Miedo entre los joyeros de Madrid que piden mano dura: los atracos a punta de pistola y a plena luz del día se suceden
El gremio de joyeros pide mano dura y recuerda los inicios de los 2000 cuando compañeros fueron asesinados en atracos.
Varios encapuchados armados atracan una joyería en un centro comercial de Torrelodones, Madrid
Miedo entre los joyeros de Madrid que, en las últimas semana, están siendo víctimas de una oleada de atracos que les hacen revivir otras épocas en nuestro país. Son atracos violentos, programados por bandas en escasos minutos, a punta de pistola y a plena luz del día.
El precio del oro y la impunidad de los detenidos, que suelen salir luego en libertad condicional y continúan con sus fechorías, está detrás de los asaltos, dicen desde el gremio de joyeros que recuerdan los tiempos duros de principios del 2000 cuando algunos compañeros fueron asesinados.
Porque en estos momentos la realidad es que las joyerías de Madrid están siendo el botín más codiciado por peligrosas bandas que operan en Madrid y sus alrededores. En el último mes y medio se han cometido 7 atracos de una violencia extrema.
Lo hacen sembrando el pánico a plena luz del día como ha ocurrido en el último en la localidad de Pinto. También ha habido disparos en un centro comercial de Vallecas. O en otro de Torrelodones, donde los atracadores huyen a la carrera.
Armando Rodríguez, secretario general del Gremio de Joyeros, Plateros y Relojeros de Madrid, habla de robos con intimidación de bandas perfectamente armadas y organizadas. El miedo de los años 2000, ese terror de ir todos los días a ir al trabajo", han vuelto.
Recuerdos que regresan al ver, disfrazados de sacerdote y monja, a una banda aterrorizar a una banda o cómo en plena calle de Alcalá se puede desvalijar una joyería a punta de pistola. Aunque esa banda sí fue detenida, el gremio pide más mano dura. "Las leyes son iguales que hace 20 años. Lo que hay que cambiar son las medidas cautelares y cuando haya reincidencia tomar una decisión", señala Armando.
Para poder trabajar, vivir, sin un sobresalto diario.