ARQUITECTURA Y EDAD

Timoteo Cruces, pionero del cohousing en España: “Para vivir así hay que renunciar al egoísmo”

Centro Residencial convivir
Los promotores de 'Convivir' poco después de la apertuta del centro.. (Foto: cedida)
Compartir

Convivir es uno de los modelos de cohousing pioneros de España. Siguiendo la estela de Santa Clara, en Málaga y Trabensol, en Madrid, abrieron sus puertas en Horcajo de Santiago, Cuenca, en 2015, tras 12 años de desbrozar caminos inexplorados. Hoy, cuando la experiencia ya tiene 11 años, dos de sus promotores, Timoteo Cruces (83) y Víctor Gómez (74), cuentan a Uppers lo que han aprendido en este tiempo y lo que se necesita para que proyectos vitales de este tipo pasen de los sueños a hacerse realidad.  

En grupo semilla

A Timoteo Cruces siempre le han impulsado dos inquietudes: la enseñanza, ha sido maestro de escuela toda la vida; y la acción social que realizaba a través de una comunidad cristiana de base. En esa comunidad se creó un grupo de personas con inquietudes de mejorar la sociedad, que llegaron a la jubilación con ganas de seguir viviendo plenamente. “Empezamos así, con un grupo ya hecho, que nos conocíamos y queríamos vivir la jubilación de forma activa. Esto fue en el año 2002”.

PUEDE INTERESARTE

Por aquel entonces Timoteo tenía 70 años y no sospechaba en absoluto la larga travesía que les esperaba hasta ver realizado su sueño. El grupo de base, la semilla promotora formada por un grupo de personas que se conocen y aprecian es una característica que se repite en todos los cohousing que se han consolidado hasta ahora en España.

PUEDE INTERESARTE

Los terrenos

“Estuvimos estudiando mucho tiempo la mejor manera hacer nuestro futuro hogar, no sabíamos mucho ni había mucho donde fijarse. Nos decidimos por crear una cooperativa a la que se sumaron más personas y empezamos a pensar en comprar un terreno y construir”. 

La fórmula de la cooperativa permite financiar el proyecto completo, los socios aportan el capital social necesario para la compra de los terrenos y la construcción de las instalaciones, y tienen derecho al uso de por vida de un apartamento y de los espacios y servicios comunes. Al fallecer el titular, los herederos, siempre que sean mayores de 40 años, heredan el derecho a uso del apartamento, y si no lo quieren, se les paga su valor sacando el dinero del capital social de la cooperativa.

El precio

Una vez montada la cooperativa había que decidir dónde vivir. “Estuvimos buscando suelo en la zona de la sierra de Madrid, por Gredos, y también en zonas costeras con playa, pero el precio era desorbitado. Uno de los socios era de Horcajo de Santiago, en Cuenca, y vio la oportunidad de comprar un terreno aquí, y así lo hicimos”, explica Timoteo.

La finca en cuestión tiene 30.000 metros cuadrados, y en ella se construyó un edificio de 7.400 metros cuadrados, con 66 apartamentos, comedor, lavandería, zonas comunes, gimnasio… “Hemos plantado en la finca unos 400 árboles que ya van tirando para arriba”, cuenta Timoteo, que recuerda como durante la pandemia, las instalaciones y los jardines permitieron a los socios vivir con desahogo y no hubo ningún fallecimiento por coronavirus.

Hay estudios, apartamentos de una habitación y apartamentos de dos habitaciones. La aportación de capital para los estudios es de 84.000 euros; para los apartamentos de una habitación, 123.400 euros; y con dos habitaciones, 140.400 euros.

La convivencia

“Cada uno tiene la llave de su apartamento y entra y sale cuando quiere. Si quieres compañía la tienes y si quieres intimidad, también”, explica Víctor Gómez, que aprovechando su experiencia como empleado de banca se encarga de las cuentas de la cooperativa. “Pueden venir a verte cuando quieran y entre todos nos organizamos para hacer actividades y para tomar las decisiones que afectan a la comunidad. Aquí llevamos las riendas de nuestra vida”, afirma Víctor. 

Una de las preocupaciones que rondan a los que deciden vivir en cohousing es quién les cuidará si llega un momento en que lo necesiten. “Yo no entiendo un cohousing de convivencia si no es hasta el final de la vida. No tiene sentido hacer inversiones y construir un proyecto de vida de este tipo si no es para terminar tu vida en ello, afrontando la problemática que pueda traer el final de la vida”, declara Víctor. En Convivir han afrontado el problema de los cuidados si llega la dependencia a través de una fórmula original. Están considerados por la Junta de Castilla -La Mancha como centro sociosanitario, y disponen de tres turnos de gerocultoras, una enfermera y un médico, si es necesario. Los gastos los pagan entre todos en cuotas mensuales.

“Tenemos cubiertas las necesidades de atención si entramos en dependencia, pero además contribuimos a la economía de la zona. Aquí vienen los estudiantes de gerocultura a realizar sus prácticas obligatorias. Y damos empleo a 29 personas, más que ninguna otra empresa del pueblo. No solo cuidadores, también a terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas y otros profesionales que realizan actividades aquí. En un territorio de la España vaciada como éste nosotros ayudamos a asentar población” explica no sin cierto deje de orgullo Víctor Gómez.

Jugando

Las dificultades

No es oro todo lo que reluce. De los 66 apartamentos disponibles están ocupados 43. A menos ocupantes, más gastos. Los gastos mensuales, todo incluido, comida, luz, gas, atención sociosanitaria… van de los 1.400 a los 1.600 euros al mes, dependiendo de los apartamentos y de si se vive allí todo el año o solo algunos meses. Timoteo explica que “la gente estamos acostumbrados a “pago y exijo”. Mucha gente viene y lo ve fenomenal, pero se inclinan más por lo suyo que por lo colectivo. A los nuevos les resulta arriesgado. Nosotros tenemos dificultades para reponer las bajas que se producen. Necesitamos gente”, reconoce.

Lecciones aprendidas

Después de 10 años de convivencia Timoteo reconoce que es esfuerzo y la aventura emprendida en 2002 merece la pena. “Esto es una forma de vida diferente. Pero hay que tener espíritu colectivo. Para vivir así hay que renunciar al egoismo. Si tuviera que empezar de nuevo lo haría, pero haría cosas diferentes, por ejemplo, exigir una edad tope para entrar en la cooperativa. Otra, que la gente se comprometa a ocupar los apartamentos. Hay gente que hizo sus aportaciones, tiene el apartamento y no viene, con lo que a los que habitamos aquí nos perjudica económicamente y desde el punto de vista de las relaciones sociales”, lamenta Timoteo.

Víctor también repetiría, aplicando lo aprendido en estos años, “es un modo de vida diferente, en el que nosotros decidimos, y también nuestros hijos están muy tranquilos, les hemos quitado un peso de encima. Saben que estamos bien atendidos y viviendo como queremos”, concluye.

Convivir es uno de los pocos cohousing para mayores que funcionan en España. El tiempo medio para desarrollar estos proyectos va de 10 a 15 años y es una de las razones que hacen que personas interesadas en estos modelos de convivencia se echen para atrás. El desconocimiento del modelo y la falta de legislación al respecto también dificultan la expansión del cohousing. La Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios ha creado un espacio web para que cualquier persona o grupo de personas interesadas en desarrollar un cohousing pueda encontrar información, asesoramiento e intercambiar experiencias.