Aunque quería seguir al frente de la joyería algo más de tiempo, Rafael Mira, tercera generación de la familia al frente del negocio, asegura que se ve obligado a dejarlo por la inseguridad ciudadana
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Un nuevo negocio histórico echa el cierre en el centro de Valencia. La joyería Rafael Mira abrió al público en 1907 en la Plaza del Árbol, en pleno barrio del Carmen. Fue Rafael Mira, un genio de la orfebrería, quien puso en marcha el negocio. "Mi abuelo era un orfebre estupendo que trabajaba para toda España haciendo cajas de relojes de oro, aderezos de fallera o pate del ajuar de Alfonso XIII. Antes se hacía todo a mano, aunque eso ya se ha perdido", explica Rafael Mira, tercera generación de la familia al frente de la joyería.
En sus 119 años de historia, la joyería ha pasado por varios emplazamientos como la calle María Cristina y la Plaza Vicente Iborra, hasta llegar hace 13 años a su ubicación actual en la calle En Sanz, conocida popularmente como la calle de las novias, donde se concentran varias tiendas de vestidos de boda. "Hemos vivido el auge de la bodas y muchos novios han venido a nuestra casa a comprar sus anillos".
Inseguridad ciudadana
Como especialistas en diamantes, gemólogos y tasadores de joyas, la familia Mira ha consolidado durante décadas un comercio histórico que ahora se ve obligado a cerrar por miedo a los atracos. "Estás trabajando toda la vida y la inseguridad ciudadana puede hacer que te veas en la calle porque te lo quitan todo. En otra joyería que tenía sufrí un robo. Aquí hemos tenido varios intentos y también de estafas", lamenta Rafael Mira, que relata el caso de un compañero joyero. "En el barrio de Ruzafa, a un amigo le entraron con un cuchillo, lo cogieron del cuello, le obligaron a abrir las cajas y se lo quitaron todo".

Robos y atracos que asegura que amenazan el futuro de estos negocios de alto riesgo. "La aseguradora donde tengo la póliza de las joyas me cuentan que cada mes tienen infinidad de atracos o intentos de atraco", explica.
A esto se suma la falta de relevo generacional. "Mis hijos han tomado otros caminos profesionales y no quieren seguir al frente de la joyería como hizo primero mi padre y luego yo", cuenta.
Ahora Rafael dice adiós, muy a su pesar, a un negocio que ha sido su vida y que forma parte de la historia de su familia y de la ciudad. "El pasado mes de octubre me tenía que haber jubilado, pero seguí porque para mí esto es vocacional, quería seguir un poco más, pero ya se ha acabado", lamenta.
Su cierre, que se producirá como tarde a finales de este año, se suma al de otros comercios históricos de la ciudad como J. Palomar o la Huerta de San Vicente. "Y más que van a haber, el centro se va a quedar sin estos comercios de toda la vida", afirma.

