"Beber leche aumenta la mucosidad": los estudios se posicionan sobre un mito que sigue vigente

Durante mucho tiempo se ha repetido el consejo de evitar la leche cuando se está resfriado porque supuestamente puede aumentar los mocos
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MadridCuando alguien está resfriado, una de las recomendaciones más repetidas suele ser evitar la leche. La razón que se da es que los lácteos pueden producir más mocos o empeorar la congestión nasal. Esta idea está tan extendida que muchos evitan tomar leche o dejan de dársela a los niños cuando están enfermos.
No obstante, cuando los investigadores analizaron esta relación, descubrieron que no existía ninguna evidencia sólida que relacione tomar leche con la producción de mucosidad en el organismo. Entonces, ¿por qué este mito sigue tan presente?
¿De dónde viene este mito?
La idea de que la leche provoca mucosidad no es algo reciente. Durante siglos, en diferentes tradiciones médicas se consideró que existían ciertos alimentos que podían producir flemas en el organismo. Esto se transmitió de generación en generación, convirtiéndose en una recomendación casi automática cuando alguien tenía congestión o tos.
Con el paso del tiempo, este mito fue consolidándose en el imaginario colectivo. Muchas familias aconsejan evitar la leche cuando hay un resfriado, y en ciertos lugares incluso se piensa que los lácteos pueden empeorar enfermedades respiratorias. Sin embargo, la medicina moderna desmintió esta relación.
¿Qué dicen los estudios científicos?
La relación entre el consumo de leche y la producción de mucosidad ha sido analizada por diversos estudios. Uno de los trabajos más conocidos fue realizado con adultos afectados por el rinovirus, es decir, el resfriado común. Los investigadores analizaron la cantidad de lácteos consumidos por los participantes y la compararon con los síntomas respiratorios que presentaban.
El resultado fue muy claro: no había ninguna asociación significativa entre beber leche y producir más mucosidad o tener más congestión.
A pesar de estas conclusiones, la gente continúa pensando que sí, y esto tiene que ver con la sensación que produce la leche en la boca y en la garganta. Muchas personas cuentan que después de beber leche la sienten “más espesa” o con mayor sensación de secreciones.
Esto tiene una explicación muy sencilla: la textura cremosa de la leche puede recubrir momentáneamente la boca y mezclarse con la saliva, generando esta sensación de mayor viscosidad. Esto es una sensación temporal y subjetiva. El organismo no está produciendo más moco, solo se percibe una textura distinta que puede confundirse con mucosidad.

¿Qué ocurre cuando tenemos un resfriado?
Para entender mejor de dónde viene el mito, hay que recordar qué es la mucosidad. El moco es una sustancia viscosa que producen las mucosas del sistema respiratorio. A pesar que ser bastante molestos, tienen una función y es proteger al organismo atrapando partículas, bacterias y virus para impedir que lleguen a los pulmones.
Cuando una persona tiene un resfriado o una infección respiratoria, el sistema inmunitario aumenta la producción de moco como un mecanismo de defensa, por eso, aparecen síntomas como congestión nasal o flemas. Pero, depende más de la respuesta del sistema inmunitario que de si se ha tomado o no leche.
De hecho, los lácteos pueden ser buenos cuando se tiene un resfriado. La leche es una fuente importante de proteínas de alta calidad, calcio, vitamina B12 y otros nutrientes esenciales que son necesarios para un buen funcionamiento del organismo. Durante una infección como es un resfriado, el cuerpo necesita energía y nutrientes para que el sistema inmunitario pueda funcionar correctamente, por lo que eliminar alimentos nutritivos puede llegar a ser contraproducente.
Algunos lácteos pueden resultar reconfortantes cuando se está enfermo. El yogur o la leche tibia pueden aliviar temporalmente la irritación de la garganta o facilitar la ingesta de calorías cuando el apetito cae.
La única excepción sería para casos concretos como personas con alergia a la proteína de la leche o intolerancia a la lactosa, en los que sí que pueden aparecer molestias digestivas o respiratorias. Fuera de estas condiciones médicas concretas, no hay motivo para evitar la leche cuando se está enfermo.
¿Qué pasa cuando la creencia influye en los síntomas?
Uno de los aspectos más interesantes de este mito tan popular es que la percepción de los síntomas puede verse influida por lo que creemos. En algunos estudios se ha observado que las personas convencidas de que la leche produce mucosidad tienden a notar más congestión o flemas después de tomarla.
Esto pasa porque el cerebro interpreta las sensaciones físicas a partir de lo que se espera. Cuando alguien está convencido de que un alimento le puede provocar mucosidad, cualquier cambio en la garganta puede achacarse a ello.
La textura cremosa de la leche también puede ayudar a tener esta sensación. Al mezclarse con la saliva, puede sentir temporalmente una especie de recubrimiento en la boca o en la garganta, algo que muchos interpretan como más flemas.
Este fenómeno recuerda al efecto nocebo, en el que las expectativas negativas pueden hacer que se intensifiquen los síntomas. Sería un ejemplo de cómo lo que se cree puede influir en la manera en la que se interpreta lo que pasa en nuestro cuerpo.

