Hijos de famosos

La hija de Bowie e Imán se sincera sobre su difícil adolescencia: “A los 12 era bulímica, a los 14 ya bebía y me drogaba"

Lexi Jones
Lexi Jones, buscando su destino. instagram @_p0odle_
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Nacer bajo el brillo de una estrella no siempre es iluminador. A veces ese fulgor proyecta una sombra tan alargada que resulta sofocante. Para Alexandria Zahra Jones, también conocida como Lexi Jones, el peso de ser la hija de David Bowie y la modelo Iman supuso una lucha constante por definir una identidad propia frente a un mundo que ya la había catalogado de antemano. Al igual que su hermano, el cineasta Duncan Jones, Lexi tuvo que navegar entre el inmenso amor por sus padres y el deseo de no ser solo una 'copia' o el reemplazo de un icono inalcanzable.

En un reciente y desgarrador post de Instagram, la hija del 'Duque Blanco' ha roto el silencio sobre su dura adolescencia, revelando batallas contra trastornos alimenticios, autolesiones, excesos con las drogas, internamientos en centros terapéuticos y el peso insoportable de comparaciones que nunca pidió. "Desde muy temprano empecé a sentir que existía como una idea, no como Lexi la persona. Era Lexi la ‘hija de’. La gente proyectaba constantemente en mí expectativas que no entendía, comparaciones que jamás podría cumplir. No sentía que tuviera que descubrir quién era. Sentía que ya estaba definida antes de tener la oportunidad de descubrirlo”, se explica en el vídeo de 20 minutos que acumula más de 16.000 'me gusta'.

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Lexi admite que fue una niña querida, amada y protegida por sus padres, que tuvo oportunidades que la mayoría de la gente nunca tiene, pero "lo que la gente no entiende es que ser extraordinario no significa que la vida sea emocionalmente simple”. Su salud mental empezó a desmoronarse muy pronto. A los 10 años ya acudía a terapia, a los 11 se autolesionaba y a los 12 desarrolló bulimia. "Pensaba que algo estaba mal conmigo", reconoce. Tener unos padres de tanto éxito solo empeoraba las cosas: “No sabía por qué me sentía así, solo que era miserable, estúpida, incompetente, inútil e indigna de ser amada".

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En rehabilitación a los 14

El momento más crítico se produjo en 2014, cuando a Bowie le diagnosticaron el cáncer de hígado que le causaría la muerte dos años después. La ansiedad y la depresión que ya la acuciaban se tornaron en autodestrucción pura y dura. Empezó a consumir compulsivamente alcohol y drogas como mecanismo de escape, llegando a tocar fondo mientras su padre agonizaba. Se volvió violenta. "Era cruel con quienes no me trataban como yo quería", reconoce. La situación llegó a un punto en el que la familia tuvo que tomar la drástica decisión ingresarla en un centro de rehabilitación con solo 14 años.

Lexi recuerda perfectamente cómo ese día su padre, ya muy enfermo, le entregó una carta pidiéndole perdón por lo que tenía que hacer para salvarle la vida. Después unos hombres entraron en casa para llevársela a un programa terapéutico. "Me subieron a una camioneta negra y me metieron dentro a empujones", rememora. Pasó tres meses aislada. Sin espejos, sin televisión, sin apenas comunicación con el exterior. "No abusaron de mí físicamente, pero sufrí manipulación mental y emocional. Es algo que nunca olvidaré y no puedo fingir que no ocurrió”, relata.

Amarga despedida

Una terapia intensa y dolorosa que se prolongó durante otros trece meses en otro centro. Cuando Bowie murió en 2016 ella estaba fuera. "No estuve ahí. Tuve el privilegio de hablar con él dos días antes, en su cumpleaños; le dije que le quería y él me lo dijo a mí”, recuerda. Pero no pudo despedirse en persona y esa herida nunca se ha cerrado del todo: “Toda la familia estaba ahí, menos yo. A veces tengo esos momentos en los que deseo que las cosas hubiesen sido diferentes”.

Regresó a casa con 16 años, con normas estrictas y la sensación de no saber ni quién era ni qué quería. Intentó recuperar el tiempo perdido viviendo deprisa y tuvo que volver a terapia. Enderezar su vida no ha sido fácil ni rápido. Hoy, con 25, Lexi se dedica a la música, ha publicado un álbum compuesto, producido e interpretado íntegramente por ella que ha recibido críticas excelentes. También se dedica a la pintura y a la ilustración, pero admite que la adición es una enfermedad ante la que no puede permitirse bajar la guardia. "Pasé por muchas cosas que los niños no tendrían que atravesar. No es solo una historia de trauma, es una historia de cómo el poder te cambia. Me siento orgullosa de lo lejos que he llegado”, concluye.