Doctor Antonio Tejerina, cirujano oncológico: "El shock del diagnóstico de cáncer de mama hay que reconducirlo hacia un plan"
Miedo, tristeza, incredulidad o incertidumbre forman parte de las respuestas que pueden aparecer al recibir un diagnóstico de cáncer de mama
Recibir un diagnóstico de cáncer de mama puede hacer que el mundo se detenga durante unos instantes. Las palabras del médico se mezclan con todo tipo de preguntas y emociones, todas válidas. Porque no hay una única manera correcta de reaccionar. Miedo, tristeza, incredulidad o incertidumbre forman parte de las respuestas que pueden aparecer no solo en los primeros días sino durante el curso de la enfermedad.
Encarar el cáncer no implica eliminar el miedo ni obligarse a pensar inmediatamente en positivo. Significa aprender a manejar lo que se siente, disponer de información fiable, recuperar cierta capacidad de decisión y construir una red de apoyo que acompañe sin invadir. Hablamos con el doctor Antonio Tejerina, jefe de Cirugía del Centro de Patología de la Mama – Fundación Tejerina, sobre cómo reducir el sufrimiento psicológico de las mujeres recién diagnosticadas.
¿En qué piensan la mayoría de las pacientes de cáncer de mama cuando les dan un diagnóstico?
Cuando una mujer recibe un diagnóstico de cáncer de mama, lo primero que piensa es en curarse. Ese pensamiento viene acompañado de miedo, sobre todo por la incertidumbre de no saber qué va a pasar ni cómo evolucionará la enfermedad.
Enseguida aparecen las preguntas sobre los tratamientos: qué voy a necesitar, cómo quedará mi cuerpo después de una cirugía o qué efectos secundarios tendrá la quimioterapia o la hormonoterapia, que puede durar años. Las mujeres en edad fértil que aún no han tenido hijos se preguntan, además, si podrán ser madres en el futuro.
También es muy habitual que piensen en su familia: cómo contárselo a sus hijos o a sus padres, y si sus hijos pueden haber heredado un mayor riesgo. Y muchas se preocupan por cómo la enfermedad afectará a su trabajo, su economía y su vida de pareja. Por eso, además del tratamiento médico, es muy importante dedicar tiempo a escuchar estas inquietudes e intentar resolverlas una a una.
¿Hacia dónde hay que reconducir ese shock inicial?
Ese primer impacto hay que reconducirlo hacia un plan. Recibir un diagnóstico de cáncer es un shock, y si solo se pone el problema sobre la mesa, la paciente se queda atrapada en un limbo de incertidumbre y ansiedad. Por eso, lo importante es que, junto al diagnóstico, pueda ver también un camino por el que avanzar.
Para eso es clave que su caso se haya estudiado antes en un Comité de Tumores multidisciplinar, donde cirujanos, oncólogos, radiólogos, patólogos y otros especialistas valoran juntos cada situación y deciden cuál es el mejor tratamiento. Así, cuando se le comunica el diagnóstico, ya podemos explicarle qué vamos a hacer, en qué orden y con qué objetivo.
Tener un plan concreto no elimina el miedo, pero sí ayuda a transformarlo: la paciente deja de sentir que todo es incierto y empieza a centrarse en los pasos que tiene por delante. Pasa de pensar en el problema a trabajar en la solución.
Denos tres claves para afrontar los primeros momentos
- Informarse bien y en el lugar adecuado. El equipo médico es la mejor fuente para resolver dudas, así que conviene preguntarle todo, sin miedo. Buscar en internet sin criterio, por ejemplo, suele generar más angustia que respuestas, porque cada caso es distinto.
- No pasar por esto sola. Apoyarse en la familia, amigos y dejarse ayudar es fundamental. Contar también con la ayuda de profesionales permite compartir el miedo y aprender a gestionarlo.
- Ir paso a paso. El camino puede parecer muy largo al principio, pero no hay que recorrerlo entero el primer día. Centrarse en la siguiente etapa, sea una prueba, una cirugía o un ciclo de tratamiento, hace que todo sea más llevadero.
¿Cómo decírselo a los hijos? ¿Y a los amigos?
Con los hijos, lo mejor es hablarles con un lenguaje sencillo y adaptado a su edad, sin esconderles la información. Los niños perciben enseguida que algo pasa, y el silencio puede asustarles más que la verdad. Es útil ofrecerles la posibilidad de hacer algo para ayudar, por ejemplo, preparar la cena con mamá o bajar la basura, para que se sientan parte del proceso de recuperación. Y, cuando es posible, conviene recalcar que no va a durar para siempre: es una época y después vendrán otras.
Con los amigos, cada mujer decide a quién quiere contárselo y cuánto quiere contar. Puede ser útil pedir a una persona de confianza que se encargue de informar al resto, para no tener que repetir la historia muchas veces. Y es bueno decirles qué tipo de ayuda se necesita, desde acompañar a una consulta hasta, simplemente, seguir quedando y hablar de otras cosas.
¿Se puede reducir el sufrimiento psicológico de una paciente?
Sí, y mucho. La mayor parte del sufrimiento nace de la incertidumbre. Por eso explicar bien cada paso y resolver todas las dudas es el primer alivio. Ofrecer un camino claro que recorrer juntos ayuda a que la paciente sepa en todo momento dónde está y qué viene después.
También es fundamental la forma. Ser cercanos y empáticos es esencial. Demostrar que la paciente está allí para lo que necesite, con un canal de comunicación rápido y fácil, permite consultar cualquier duda o problema. Saber que hay alguien al otro lado da mucha tranquilidad.
La ayuda de profesionales como los psicooncólogos es muy valiosa para gestionar el miedo y la ansiedad. Igual que integrar a la familia en el proceso, si la paciente así lo quiere.
Por último, mantener en lo posible la rutina, las aficiones y la actividad física, adaptada a cada momento, ayuda a que la paciente sienta que la enfermedad no ocupa todo y mejora el ánimo.
¿Cómo puede influir en la pareja el tratamiento?
El tratamiento cambia muchas rutinas en casa. Durante esta etapa, la paciente necesita centrarse en su recuperación, y es probable que no pueda ocuparse de todo como antes. La pareja tiene un papel fundamental, pudiendo asumir más tareas y descargar así a la paciente de algunas obligaciones.
En la relación íntima también puede ser una etapa delicada. La mujer puede tener menos deseo, sentirse menos atractiva o sentir que ha perdido parte de su esencia, y los cambios hormonales pueden alterar su estado de ánimo. Muchos de estos efectos tienen solución si se comentan con el médico, por eso la confianza entre ambos es tan importante.
El apoyo de la pareja, con paciencia, empatía y amor, es fundamental, y que se sienta parte del proceso ayuda en la recuperación. Pero no hay que olvidar que la pareja también sufre la incertidumbre y la ansiedad de ver a su ser querido pasar por todo esto, y también necesita apoyo.
¿Cómo se puede ayudar y sostener a una amiga que acabe de ser diagnosticada?
Cada persona vive la enfermedad de una forma distinta y no todas necesitan las mismas cosas. Por eso, en lugar de dar consejos, lo más valioso es escuchar y estar presente, pero sin presionar.
Hay que respetar sus tiempos. Si no quiere ir a una cena o a un evento, no se debe insistir ni hacerla sentir culpable. A veces, todo lo que necesita es quedarse en casa, y una llamada sencilla puede ser el mejor gesto de apoyo.
Más útil que decir “si necesitas algo, dime”, es ofrecer ayuda concreta; por ejemplo, acompañarla a una cita médica, hacer algún plan con los niños o simplemente pasar un rato con ella. Y, sobre todo, no verla únicamente como una paciente. Continuar hablando de las cosas de antes, compartiendo risas, ayuda a que siga sintiéndose ella misma.
Tres claves para escuchar bien
- Dejar hablar sin interrumpir. A veces lo que la paciente necesita no es una solución, sino poder expresar lo que siente. Escuchar con atención y paciencia, sin mirar el móvil, sin cortar y sin cambiar tema, ya es forma de ayudar.
- No restar importancia a lo que siente. Frases como “no pienses en eso” o “tienes que ser fuerte”, aunque se dicen con cariño, pueden hacer que la paciente se sienta incomprendida. Es mejor aceptar sus emociones sin juzgarlas.
- No comparar con otros casos. Aunque se haga con buena intención, hablarle de otras personas que han pasado por lo mismo puede generar más dudas o miedo, porque cada situación es distinta. Lo importante es centrarse en ella y en cómo lo está viviendo.
¿En qué casos la cirugía reconstructiva ayuda?
La reconstrucción mamaria ayuda siempre, y por eso debe ofrecerse a todas las mujeres en las que sea posible. El objetivo no es solo curar la enfermedad, sino que la mujer pueda volver a sentirse ella misma después de los tratamientos, y la reconstrucción es una pieza fundamental en ese proceso.
Existen distintas técnicas y momentos para realizarla; en la misma cirugía en que se trata el tumor o más adelante y la mejor opción depende de cada caso.
Por eso es importante plantearlo con calma y acompañar a la mujer durante todo el proceso. Cuando se le ofrece una guía, se explican las diferentes opciones y se resuelven todas las dudas, se acaba eligiendo la mejor opción para cada caso y se obtienen los mejores resultados.
