Dormir poco afecta a nuestro cerebro, que sufre "breves apagones de actividad": “Es como estar borracho"
La falta de sueño presenta muchas adversidades para nuestro cuerpo; sin embargo, hay un efecto sorprendentemente llamativo
Siete formas de mejorar la calidad de tu sueño apoyadas por la ciencia
Dormir es esencial para nuestro cuerpo y mente: desde la regeneración de tejidos cerebrales hasta asentar conocimientos en nuestra cabeza, pasando por algo tan básico como obtener la energía que necesitamos para el día siguiente.
En España, los últimos datos de la Sociedad Española de Neurología muestran cómo “menos del 50% de la población duerme las horas recomendadas”. Añaden que “más de 4 millones de personas padecen algún tipo de trastorno crónico y grave” del sueño. Sin embargo, más allá de las métricas, ¿qué le pasa a nuestro cerebro cuando no podemos dormir? La psicóloga clínica integrativa Anna Sibel explica uno de los más llamativos: “es como ir borrachos”.
¿Qué le pasa a nuestro cerebro si no dormimos?
“No se trata de una metáfora”, inicia la experta. “A nivel cognitivo, nuestro cerebro privado de sueño pierde precisión, control y capacidad de regulación”. Señala, además, que los efectos “pasan desapercibidos para quién los padece, ya que el cerebro cree estar funcionando mejor de lo que realmente lo hace”.
¿Cuáles son las primeras muestras de estos efectos? Sibel menciona los “breves apagones de actividad”: “Duran unos segundos; nuestra atención sostenida se fragmenta y esto puede ocurrir durante una conversación, conduciendo, etc.”
Nuestra memoria es otra de las damnificadas, sin embargo, es lo único: “perdemos eficacia a la hora de retener información que tenemos que usar en ese mismo instante”. A la capacidad de retener, se le añade la merma en la capacidad de procesar, ya que “tardamos más en integrar información y responder a estímulos”.
El juicio se deteriora y tomamos decisiones impulsivas
Del mismo modo que con el alcohol, señala Anna Sibel, cuando dormimos poco “nuestro cerebro evalúa peor el riesgo, tiende a decisiones impulsivas y muestra una confianza excesiva en sus propias capacidades”.
“Tendemos a asumir más riesgos, cometer más errores y mostrar menor capacidad para anticipar consecuencias”, explica. No obstante, además de las mermas en capacidades de memoria, procesamiento o de reacciones, las emociones son otra parte fundamental de la escena.
¿Qué sucede con nuestras emociones si no hemos dormido bien?
“Los circuitos relacionados con el estrés y con las amenazas se vuelven más reactivos. Las pequeñas frustraciones se perciben como problemas mayores”, enfatiza Sibel.
A estos elementos se les ha de sumar lo siguiente: “aumenta la irritabilidad y la impaciencia y tenemos más dificultades para gestionar conflictos, tolerar la frustración o mantener la calma bajo presión”.
Así pues, Anna Sibel destaca, por encima de todo, tres elementos fundamentales que derivan de la falta de sueño: “ansiedad, síntomas depresivos y sensación de agotamiento mental”.
El estudio de Williamson y Feyer
Las investigadoras AM Williamson y Anne-Marie Feyer, en el año 2.000, publicaron el que se convertiría en uno de los estudios referentes en este ámbito.
Publicado en la revista ‘Occupational & Environmental Medicine’ analizaron el comportamiento de 39 personas: primero se les había privado de sueño durante 28 horas y después se les proporcionó una dosis de alcohol para que dieran unos niveles de concentración en sangre del 0,1%.
¿Y cuáles fueron sus conclusiones? “El cansancio derivado de la privación de sueño es un factor igualmente importante para comprometer el rendimiento y precisión en caso de que haya necesidad de tomar medidas de seguridad en carretera y en ámbitos industriales”.
Un detalle del estudio: se hizo énfasis en esos dos aspectos concretos, porque 30 de los 39 participantes formaban parte de los gremios de transporte de mercancías industriales y militares.