El Solitario, el criminal de mil caras que atemorizó a España: mató a tres personas y cometió 35 atracos violentos
Jaime Giménez Arbe, El Solitario, puso en alerta a toda España al cometer más de una treintena de atracos y matar a tres personas
El cuarto capítulo de 'Personas, bestias' analiza el historial criminal de El Solitario: puedes verlo completo y en abierto clicando en este link a Mediaset Infinity
Durante más de una década, un hombre actuó prácticamente sin dejar rastro en decenas de bancos repartidos por toda España. Solo, disfrazado y con una violencia extrema, Jaime Giménez Arbe, conocido como El Solitario, construyó una de las trayectorias criminales más singulares de la historia reciente del país. Logró burlar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado mientras perpetraba atracos con un método meticuloso y una frialdad que terminó costando la vida a tres personas.
Cuando finalmente fue detenido en 2007 en Portugal, se le atribuían ya 35 atracos cometidos a lo largo de aproximadamente 14 años. Su captura llegó cuando se preparaba para cometer uno más. Se había convertido en el criminal más buscado de España. El cuarto capítulo del videopodcast 'Personas, bestias' analiza el historial criminal de El Solitario. Su caso revela tanto la paciencia de los investigadores como la personalidad narcisista de un hombre que llegó a creerse invencible gracias a sus mil caras y que actuó plenamente consciente de lo que hacía. No presentaba ningún trastorno ni ninguna enfermedad mental.
El tiroteo de Castejón y la hipótesis de ETA que se desvaneció
El 9 de junio de 2004 España despertó con una noticia terrible: dos guardias civiles habían sido asesinados en un control de carretera en Castejón, Navarra. El comandante de la Guardia Civil Manuel Callejas, que participó en la investigación, recuerda así lo ocurrido: "Dos agentes del Destacamento de Tráfico de Calahorra, en La Rioja, se encontraban prestando servicio y en un determinado momento vieron una actitud sospechosa de un conductor. Al ponerse en paralelo con él en un cruce de Castejón, el conductor del vehículo todoterreno les sorprendió con un arma y les disparó a sangre fría".
La violencia fue brutal, como afirma el periodista Jesús Duva, que destaca que el criminal hizo uso de "una metralleta". El Renault Laguna en el que circulaban los agentes apareció acribillado a balazos en el arcén. Los investigadores que acudieron al lugar encontraron numerosos casquillos en las inmediaciones. Las primeras hipótesis apuntaban a ETA. El calibre utilizado parecía confirmarlo. "Se trataba del calibre 45, un calibre de guerra", explica Alfonso Ojea, periodista de 'Cadena Ser'. La única pista del presunto autor era un coche de la marca Suzuki. Varios testigos aportaron la matrícula y se halló un vehículo en Zaragoza, pero estaba frío y su dueño era inocente.
Fue entonces cuando ya barajaron que el criminal, cuya identidad desconocían, había troquelado aquella matrícula (es decir, buscó un coche igual al suyo, de una persona ajena, y copió su matrícula para utilizarla en el suyo). Parecía complicado detener al criminal. Sin embargo, la investigación dio un giro radical. Gracias a los análisis de balística, los investigadores consiguieron relacionar el arma utilizada en el tiroteo de los guardias civiles con otro delito anterior. Según explica el abogado de la acusación en el caso de Castejón, José Aguilar, se determinó que, unos años antes, en el 2000, esa arma se utilizó para atracar una sucursal bancaria de Caja Rural en la localidad de La Vall d'Uixó, en Castellón, donde un policía local fue asesinado por un desconocido que se enfrentó a un gran número de efectivos y logró huir. El Solitario apenas tenía "conciencia forense", como detalla José María Benito, inspector de la Policía Nacional, por lo que no sabía que el rastro del arma ayudaría a seguir su estela delictiva.
La primera imagen del atracador y la colaboración ciudadana
Las autoridades tenían claro ya que no se trataba de terrorismo, sino de delincuencia común. El uso de la misma arma permitió vincular distintos delitos y, por primera vez, obtener una imagen del sospechoso, que fue grabado por las cámaras de seguridad de las sucursales en varios atracos.
En las fotos se podía ver a un hombre con barba, grueso, de en torno a 1,75 o 1,80, pero los investigadores sospecharon enseguida que el aspecto era falso. Por ello, confeccionaron un cartel y lo difundieron. El objetivo era obtener pistas con la colaboración ciudadana.
Fue entonces cuando los medios empezaron a hablar del atracador solitario. José María Benito destaca que el criminal prefería actuar solo porque es más fácil que hacerlo en grupo. "Si detienen a uno de ellos, aunque no sea el que ha entrado en el banco a llevarse el botín, evidentemente puede caer y delatar al resto de la banda". El Solitario, que veía la televisión, sabía que iban tras él y eso le gustaba.
14 años de atracos con una impunidad casi total
Los investigadores comenzaron a revisar archivos y descubrieron que había muchos atracos sin resolver y se percataron de que se trataba de la misma persona. Según Alfonso Ojea, se confirmó que años atrás se habían producido hechos similares en al menos 20 ocasiones. A partir de ahí, se trabajó con la hipótesis de que tenían relación unos con otros. La investigación, eso sí, seguía siendo muy difícil, ya que el criminal no cometía errores: jamás dejaba ninguna huella dactilar.
El fiscal Javier Muñoz Cuesta destaca que, en todas las imágenes, siempre observaban la misma fisionomía, la de un hombre disfrazado. Lo más llamativo es que El Solitario campó a sus anchas durante más de 14 años, aunque sus inicios se remontan incluso más atrás.
Según su propio testimonio, comenzó en el mundo del crimen a finales de los años 70, colaborando con grupos anarquistas vinculados a la independencia de Córcega y participando en su primer atraco en un papel secundario. Sin embargo, su etapa más prolífica fue la comprendida entre 1993 y 2007. A pesar de esa larga trayectoria, cuando le buscaban no había tantas imágenes de él como se hubiese querido, ya que elegía estratégicamente sucursales ubicadas en zonas rurales que carecían de las cámaras y los sistemas de seguridad que existen en la actualidad.
El enemigo público número uno para Policía y Guardia Civil
El Solitario daba un golpe y se escondía durante una temporada, hasta que se le acababa el dinero. Con el paso del tiempo, sin embargo, su comportamiento se volvió más imprudente. En un atraco en abril de 2006 en Sarria, en Lugo, apenas consiguió 800 euros. Era un botín que no compensaba los riesgos y que le provocó rabia.
"¿Qué hace ante el enfado y la prepotencia que él tenía? Le dispara a uno de los trabajadores y se da a la fuga”, señala Alfonso Ojea. Su audacia alcanzó el límite en febrero de 2007, cuando atracó una sucursal en Canillas, en Madrid, a pocos metros de uno de los principales complejos policiales del país. Era el número 35 de su lista.
Pero aquello provocó un cambio en la investigación. "Ese atraco fue el principio del fin de El Solitario", detalla José María Benito. Desde ese momento se creó un equipo conjunto entre Policía Nacional y Guardia Civil para capturarlo. El Solitario se había convertido en el enemigo público número 1 de las autoridades.
La pista clave: un expreso reveló su identidad
La investigación avanzó definitivamente cuando el Ministerio del Interior difundió su imagen en los medios. Ya había grabaciones más nítidas. Y la estrategia funcionó. Un antiguo preso contactó con la policía tras ver un vídeo en la televisión, dijo que le conocía y facilitó su nombre: Jaime Giménez Arbe. Un inspector decidió consultar la ficha del DNI, cotejó esa foto con las imágenes de las cámaras de los bancos y apreció un "parecido extraordinario", según Jesús Duva.
Los agentes averiguaron su identidad y su dirección, por lo que acudieron a su vivienda, ubicada en Las Rozas, en Madrid. Solo querían verle, y tardó seis días en salir de casa. Fue cuando le vieron sin disfraz. En ese momento se decidió no arrestarle de inmediato, ya que querían pillarle 'in fraganti' cometiendo un nuevo atraco para tener indicios irrefutables.
Los agentes le pincharon el teléfono y descubrieron una conversación con Iris, una mujer brasileña con la que mantenía una relación. El Solitario le dijo que en breve podría ir a Brasil, pero que tenía que encargarse antes de un negocio y, posteriormente, le preguntó cómo se decía en portugués 'señor director, deme la recaudación'. Estaba planeándolo todo, pero no sabía que tenía a los investigadores pisándole los talones y que sabían que iba a intentar actuar en Portugal.
La detención de El Solitario en Portugal
Los agentes no se equivocaban. Jaime Giménez Arbe fue detenido el 23 de julio de 2007 en la localidad de Figueira da Foz tras una operación conjunta entre la policía española y la portuguesa denominada Operación Gloria. Los efectivos de nuestro país dieron el aviso a los efectivos lusos cuando vieron que se dirigía a su territorio por carretera y, una vez llegó, se efectuó su arresto, sin que pudiera sacar sus armas.
El Solitario fue trasladado a la comisaría de Coimbra y, en lugar de mostrarse preocupado, parecía estar eufórico. Incluso bromeaba con los agentes. A partir de ese momento, descubrieron cómo actuaba. Se llenaba las manos de celo y de papel para no dejar huellas, y tenía rellenos para parecer más gordo y otras técnicas para parecer más delgado. Se cambiaba de barba, usaba pelucas y a veces cojeaba y otras no.
En el registro en su vivienda familiar encontraron una infinidad de armas de fuego, libros técnicos para construir y montar armas y hasta moldes de su cara. Además, hallaron una colección de cuadernos donde había ido apuntando todas las direcciones y las rutas de huida. Mientras, en su nave de Pinto (que le servía para mantener su apariencia de empresario dedicado al aire acondicionado) encontraron piezas del Suzuki de Giménez Arbe que ordenó desguazar, donde se detectaron restos de pólvora del arma empleada en el tiroteo mortal de Castejón, as í como todas las matrículas dobladas que utilizó el criminal y que troqueló él mismo.
El juicio: quiso presentarse como un antisistema y un "Robin Hood"
El 7 de julio de 2008, casi un año después de su captura en Portugal, comenzó el juicio en Navarra por el asesinato de los guardias civiles. Hubo una gran expectación mediática. El Solitario, en su declaración, negó los asesinatos, aunque demostró su soberbia: "Nunca he tenido intención ninguna de matar a nadie. Si así hubiera sido, habría otros muchos policías que en este momento estarían muertos". Además, reconoció los atracos: "Yo no voy a decir que soy un angelito. El hecho de que yo sea un expropiador de bancos es algo que no he negado en ningún momento".
Javier Pirrongelli, el abogado de la defensa, intentó justificar su conducta como una lucha ideológica: "Él, dentro de su lucha de clase, de su conciencia obrera, piensa que los bancos constituyen un mal. Él solo expropia al banco, no roba a los clientes ni a los trabajadores, solo va al banco". Sin embargo, como destaca José María Benito, no ayudó a nadie que lo necesitaba con ese dinero robado.
Una de las pruebas que se presentaron en el juicio fue el arma utilizada en el crimen en Castejón. Su procedencia, a pesar de que la defensa trató de argumentar que la compró sin saber si otra persona podía haber cometido un crimen con ella, estaba clara, como destaca el fiscal Javier Muñoz Cuesta. Se trataba de la misma arma que en La Vall d'Uixó. El Solitario, en su estrategia, dejaba ver sus rasgos megalómanos. José María Benito destaca que muchos expertos abogan en estos casos por no buscar una motivación, como un trastorno, ya que "hay gente que simplemente es mala".
Deseo de fama: provocaciones, idioma inventado y un desmayo fingido
Durante el juicio en Navarra, el comportamiento de El Solitario resultó extraño y provocador. En un momento dado, durante la última sesión, habló en un idioma inventado. "Esto lo hizo claramente porque creía que era superior a todos", explica Alfonso Ojea.
El Solitario, en las sesiones judiciales, saludaba a los medios e incluso trató de promocionar una página de apoyo de Facebook. Mostraba un gran deseo de fama. Además, en un juicio celebrado en Madrid en 2013 por un atraco cometido en Alcobendas, simuló un desmayo y los médicos confirmaron que no le había pasado nada. Solo trató de retrasar la sesión.
La investigación de más de una década se saldó con diversos procedimientos contra Giménez Arbe y condenas que sumaban unos 100 años de cárcel.
La posible salida de prisión
Jaime Giménez Arbe cumplió 70 años en enero de 2026 y podría salir de prisión en los próximos años. A pesar de las múltiples condenas que recibió, la ley española establece un máximo de cumplimiento efectivo de 25 años para delitos cometidos antes de la prisión permanente revisable.
El inspector José María Benito advierte que la edad no siempre reduce el riesgo. Según apunta, cuantos más años cumples, tu capacidad delictiva se va reduciendo, pero también hemos visto atracadores con más de 80 años. "Quien tuvo, retuvo", precisa.
El experto espera que los servicios psicosociales penitenciarios determinen que se ha "reeducado" y que haya realizado algún tipo de estudio. En otro caso, no descarta una posible reincidencia: "No tengo la menor duda".