La reflexión de Javier Urra que alerta sobre violencia de género, maltratadores y suicidio

Javier Urra analiza la violencia de género, el contexto en el que se produce, los elementos a mejorar y su impacto en el suicidio
El año 2022, sumó 49 mujeres víctimas mortales por violencia de género
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El año 2022, sumó 49 mujeres víctimas mortales por violencia de género. 10 varones consumaron el suicidio y 9 realizaron una tentativa. No se defina como suicidio ampliado, se asesina anticipando que no se seguirá viviendo, que no se dará explicación a la Justicia. Tengamos presente, que estamos ante violencias sistemáticas, continuadas, donde el agresor machista ha construido su mundo alrededor de la dominación traumática, de la que define como su mujer. El sometimiento se convierte en razón de vida del agresor. Cuando mata a la que define como “su” mujer, la vida pierde el sentido para el torturador.
La prevalencia de pensamientos suicidas entre las mujeres que han sido víctimas de violencia de una pareja es cinco veces superior a la de aquellas que no la han padecido (25,5% frente al 4,7%). Y es que sufrir violencia machista por parte de la pareja o expareja, impacta en el equilibrio emocional de las mujeres, quiebra su salud mental, y es un factor precipitante de conductas suicidas, atrapadas como están en la tela de araña del maltratador.
Son muchas las víctimas, que piensan en la muerte como única escapatoria ante tanto sufrimiento.
Es en un contexto de angustia, depresión, desesperanza, donde se produce un suicidio que no es voluntario, sino inducido, provocado, como desvelan las autopsias psicológicas que determinan la relación causal entre maltrato machista y autolisis.
Quienes sabemos de psicología hemos de explicar la persuasión coercitiva. El proceso de colonización mental. El síndrome de adaptación paradójica.
Y también tenemos que señalar mitos e ideas erróneas como, que: el amor lo puede todo. O la obligación de control.
1. El peligroso riesgo de la dependencia emocional
No siempre es fácil romper la vinculación, aun cuando sea a un maltratador. Lo saben bien algunas mujeres que por temor a qué acontecerá con sus hijos, aceptación de un riesgo vital percibido, dependencia económica, y/o indefensión aprendida no ponen fin a una relación deteriorada e inaceptable.
Y junto a ello los varones maltratadores a su vez se resisten con frecuencia a dar por concluida una relación que pasó del afecto y el placer, con expectativas altas de futuro en un proyecto de vida compartido, a una decepción y frustración al quebrarse esas perspectivas, que no solo generan ira, odio y resentimiento, sino que a veces se manifiestan en conductas de violencia sistémica.
Busquemos explicar algo tan paradójico y abominable como es que se pase del amor al odio en un espacio temporal breve, y dentro de una relación de pareja estable.
Los estudios nos demuestran que la dependencia emocional, cursa ocasionalmente en las víctimas con síntomas como asunción de derrota y resignación, ansiedad y angustia, bloqueo y pasividad, pesimismo y depresión, miedo continuado ante una realidad negativa, en gran medida incontrolable, esperanza de que remita la violencia o aceptación de la misma, para que no siga en aumento. Terrible vivencia incapacitante, que además no es entendida por todos los que no están dentro de ese infierno, ni alcanzan a atisbar tal sufrimiento por quien no encuentra recursos para dejar atrás un castigo tan aberrante, injusto y puntualmente imprevisible, siempre inevitable.