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Los antibióticos curan el resfriado: el error común que más preocupa a los médicos

La idea de que el antibiótico lo cura todo sigue muy arraigada
La idea de que el antibiótico lo cura todo sigue muy arraigada. Getty Images
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MadridCada invierno se repite la misma historia: garganta irritada, congestión nasal, fiebre y una pregunta que se escucha varias veces en consulta y farmacias: “¿No me puedes mandar un antibiótico?”. El problema es que, aunque los sanitarios lo recalquen constantemente, muchos piensan que los antibióticos sirven para curar un resfriado o una gripe. Y no solo no ayudan en la mayoría de los casos, sino que el mal uso de los mismos es una de las mayores preocupaciones sanitarias.

La advertencia no es algo nuevo, pero sí más urgente. Organismos como la OMS llevan años alertando sobre la resistencia a los antibióticos, un fenómeno que hace que ciertos medicamentos pierdan su eficacia frente a infecciones bacterianas que antes eran fáciles de tratar. Detrás de esto, hay un hábito muy común: tomar antibióticos cuando no hacen falta como cuando se tiene un resfriado.

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Confundir virus con bacterias

Este es el gran error y la clave para entender por qué los antibióticos no curan el resfriado, hay que distinguir dos conceptos que muchas veces mezclamos: virus y bacterias.

Los antibióticos están diseñados para combatir bacterias. Funcionan eliminándolas o impidiendo que se reproduzcan. Pero los resfriados, la gripe y la mayoría de catarros no están provocados por bacterias, son virus. Por eso, tomar un antibiótico en esos casos no acelera la recuperación ni reduce los síntomas, no hace nada.

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Sin embargo, esta creencia está muy presente, y en parte es porque muchas personas asocian la toma del antibiótico con la mejoría posterior. Pero lo que suele pasar es algo más simple: el cuerpo se cura por sí solo.

Detrás de esta creencia hay varios factores. Uno de ellos es cultural. Durante mucho tiempo, el antibiótico se percibió casi como una especie de “medicina milagrosa”. Muchas personas crecieron escuchando que “con antibiótico se corta antes” cualquier infección. También tiene mucha relación la impaciencia. Estamos acostumbrados a soluciones rápidas y a seguir funcionando incluso cuando estamos enfermos. Cuando la solución a un resfriado es descansar unos días, hidratarse y esperar a que el virus siga su curso, parece insuficiente frente a una pastilla que promete actuar de inmediato.

Algunos síntomas también generan confusión, ya que mucha gente piensa que, por ejemplo, el moco verde o amarillo significan automáticamente una infección bacteriana. Sin embargo, no siempre es así. Los expertos recuerdan que el color del moco, por sí solo, no indica que se necesite antibiótico. Relacionado con esto, está otro grave problema: la automedicación. Guardar antibióticos sobrantes en casa y reutilizarlos meses después sigue siendo una práctica común, sin ser conscientes del peligro que conlleva.

Un resfriado no tiene cura rápida

Aunque a veces pueda ser frustrante, el resfriado común suele curarse solo. Los profesionales sanitarios recomiendan tratar los síntomas mientras que el organismo combate el virus. Descanso, buena hidratación, analgésicos o antipiréticos si hay fiebre o malestar, lavados nasales y paciencia suelen ser las medidas más eficaces.

Eso no quiere decir que nunca pueda aparecer alguna complicación bacteriana. En ciertos casos concretos, una infección viral puede derivar en una sinusitis bacteriana, neumonía o determinadas otitis. Pero son los profesionales sanitarios quienes deben valorar cuánto realmente hay señales de infección bacteriana y cuánto es necesario recetar un antibiótico.

Las bacterias resistentes: el gran peligro invisible

Usar estos medicamentos solo por si acaso, tiene consecuencias. El mayor temor de los médicos no es que una persona tome antibióticos sin necesitarlos por sí solo, el problema real es lo que pasa después, a nivel colectivo.

Cada vez que se utilizan antibióticos de forma incorrecta, las bacterias aprenden a defenderse mejor. Algunas sobreviven y desarrollan resistencia, provocando que, con el tiempo, esos medicamentos dejen de ser eficaces. La OMS considera la resistencia antimicrobiana como una de las grandes amenazas para la salud pública mundial. Infecciones que antes se curaban fácilmente podrían volverse peligrosas o incluso mortales.

En España, el problema también preocupa especialmente. El mal uso de los antibióticos está relacionado con miles de infecciones hospitalarias causadas por bacterias resistentes. Lo más alarmante es que no es algo que solo pueda afectar a personas enfermas o mayores. Una cirugía rutinaria, un parto o incluso una infección urinaria podrían complicarse mucho más si en un futuro los antibióticos dejan de funcionar.

Por otro lado, los antibióticos no son medicamentos inocuos. Pueden provocar efectos secundarios como diarrea, náuseas, erupciones cutáneas o reacciones alérgicas. Además, alteran la microbiota, es decir, las bacterias beneficiosas que viven en nuestro cuerpo y ayudan al sistema digestivo e inmunitario. Por eso, los expertos insisten tanto en no automedicarse ni reutilizar tratamientos antiguos.

Cuando se trata de un resfriado común, independientemente de tomar antibióticos o no, va a tener una duración de alrededor de una semana. Muchas personas mejoran simplemente porque el virus ha terminado su ciclo natural, el antibiótico no ha tenido nada que ver. Pero, esta percepción errónea sigue alimentando la creencia de que el antibiótico sí que funciona, haciendo que el paciente quiera salir del médico con una receta de antibiótico, sin necesitarla.