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Salvar el último bar, la cruzada de la España vaciada: “Es el latido del pueblo; si se para, nos morimos”

Cosmina corto
Cosmina en la barra de su bar en Villanueva de Alarcón, Guadalajara.. Cedida por Cosmina Catana.
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Cosmina Catana tiene muchas historias que contar. Sus 44 años han dado de sí, y ha dado unas cuantas vueltas hasta encontrar su sitio. A los 24 años un accidente de coche la dejó sin marido y migró con su hijo desde Rumanía a España, en busca de buenos vientos.“Una amiga dejaba el bar que llevaba en un pueblo y yo decidí cogerlo. No sabía nada de bares, pero ya llevó aquí más de 15 años”, explica Cosmina a Uppers.

Cosmina recaló en Villanueva de Alarcón, un pueblo de 70 habitantes de la España vaciada, y regenta el último bar del pueblo, el bar Cedillo, al que dedica su vida, y del que dependen los vecinos de Villanueva para juntarse y hacer vida social. “El bar es lo único que queda en el pueblo para que la gente se reúna. Aquí hay mucha gente mayor que vive sola, y muchos vienen, se toman un café y echan la mañana viendo la tele o hablando con otros vecinos. Este bar es el latido del pueblo, si cerramos, el pueblo se muere”, cuenta Cosmina.

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Una tendencia común

Para Israel Gómez, sociólogo y miembro de la Asociación Profesional de Sociología de Castilla y León (SOCYL) “los espacios de socializar se están perdiendo en los pueblos y en las ciudades. Es una deriva más amplia que tiene que ver con una sociedad que se transforma. Con una vida más individualista en la que las relaciones sociales se hacen de manera distinta y los espacios de socialización van perdiendo peso”.

Según el informe Contribución del turismo al desarrollo territorial de España, elaborado por Analistas Financieros Internacionales (AFI) y Competur, la segunda provincia con más municipios sin bar de España es Guadalajara, la primera es Soria. Villanueva de Alarcón (Guadalajara) es uno de los 2.670 pueblos de España en los que solo queda un bar, en muchos casos, el único sitio donde juntarse y hablar con alguien.

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En la España vaciada los bares son el foro, el punto de encuentro, el lugar donde escapar cuando las paredes de casa se te echan encima, sobre todo en los largos inviernos como este. Cerca de 1.300 pueblos carecen ya de este recurso, y es como si a un enfermo terminal le quitasen la respiración asistida. “Si se cierra el bar en estos pueblos solo quedan las ceremonias religiosas y la misa de los domingos” explica el sociólogo.

Los últimos bares deberían ser protegidos como las especies en peligro de extinción, y algunas entidades e instituciones se han dado cuenta de su importancia y han comenzado iniciativas para salvar los últimos bares. Una de ellas es la fundación NESI, que mantiene abierto un programa para dar a conocer la importancia de los bares y la necesidad de protegerlos como el corazón de la vida social de los pueblos.  

Iniciativas en marcha

La iniciativa de la Fundación NESI no es la única que ha fijado sus objetivos en salvar los bares. Últimamente éstos son objetivo de distintos proyectos sociales, y de apoyo directo de las administraciones.

BarLab Rural es un programa de Mahou San Miguel en colaboración con AlmaNatura que impulsa la reapertura de bares en pueblos de menos de 5.000 habitantes. Conecta a propietarios de bares cerrados con personas emprendedoras dispuestas a reactivarlos. Da formación y buscan crear redes de intercambio de conocimientos y experiencias. Por ahora, los resultados son discretos.

La Junta de Castilla y León ha destinado más de cinco millones de euros en 2024 y 2025 para apoyar el mantenimiento de bares y centros de ocio en pequeños núcleos rurales, a través de una línea de ayudas individuales de 3.000 euros anuales. En Extremadura, los bares de pueblos de menos de 300 habitantes pueden recibir hasta 5.000 euros de ayudas. En Cantabria los últimos bares de zonas despobladas han recibido en 2025 ayudas de 2.000 euros para seguir abiertos. El Gobierno de La Rioja destina en 2026 1,1 millones de euros para financiar entre el 80 y el 100% del coste de las obras de reforma, construcción o adaptación de bares. La Diputación de Salamanca destina este año 300.000 euros para sostener los bares, también en Aragón y en Soria las administraciones destinan fondos para salvar los bares.

Ayudas de la administración

La Diputación de Guadalajara da a Cosmina una ayuda de 720 euros al año para mantener abierto en bar. “El invierno es muy duro aquí, y el negocio no es rentable. No entiendo que en un pueblo de 70 habitantes tenga que pagar los mismos impuestos que si tuviera un bar en Madrid”, denuncia Cosmina. “Yo pago 340 euros al mes de autónomos, este mes he pagado 600 euros de luz, y 2.800 euros a Hacienda. Así es muy difícil mantener un negocio como éste abierto”.  

El invierno es largo y duro en una parte de España con menos densidad de población que Laponia, pero el verano salvador también está cambiando. “Antes la gente volvía al pueblo en junio a pasar el verano. Ahora vienen la segunda quincena de agosto para las fiestas, y nada más”, se lamenta Cosmina, que sobrevive en este tiempo gracias a los cazadores que durante la temporada pasan a tomar algo o a comer.

Cosmina no solo permite que el corazón social del pueblo siga latiendo. La escuela se mantiene abierta gracias a sus tres hijos, ya que en el pueblo solo hay tres niñas más. “Lo de mantener los pueblos vivos y atraer a más población para que vivan aquí que dicen los políticos es una mentira muy grande, lo dicen con la boca grande pero luego no nos ayudan en nada”, sentencia.

El informe de Afi indica que, en promedio, los municipios que cuentan con un bar recibieron, en 2023, tres veces más turistas nacionales y cuatro veces más turistas internacionales que aquellos que carecían de establecimiento hostelero. Salvar los últimos bares de los pueblos de la España vaciada no es solo conservar un negocio, es mantener activo el corazón que mantiene unida a la gente.

En esas barras se cruzan generaciones, se comparten noticias, se apagan soledades y se teje, sin ruido, la red que hace que un lugar siga siendo hogar. Cuando baja la persiana del bar, muchas veces se apaga también una luz del pueblo. Quizás, más allá de las estrategias y comisionados sobre despoblación que cuestan un dineral al erario público, el futuro de un pueblo empieza por algo tan sencillo como mantener abierta una puerta.