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Así fueron las últimas 24 horas de Déborah Fernández según los testigos que la vieron

telecinco.es
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El sumario del caso Déborah Fernández revela que la gallega había comunicado a dos amigas que tenía una cita con una persona de su círculo íntimo.

La policía interrogó a esta persona y pese a que en su relato había "contradicciones que chocaban", no se han encontrado todavía pruebas de peso que le incriminen en la muerte de la joven. Al cabo del tiempo, el interrogado notó que la familia de Fernández había tomado distancia con él.

Gracias a numerosos testigos, este programa ha conseguido reconstruir como transcurrieron casi al detalle las últimas 24 horas de la viguesa antes de desaparecer. El 30 de abril de 2002 a las 19:30 una prima de la fallecida le llamar para quedar, pero su madre le informa de que no está. A esa hora un testigo sitúa a la víctima en un lavadero de coches teniendo una conversación con un chico. "Ambos tenían una conversación normal, no parecía que estuvieran discutiendo ni nada raro", asegura.

Al cabo de 30 minutos, su prima se la encuentra en la playa de La Sirenita. Hablan de sus cosas pero no nota un comportamiento extraño a pesar de que su tía le había advertido que estaba triste tras una conversación con su ex. "Hablamos de nuestras cosas, pero no la vis triste. Le dije que viniera conmigo a casa pero me dijo que no, porque quería coger una película del videoclub e iban a cerrar".

El mismo hombre que la ve en el lavadero la sitúa caminando hacía el Matadero de Alcabre con media hora de diferencia. Asegura que llevaba la misma ropa. En ese mismo punto la sitúa otro testigo también a las 20:45.

Un cuarto testigo presencia una extraña escena también en el Matadero de Alcabre. Según su relato una chica cuya descripción coincide con la de Déborah, la joven tuvo una disputa con un chico junto a un coche. Posteriormente otro joven bajó del vehículo y entre ambos la introdujeron en el interior del mismo.

El último testigo asegura haber visto una furgoneta blanca con el cuerpo de una mujer extendido en el asiento del copiloto. "Por la puerta delantera derecha, entreabierta, asomaban los dos pies de una persona, cubiertos por calcetines blancos. Las piernas estaban totalmente rígidas. Un joven con la cabeza rapada hacía maniobras en la zona del copiloto desde fuera, para luego cerrar la puerta y montarse de nuevo en la furgoneta. Creo haber visto la cabeza de una persona con abundante pelo recostada en el asiento, daba la impresión de que estaba inmóvil.

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