Doctor Toribio Mateas, sobre el diagnóstico tardío de TDAH: “A los 47 entendí que no era un fallo de carácter”

El Dr. Miguel Toribio Mateas firma 'Cuerpo y mente TDAH', tras haber sido diagnosticado a los 47
Cómo identificar de adulto si padeces TDAH
Hay un momento, que a veces llega tarde, en el que una biografía se reescribe sin cambiar ni una sola escena, porque lo que cambia es el significado. Eso es lo que describe el Dr. Miguel Toribio Mateas cuando habla de su diagnóstico de TDAH a los 47. “Lo primero fue entender que muchas cosas que yo había vivido como fallos personales no lo eran. El despiste no era falta de interés, la procrastinación no era pereza, la intensidad no era exceso”.
El giro no es solo psicológico, sino que es fisiológico y moral. “Eran expresiones de un sistema nervioso que procesa la información, el tiempo y la motivación de otra manera”. Y, con esa frase, desplaza la culpa de la etiqueta de “defecto” a la pregunta útil (“¿cómo funciono?”). “Ese cambio de mirada me ha resultado muy reparador, porque me ha permitido pasar del reproche constante a la curiosidad y al cuidado”.
Toribio Mateas acaba de publicar ‘Cuerpo y mente TDAH’ (Alienta Editorial) , pero lo más relevante en su relato no es el lanzamiento: es la tesis que atraviesa todo lo que responde. La idea de fondo se resume así: el diagnóstico tardío puede ser un “antes y un después” porque te devuelve una especie de mapa. No borra las dificultades, pero sí “deja de añadir sufrimiento innecesario”.
Cuando dejas de pelearte contigo mismo
“Cambia el punto de partida”, explica al hablar de pasar “de trastorno a neurotipo”. “Cuando alguien deja de verse como defectuoso y empieza a verse como diferente, deja de luchar contra sí mismo”. Al hacerlo “Baja la culpa, baja la autoexigencia crónica y aumenta la capacidad de tomar decisiones más ajustadas a cómo funciona su energía, su atención y su sistema nervioso”.
En adultos, esa autoexigencia suele venir con una estética social, la de funcionar, aguantar, rendir, no molestar. Por eso tiene sentido su afirmación de que “No se trata de negar nuestras dificultades, sino de dejar de añadir sufrimiento innecesario”. Y añade un efecto corporal al afirmar que “la autoaceptación reduce la activación del estrés crónico y facilita una regulación emocional más eficiente”.
En su descripción del TDAH adulto aparece un rasgo que mucha gente reconoce tarde, porque no siempre encaja con el cliché infantil. Habla de “energía mental imparable” y de “diferencias en la percepción del tiempo”. En definitiva, que hay “mentes que no paran nunca, dificultad para desconectar, sensación de ir siempre con prisa aunque no haya prisa real, problemas para estimar cuánto va a durar algo”. A veces no hay hiperactividad física; hay una actividad mental constante que “acaba pasando factura en forma de cansancio, insomnio o irritabilidad”.
Y deja una observación delicada, pero importante, sobre la ‘automedicación’: “Muchas personas recurren al alcohol u otras sustancias como reguladores rápidos para silenciar una mente hiperactiva y sobrecargada”.
Mujeres 50+: competencia por fuera, agotamiento por dentro
Cuando el foco se pone en mujeres adultas, se habla de “Mujeres muy competentes por fuera y exhaustas por dentro. Mucho camuflaje, mucha autoexigencia, tendencia a la rumiación, dificultad para sostener rutinas que no tienen carga emocional”. Y el motivo de consulta suele llegar disfrazado de “ansiedad, insomnio o sensación de estar siempre al límite”.
Su frase más repetida aparece al “rascar”, y se trata de una vida entera de esfuerzo por “funcionar como se espera” y de “nunca haberse sentido suficientemente válidas”. Añadiendo además una capa social que ayuda a entender por qué el diagnóstico se retrasa, por el “volumen mayor de expectativas externas”, más la presión de unos contextos laborales “históricamente desiguales” en los que “se espera que rindan más para demostrar lo mismo”. Con esos ingredientes, el cóctel del TDAH puede permanecer oculto durante años o confundirse con otros diagnósticos que “no llegan a encajar”.
Aquí, el mensaje no es “todo es TDAH”; es otro bien distinto, y pasa por entender que si has vivido décadas interpretando tu cansancio como fallo moral, el diagnóstico tardío es un cambio en el relato, y no te “arregla”, pero sí que explica.
El cuerpo también habla en idioma TDAH
Toribio Mateas insiste en bajar el tema del pedestal químico. “El principal mito es pensar en estos neurotransmisores como botones que se suben o se bajan”. La dopamina “no va solo de placer”, también de “motivación y anticipación”; la serotonina no es “la hormona de la felicidad” y que “se produzca mucho en el intestino no significa” mejor ánimo “automáticamente”. “El sistema nervioso funciona como una red, no como un interruptor”.
Desde ahí, invita a escuchar señales físicas que muchas personas han normalizado. Para quien vive en modo “resuelvo y aguanto”, enumera síntomas de factura: “cansancio que no se quita durmiendo, tensión corporal persistente, irritabilidad y dificultad para disfrutar”. Suma dolores (cefaleas, migrañas, dolor crónico) y problemas digestivos como avisos frecuentes. “El cuerpo suele avisar antes que la mente, pero muchas personas han aprendido a seguir funcionando sin escucharlo”.
¿Y qué propone? No una vida perfecta: herramientas no punitivas. Sobre el sueño, distingue “rituales” de “rutinas” porque “el sistema nervioso no responde tanto a la obligación como a las señales repetidas de seguridad”. Pone ejemplos concretos: bajar la luz al atardecer, apagar pantallas una hora antes, repetir una secuencia sencilla con respiración lenta. “No hace falta hacerlo perfecto. Hace falta hacerlo suficiente y de forma constante”.
Para la productividad introduce un matiz con carga ética: antes de apretar, discriminar si el plazo es real o si estás reaccionando a presión externa. Porque los picos de activación pueden ayudarte a arrancar, sí, pero dejan resaca: “más cansancio, menos creatividad y mayor bloqueo después”. Y cierra afirmando que “No se trata solo de producir, sino de cuidar el sistema nervioso que hace posible cualquier acción sostenida”.

