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Loquillo y su conmovedora reflexión sobre quedarte huérfano: "Cuando se muere tu madre, estás solo"

Loquillo, humano y vulnerable. Getty Images
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La imagen pública de Loquillo suele ser la de un gigante envuelto en negro, inquebrantable y altivo. Sin embargo, el artista del Clot también posee una faceta profundamente humana y vulnerable, como ha demostrado en su reciente entrevista en 'Lo de Évole' hablando sobre el impacto que ha tenido en en su propia vida la ausencia de los padres y la importancia de valorarlos mientras aún están vivos. Una reflexión que surge desde la madurez de quien ya ha cumplido los 65 y ha pasado por ese duelo.

Loquillo siempre ha descrito su infancia como una etapa marcada por el silencio y la soledad. Su padre, Santiago Sanz Pallás, era estibador y dormía durante el día, lo que obligaba a estar callados en casa. Además, el contexto político de la época -el padre luchó en el bando republicano en la Guerra Civil- reforzaba esa falta de comunicación verbal en el entorno familiar. Ante esa soledad infantil, su tocadiscos se convirtió en su principal compañía y en la herramienta que le permitió construir su propia identidad.

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A pesar de la sobriedad del hogar, Loquillo admiraba la personalidad de su padre, al que recuerda como a un aragonés, "bravo, de palabra, cachondo y conquistador nato". Sin embargo, falleció cuando él todavía no había cumplido los 30. "Cuando perdí a mi padre, estaba en plena gira de 'A por ellos que son pocos y cobardes'. Fue un aviso, una especie de aldabonazo... Mi padre había sufrido mucho, se fumaba dos paquetes de Celtas diarios. Vieja escuela. Me acuerdo de que lo enterramos con la bandera republicana", contaba en el mencionado programa.

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El momento más duro

La relación de Loquillo con su madre, Adela Beltrán, también fue sobria y pragmática. El artista ha recordado en alguna ocasión que ella le inculcó una máxima que ha marcado su actitud pública: "No mostrar nunca mis sentimientos a nadie". Un consejo, nacido de la dureza de la posguerra, que buscaba protegerlo en un entorno difícil. También ha hablado con gran sensibilidad sobre la larga enfermedad de su madre en su etapa final, uno de los momentos más duros de su vida personal.

"Cuando pierdes a tu madre, estás solo. Fue un momento muy duro, como lo es para todo el mundo", se sinceraba el Loco. "Yo se lo digo a muchos amigos míos que tienen la suerte de tener todavía a sus padres vivos. No perdáis un puto segundo. Estad lo más cerca posible de ellos porque no sabéis lo que es perderlos. Y a veces el mundo en el que vivimos, el mundo de rapidez, de inmediatez, hace que nos olvidemos de algo muy importante, de esos vínculos", reflexionaba.

Lo que subyace en las palabras de José María Sanz es la idea de que la identidad de uno mismo está indisolublemente ligada a los orígenes, y el que el tiempo dedicado a los padres no es una pérdida de libertad, sino una forma de honrar la propia historia antes de que el silencio sea definitivo.

Lidiar con el duelo por la muerte de un padre

La pérdida de los padres es una de las situaciones más difíciles de soportar cuando se es adulto, incluso cuando la relación ha sido conflictiva. Superar esta circunstancia solo es posible a través del doloroso duelo. Pasar por él, experimentar y expresar estos sentimientos ayuda a superar la pérdida de esta persona. "Nuestro padre es nuestra principal conexión con el mundo. Aunque tengamos hijos, amigos o una red social, el padre es nuestro vínculo, nuestras raíces. Perder al padre o a la madre es perder una de las figuras más importantes de nuestro mundo", nos explicaba aquí la psicóloga Lara Ferreiro.

"Se dice que cuando muere nuestro padre, una parte de nosotros muere también, queda huérfana. Aunque sea ley de vida, aunque lo entendamos, tenemos la fantasía de que los padres son eternos, van a estar ahí para siempre, y, en realidad, no", añadía. El tiempo es la 'medicina' que necesitamos en los momentos de duelo. "Se necesita tiempo para asumir la pérdida y nuestra forma de llevar este duelo debe ser respetada, el respeto es una palabra clave", explica en su web el psicólogo clínico Manuel Escudero, quien advierte del reto más importante es despedir a la persona física y aceptar que esta persona sigue con nosotros de manera simbólica y en nuestra memoria.