquiera es necesario quitar todo el riñón.

Y luego existen estas lesiones mayores, sobre todo mayores ya de 7 centímetros, donde el riesgo de metástasis es más elevado. A pesar de que hemos tenido grandes avances en los últimos años, cuando ya es una enfermedad avanzada —que es la minoría— el pronóstico no es bueno. Aunque la inmunoterapia nos ha venido a doblar la supervivencia de estos pacientes.

¿La disfunción eréctil se puede prevenir?

Sí, se puede prevenir. De hecho, la disfunción eréctil más común, si no hay un motivo psicológico, habitualmente es un problema vascular, de llegada de sangre al pene. Ahí está el problema fundamental. ¿Cómo se previene? Previniendo una enfermedad vascular, igual que puede ser un infarto o un accidente vascular cerebral, esto es, previniendo la hipertensión, previniendo la diabetes, previniendo el sobrepeso, manteniendo una actividad física moderada… lo típico, manteniendo una dieta mediterránea equilibrada. Nosotros nos hacemos viejos —como decía el gran Gregorio Marañón— porque nuestras arterias se hacen viejas. Si vivimos lo suficiente, al final vamos a tener un deterioro en nuestras arterias por desgaste.

Pero, si tenemos hipertensión, diabetes, obesidad, no hacemos ejercicio, es probable que a los 50 ya empecemos con una disfunción eréctil. En cambio, si nos cuidamos mucho, igual llegamos a los 80 con una erección satisfactoria. Por tanto, sí que es prevenible.

¿Y es operable?

Sí, es operable. Fundamentalmente, es operable mediante el implante de prótesis de pene. Existen algunas otras cirugías de fuga venosa, más discutibles; algunas revascularizaciones… pero eso realmente es un porcentaje mínimo de la cirugía por disfunción eréctil. Cuando ya se ve que no hay una erección, eso nos lleva a colocar una prótesis de pene.

La vida sexual activa, ¿es buena para la salud del aparato reproductor y urinario del hombre y la mujer?

La vida sexual es absolutamente importante, no solo para el aparato reproductor de mujer y hombre, sino para tu bienestar, para tu equilibrio emocional. Yo creo que forma parte de nosotros. No hay nada tan primitivo como comer y reproducirse. Evidentemente, tenemos que disociar la vida sexual de la vida reproductiva, pero la sexualidad es algo que está muy en nuestros instintos.

En el año 2013 ya se generó un tejido renal artificial que producía orina, hace más de 10 años. ¿Cuánto falta para la creación de órganos artificiales que se puedan trasplantar?

Se sigue trabajando en ello. Hay que montar todo ese tejido renal sobre una serie de estructuras que le den forma de implantable… Se sigue trabajando, pero realmente no tenemos fecha de que eso esté por llegar.

Es más probable que se pueda trabajar sobre modelos porcinos con manipulación genética, que hagan una tolerancia inmunológica y que se pueda trasplantar. Y esto ya hay algún ejemplo humano realizado.

Yo veo más por ahí el hecho de repoblar esos riñones porcinos con celularidad humana… probablemente los tiros van más por ahí.

¿Llegará esto antes, usted cree, que la curación del cáncer de próstata o de riñón por otro medio?

Todo se está acelerando de una forma impresionante. La inteligencia artificial va a acelerar, no sé si la curación o la cronificación de la mayor parte de cánceres; pero también nos va a ayudar mucho en la generación de estos órganos implantables, bien sea sobre una base porcina o algún otro tipo de estructura donde podamos montar esa celularidad que podemos obtener de una simple biopsia de piel, que es muy interesante.

Usted es hijo de una familia modesta de Granada, que tuvieron que emigrar a Cataluña; se educó en lo público y ha conseguido ser una referencia mundial en su campo. ¿Eso solo podría haberlo hecho habiendo nacido en una familia modesta en Estados Unidos, por ejemplo?

Pues no lo sé. Mi bendición realmente fue tener unos padres como tuve. Lo único importante que había era que mis hermanos y yo pudiéramos estudiar. Entonces, nosotros teníamos el sueldo de mi padre, que era suficiente para vivir, y todo el dinero que había se dedicaba a la educación nuestra. Afortunadamente, teníamos unas universidades públicas donde las matrículas no eran especialmente caras, con lo cual pudimos estudiar tanto mis hermanos como yo, fácilmente.

Yo soy un gran defensor de lo público; siempre lo voy a ser. Y también defensor de una medicina privada, alternativa. No hay que criminalizar nada.

Si lo podría haber hecho en Estados Unidos o no… yo estoy convencido de que sí. El sistema americano permite tener una serie de créditos bancarios que tú devuelves en tus primeros años de trabajo. Es un sistema diferente, pero bueno, un sistema alternativo también bueno. Yo, personalmente, me gusta más el europeo. Creo que tenemos un país que no nos lo merecemos: una maravilla de país, con una calidad de vida extraordinaria, que tiene todos los medios necesarios para ser feliz.

Pero nos hacemos viejos. ¿Está preparado el sistema sanitario para el envejecimiento de la sociedad, que ya está aquí?

Tenemos que prepararnos. No va a ser fácil y me preocupa. Tenemos una sociedad que está envejeciendo, que va a ser muy demandante. El modelo familiar ha cambiado, los hijos trabajan, no pueden atender a sus padres.

Es complejo y es caro. Incluso el modelo sanitario es muy caro, para mantener todo lo bueno que estamos siendo capaces de ofrecer desde el Estado a todos los ciudadanos. Yo creo que eso es un lujo. El modelo educativo hay que mantenerlo. Y el modelo sanitario, no solo de atención médica, sino también a estos ancianos, de cuidados de los ancianos, que lo han dado todo por nosotros… pues hay que mimarlos. Y no va a ser fácil económicamente.

La medicina personalizada es el futuro, pero hay una tendencia a pensar que solo los que van a tener dinero se lo van a poder pagar, ¿Será posible llegar a una medicina personalizada para todos?

Estoy convencido. Normalmente todo empieza con una punta de lanza. Esa punta de lanza que suele ser minoritaria, carísima, etcétera. Cuando se curó el primer niño con una leucemia con células CAR-T, el coste de ese tratamiento superó el medio millón de euros. Hoy en día, somos capaces, en la India, de producir células CAR-T antitumorales por 10.000 euros. Eso ha sido una evolución en 10 años, probablemente en menos.

Por tanto, sí que al principio puede ser muy minoritario, pero al final seremos capaces de ampliarlo. Y, de nuevo, si somos capaces de utilizar las herramientas de inteligencia artificial, vamos a poder abaratar mucho estos tratamientos.

¿Cómo se cuida usted?

A mí me gusta correr. Pero todo el mundo me dice que soy tonto, que deje de correr y que haga más fuerza. Yo sigo corriendo; me encanta correr. Salgo con los amigotes a montar en bici y ese rato es maravilloso, y el almuerzo… Aunque yo soy andaluz, y además lo llevo a muchísima honra, aquí con mis amigos catalanes cumplimos con la tradición del almuerzo de las 10 de la mañana. Yo diría que una combinación de ejercicio aeróbico con un poquito de fuerza sería lo ideal. Además, llevo una alimentación equilibrada y el peso adecuado a mi estatura. Soy “una torre” de 1,65 y peso 60 kilos.

¿Los cirujanos tienen edad obligatoria de jubilación?

Es España los cirujanos no tienen afortunadamente una edad obligatoria de jubilación. Con los años si te cuidas poco seguramente pierde resistencia física, pero acumulas un caudal de experiencia que es muy difícil de sustituir de golpe. Creo que debe haber un tránsito que te permita ser capaz de transmitir todo tu conocimiento a las nuevas generaciones. Yo lo hago en el Clinic de Barcelona, gracias a Dios hay un relevo maravilloso de urólogos detrás mío que van a mantener ese conocimiento a futuro. Es uno de mis mayores logros. Pero ya le tengo pedido a algún discípulo que cuando llegue el momento me diga: “Alcaraz, ya no eres el Alcaraz que eras”. Ese día dejaré de operar.

¿Hoy, a los 64 años haría una operación como la del trasplante de útero de casi 20 horas?

Sí, sin duda. No pienso en absoluto en la jubilación. Sería desperdiciar mi conocimiento y todavía me encuentro con fuerza y con ganas de innovar, de investigar… de momento estamos a tope.