Entrevistas

Lo que nadie te cuenta de vivir con TOC en España: "Jack Nicholson nos hizo un flaco favor con su película"

Una persona se lava compulsivamente las manos
Antonio Domingo Soto, psicólogo. (Foto: cedida)
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Lavarse compulsivamente las manos, tener todos los bolis completamente alineados encima de la mesa, colocar los libros por orden alfabético o por temáticas, poner los vinilos (si es que todavía hay por casa) por año de publicación o simplemente cruzar los pasos de cebra sin pisar la zona blanca. Son comportamientos más habituales de lo que imaginamos y contra los que miles de personas luchan cada día.

Son parte de lo que se conoce como Trastorno Obsesivo Compulsivo o, más familiarmente, TOC. Este trastorno se caracteriza por un ciclo de pensamientos incontrolables y recurrentes (las obsesiones), que llevan a la persona a realizar conductas repetitivas. Un comportamiento muchas veces confundido con la excentricidad y que muchas personas identifican rápidamente con Melvin, el personaje de Jack Nicholson en ‘Mejor imposible’.

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“Flaco favor hizo esa película a la comunidad TOC”. Quien habla es Antonio Domingo Soto, psicólogo cognitivo-conductual, divulgador y autor del libro 'Sal del LaberinTOC', una guía que aborda de forma rigurosa y accesible uno de los trastornos de salud mental más desconocidos y, al mismo tiempo, más frecuentes. “Contribuyó a fijar una imagen muy parcial del TOC que todavía hoy sigue pesando”.

La imagen del personaje obsesionado con el orden y la limpieza ha acabado convirtiéndose en un estereotipo que poco tiene que ver con la realidad de un trastorno mucho más complejo. De hecho, Soto insiste en que una de las mayores barreras para quienes lo padecen es precisamente la desinformación. "Otro gran mito es que las personas con TOC son personas excéntricas o raras. Es una idea que se popularizó mucho gracias a la película de Jack Nicholson. Pero la realidad es que la gente con TOC es gente normal y corriente, como tú y como yo. Por eso mucha gente que lo padece ni siquiera imagina que ese puede ser su diagnóstico".

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El psicólogo explica que el TOC no siempre se manifiesta mediante rituales visibles. "La gran mayoría de los TOCs son mentales y las compulsiones se llevan a cabo dentro de la cabeza, por lo que nadie puede verlas. Un buen ejemplo son el TOC de daño, el de orientación sexual o el relacional. Lo puede tener tu pareja y no darte ni cuenta". Esa invisibilidad explica por qué muchas personas pasan décadas pensando que simplemente son excesivamente perfeccionistas, maniáticas o ansiosas.

La frontera de la obligación

Ahí es donde aparece una de las dudas más frecuentes, especialmente entre quienes ya han superado la cincuentena: ¿dónde termina una manía cotidiana y comienza un trastorno obsesivo compulsivo? Para Soto, la diferencia no está en el comportamiento, sino en el sufrimiento que provoca. "Cuando hablamos de manías cotidianas nos referimos a comportamientos preferentes o gustos. Preferimos hacer las cosas de una determinada manera, pero si un día no podemos, no pasa nada. El problema es cuando si no hacemos las cosas como queremos sufrimos en exceso. La frontera está en el momento en que me veo obligado a hacerlo sí o sí".

El autor utiliza un ejemplo muy cotidiano para ilustrarlo. "Si llegas a casa muy cansado y no te da la vida para fregar los platos, no pasa nada. Te vas a dormir y ya lo harás mañana. Aquí hay flexibilidad y eso es muy sano. Pero las personas que padecen TOC no pueden dormirse, se quedan atascadas pensando en lo horrible que es no tener los platos fregados o agobiadas por la idea de poder ser castigadas por no haberlos fregado". Y resume esa diferencia con una frase tan sencilla como contundente: "En el TOC no hay flexibilidad, hay exigencia y chantaje emocional; y eso es muy duro".

Precisamente esa confusión hace que muchos casos permanezcan sin diagnosticar durante décadas. "El TOC es un trastorno bastante maltratado incluso desde dentro del propio mundo de la salud mental. No es raro que tu sintomatología pase desapercibida por profesionales que no han recibido formación específica". A ello se suma un factor que pesa tanto como el desconocimiento: el miedo.

"Muchas personas no se atreven a comentar lo que les pasa por la cabeza por miedo a ser juzgados, especialmente en los TOCs de tipo tabú, donde aparecen pensamientos o imágenes muy vergonzantes". El resultado es que quienes conviven con el trastorno pueden pasar años de consulta en consulta escuchando que simplemente tienen ansiedad o que piensan demasiado. "Entre lo que cuesta encontrar un profesional competente en el TOC y lo resistentes que pueden ser los que lo padecen a la hora de explicar su sintomatología, no es raro que los diagnósticos de TOC se alarguen hasta los 40, 50 o 60 años".

Por lo resistentes que pueden ser los que lo padecen a la hora de explicar su sintomatología, no es raro que los diagnósticos de TOC se alarguen hasta los 40, 50 o 60 años

Pexel

En 'Sal del LaberinTOC', Soto recurre precisamente a la metáfora del laberinto para explicar cómo funciona este trastorno. Según explica, el primer paso equivocado llega cuando la persona empieza a defenderse de algo que en realidad no representa ningún peligro. "Todo el mundo tiene pensamientos intrusos. Solo aquellos que se ponen a luchar contra ellos o a huir de ellos acabarán desarrollando este problema. Nunca intentes expulsar pensamientos de tu cabeza; simplemente déjales un espacio y ellos solitos acabarán marchándose".

El gran error, añade, es creer que controlar los pensamientos hará que desaparezcan. Ocurre justamente lo contrario. "Intentamos controlar los pensamientos porque creemos que dejarlos libres puede ser peligroso. Pero si interpreto que estoy en peligro es literalmente imposible que me lo saque de la cabeza". Para ilustrarlo utiliza una imagen muy gráfica: "Imagina que crees que hay un monstruo debajo de la cama. ¿Cómo vas a dejar de pensar en él? No pienses en ese monstruo... ¿Qué ocurre? Que acabas pensando aún más. Es lo que en psicología llamamos efecto paradójico de la mente".

Antonio Domingo Soto

La buena noticia, insiste el especialista, es que el TOC no es una condena de por vida. El tratamiento psicológico adecuado consigue mejoras muy importantes en la mayoría de los pacientes. "Lo que nos mete de lleno en el TOC son las conductas de lucha o huida y lo que nos saca es afrontar y exponerse. Hay que permitir esos pensamientos, sensaciones o imágenes mentales intrusas. 'Arriésgate' a sentirlas y no hagas nada. Con el tiempo observarás que no había nada de lo que preocuparse".

La importancia de pedir ayuda

Esa exposición, conocida como Exposición con Prevención de Respuesta, constituye la técnica que más evidencia científica acumula. "Los pacientes sienten que sus pensamientos son realmente problemáticos, que si no los controlan podrían hacer daño a un ser querido o provocar una desgracia. Pero a través del acto de valentía que supone dejarlos ahí sin hacer nada, aprenden que no hay nada que temer. Y eso no vale con que te lo cuenten; tienes que vivirlo".

Durante años, sin embargo, muchas personas ni siquiera llegan a pedir ayuda. Ocultan sus rituales, sus comprobaciones o sus pensamientos por vergüenza. El precio de ese silencio es muy alto. "Vivir con un TOC en silencio tiene muchos costes… y ninguno bueno, como baja autoestima o depresión. De hecho, no es nada raro que exista una comorbilidad cercana al 40% entre TOC y depresión. Llevas toda la vida sintiéndote un bicho raro, alguien loco o descontrolado. Eso desgasta".

Los momentos de cambio vital, además, suelen actuar como detonantes. Una jubilación, una separación, el síndrome del nido vacío o una enfermedad pueden hacer que síntomas relativamente controlados reaparezcan con intensidad. "El TOC es amigo de los cambios. Los momentos de estrés o vulnerabilidad suelen darle oxígeno y entonces nos ataca con más fuerza", explica Soto, que celebra que cada vez haya más profesionales especializados y menos estigma alrededor de la salud mental.

Por eso, el mensaje con el que cierra ‘Sal del LaberinTOC’ está dirigido especialmente a quienes creen que ya es demasiado tarde para cambiar. "Que no se rindan. No puedo decir que sea un camino fácil ni rápido, porque sería mentira. Pero si te pones a exponerte con una buena guía vas a mejorar. La inmensa mayoría de las personas que realizan correctamente este tratamiento experimentan mejoras significativas. Merece la pena ganarle terreno al TOC; todo el espacio ganado nos hace cada vez más libres".