Los momentos más duros de la vida de Loquillo: de la hepatitis que le cambió a la enfermedad de su mujer
Repasamos los graves problemas de salud que ha atravesado el rockero
Ha estado al borde de perder la voz y ha afrontado diversas patologías
Loquillo (Barcelona, 1960) es una de las figuras más reconocibles del rock español, con más de cinco décadas de trayectoria. José María Sanz Beltrán —su nombre real— adoptó el apodo por el que hoy es conocido de la mano del exjugador de baloncesto Juan Antonio San Epifanio (Epi), con quien coincidió en categorías inferiores.
A lo largo de su carrera ha formado parte de distintas bandas, siendo Loquillo y los Trogloditas la más emblemática hasta su disolución a mediados de 2007. Desde entonces desarrolla su carrera en solitario, con una discografía consolidada que suma títulos recientes como Corazones legendarios (2025), un proyecto que revisita su repertorio junto a colaboradores de distintas generaciones.
Sin embargo, tras el éxito artístico, el cantante ha atravesado episodios personales especialmente delicados, marcados por problemas de salud propios y de su entorno más cercano. "Físicamente han sido cinco años muy difíciles para mí porque me he enfrentado a enfermedades muy graves", reconocía en una entrevista en La Revuelta en septiembre de 2025.
Ha estado al borde de perder la voz y ha afrontado diversas patologías a lo largo de los años, entre ellas problemas de tiroides, una hepatitis en su infancia y una intervención cardíaca de urgencia a causa de una arritmia severa, entre otros episodios.
A ello se suma el impacto de la enfermedad en su entorno más cercano: su mujer, Susana Koska, con la que comparte vida desde hace más de tres décadas, fue diagnosticada de cáncer de mama.
La hepatitis en la infancia: un punto de inflexión
Uno de los primeros momentos determinantes en su vida se remonta a la infancia, cuando padeció hepatitis. La enfermedad le obligó a permanecer tres meses en aislamiento absoluto, recluido en la habitación de su tía. "Ella entraba para ver si seguía vivo", recordaba recientemente en la Cadena SER.
Lejos de ser un tiempo vacío, aquel encierro se convirtió en un refugio creativo: Loquillo devoró libros, tebeos y música. "Fueron tres meses muy enriquecedores culturalmente", explicaba. A su salida, no solo había cambiado su mirada, también su físico: había crecido tanto que su ropa dejó de servirle. Ese periodo, según él mismo ha señalado, contribuyó a forjar su identidad.
El temor a perder la voz
Décadas después, ya consolidado como artista, Loquillo se enfrentó a otro episodio crítico: un bocio multinodular de tiroides con nódulos potencialmente cancerígenos que amenazaban su voz —su principal herramienta de trabajo— e incluso su vida.
"Me dieron la opción de operarme y yo dije que no. Le dije a mi compositor, esto dura lo que dure. Para mí a nivel emocional es la más importante", contaba en 2023 en otra entrevista en la Cadena Ser.
El hallazgo se produjo durante el confinamiento, cuando detectó un bulto en el cuello. "Confinado en plena pandemia, descubrí que mi camisa no abrochaba. Lo bueno de una camisa a medida es que no engaña, creí a la primera que el encierro me había proporcionado unos kilos de más pero pronto noté un bulto en el cuello", explicaba a Diario Médico en 2022.
En ese contexto grabó Voluntad de bien, una canción que refleja ese momento. "Dejadme morir. Morirme de pie. Aún oigo el tambor de mi corazón. Dejadme ir con él...", dice la letra. Con el tiempo, el bocio fue remitiendo, sus camisas volvieron a envolver su cuello y su estado mejoró, según sus últimas declaraciones sobre este tema.
"Me dieron la opción de operarme y yo dije que no. Le dije a mi compositor, esto dura lo que dure. Para mí a nivel emocional es la más importante"
Esta experiencia también dejó una huella clara en su forma de afrontar el futuro. "No hago planes por adelantado desde hace unos años. Disfruto de la vida, intento hacer feliz a los demás y sobre todo amo la música porque es lo que me hace vivir y estar vivo. Uno tiene que vivir esto con mucha dignidad", dijo también en la entrevista para la cadena de radio generalista más antigua de España.
Un episodio cardíaco de urgencia
Otro de los sustos más graves llegó tras un concierto en Níjar, cuando sufrió una arritmia severa. El artista tuvo que ser trasladado de urgencia a la Clínica Universidad de Navarra, donde fue intervenido.
"Vi la luz blanca. Si me caigo al suelo, estoy frito", relató sobre aquel episodio en La Revuelta. Llegó al hospital con 146 pulsaciones por minuto —muy por encima de lo habitual— y un cuadro de fibrilación auricular, una condición que puede preceder a un infarto o a un ictus.
Una mirada distinta sobre la vida
A estas vivencias personales se suma el impacto de la enfermedad en su familia. Su mujer, Susana Koska, fue diagnosticada de cáncer de mama en 2011, una experiencia que el cantante ha mencionado en varias ocasiones como un ejemplo de fortaleza y actitud. "Si tengo que buscar un ejemplo de valentía, lo tengo en casa", afirmaba.
Tras encadenar varios episodios de salud en un corto periodo de tiempo, Loquillo reconoce que su perspectiva vital ha cambiado. No habla de un giro radical, sino de un reajuste: "El cuerpo siempre te avisa y te resitúa. Hay que aprender a entender esas señales", reflexionó en La Revuelta.