Estudios

Los fármacos tipo Ozempic podrían mejorar el hígado graso incluso sin pérdida de peso, según un nuevo estudio

Los investigadores María Jesús González Rellán y Daniel J. Drucker. Universidad de Santiago de Compostela
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Los fármacos con semaglutida, como Ozempic y Wegovy, siguen sumando posibles beneficios más allá de la diabetes tipo 2 y la pérdida de peso en personas con sobrepeso u obesidad.

Uno de los últimos focos está en el hígado graso no alcohólico. Estudios previos ya apuntaban a que este tratamiento podía mejorar la acumulación de grasa y algunos marcadores de daño hepático. Ahora, una nueva investigación en ratones va un paso más allá al mostrar que estos efectos se producen incluso sin pérdida de peso, con mejoras a nivel metabólico en el hígado.

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El estudio, publicado este mes en la revista científica Cell Metabolism, ha sido llevado a cabo en colaboración entre el Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum del Hospital Mount Sinai (Toronto, Canadá).

Los investigadores utilizaron ratones con una forma avanzada de enfermedad hepática grasa (MASH) y modelos genéticos para diferenciar el efecto de la pérdida de peso del efecto directo del fármaco. Los resultados mostraron que, incluso sin adelgazar, la semaglutida mejoraba la grasa en el hígado, la fibrosis y la respuesta del sistema inmune, lo que podría explicar por qué algunos pacientes mejoran sin apenas perder peso.

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"El peso no debería ser la única medida de éxito"

"No decimos que la pérdida de peso no sea importante, ya que muchas cosas mejoran cuando los pacientes adelgazan. Pero ahora sabemos que el peso no debería ser la única medida de éxito, porque los medicamentos GLP-1 mejoran la salud del hígado independientemente de si el paciente pierde peso o no", señalan los autores del estudio, entre los que se encuentran María Jesús González Rellán, bióloga galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica 2024, y Daniel J. Drucker, reconocido como uno de los "padres" de Ozempic.

"La novedad de este trabajo es que aporta una explicación biológica plausible: en ratones el fármaco parece actuar sobre un grupo muy concreto de células del hígado, las células endoteliales sinusoidales hepáticas, y desde ahí modula la inflamación, la esteatosis [hígado graso] y la fibrosis", apunta José Pablo Miramontes González, médico internista del Servicio de Medicina Interna del Hospital Río Hortega (Valladolid), a Science Media Centre, quien lo describe como un "estudio preclínico de alta calidad que ayuda a explicar observaciones clínicas".

"Su principal fortaleza es el diseño. Los autores no se limitan a observar que el hígado mejora con semaglutida, sino que intentan explicar por qué ocurre, y encaja bien con lo que ya se venía observando. Puede haber pacientes cuyo hígado mejore aunque la pérdida de peso sea modesta. Eso es clínicamente relevante", añade.

En cuanto a posibles limitaciones, recuerda que "se trata de un trabajo experimental en ratones". "Los modelos animales son útiles para entender mecanismos, pero no reproducen de forma perfecta la complejidad de la enfermedad hepática metabólica en personas".

"Este estudio nos ayuda a resolver ese interrogante"

Una valoración similar hace Francisco Jesús Gómez Delgado, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Jaén y profesor asociado de Medicina en la Universidad de Jaén: "Me parece un estudio muy interesante y de gran rigor científico", destaca.

"Ensayos clínicos previos con liraglutida y semaglutida ya habían mostrado mejoras en la inflamación hepática y en la resolución de la enfermedad metabólica hepática (EMH), pero siempre quedaba la duda de si esto se debía simplemente a la pérdida de peso. Este estudio nos ayuda a resolver ese interrogante", apunta Gómez Delgado, también miembro del Grupo de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la Sociedad Española de Medicina Interna.

También subraya la importancia de no medir el éxito terapéutico únicamente en función de los kilos perdidos y advierte de una limitación clave: aún no se ha probado en humanos. "Desde el punto de vista biológico, nos ayuda a entender el mecanismo, pero trasladar estos hallazgos a la práctica clínica requiere confirmación en ensayos clínicos en humanos, diseñados específicamente para responder a estas preguntas. Es un avance muy importante, pero aún preclínico", concluye.