La emotiva felicitación de Ariel Rot y Cecilia Roth a su padre para celebrar sus 100 años
El argentino de origen ucraniano Abrasha Rotenberg ha sido economista, editor, periodista y escritor
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Ariel Rot y Cecilia Roth son dos artistas enormes, cada uno en lo suyo. Uno convirtió el rock en una forma elegante de narrar la nostalgia rioplatense en España; la otra se transformó en una actriz esencial del cine iberoamericano, musa de Almodóvar y rostro de varias generaciones. Pero en esa combinación de talento, magnetismo y sensibilidad hubo también una herencia poderosa. Detrás de ambos aparece la figura fascinante de su padre, Abrasha Rotenberg, que acaba de cumplir 100 años y cuya vida parece escrita por un novelista con exceso de imaginación.
Ariel y Cecilia han celebrado con su progenitor un centenario muy especial, rodeados de su círculo más íntimo. "Tengo mucha suerte de tener estos hijos y de tener estos amigos", decía emocionado Rotenberg. Observándole de cerca se entiende mejor de dónde viene la mezcla de sofisticación, exilio sentimental y sensibilidad artística que el músico y la actriz proyectan desde hace décadas.
Rotenberg nació en 1926 en Teofípol, una pequeña localidad de la actual Ucrania y antigua república soviética. Judío, hijo de una Europa convulsa, creció entre el miedo, el hambre y el ruido de un continente que se dirigía hacia la catástrofe. A los ocho años emigró con su madre a Buenos Aires, atravesando el océano como tantos inmigrantes que llegaron a Argentina escapando de un futuro imposible. Décadas después, él mismo recordaría aquella llegada al Hotel de Inmigrantes como uno de los grandes quiebros emocionales de su vida.
Las muchas vidas de Abrasha Rotenberg
La biografía de Abrasha Rotenberg parece contener varias vidas superpuestas. Fue economista, periodista, editor, empresario cultural y escritor tardío. Estudió en Buenos Aires y también en Jerusalén, en la Universidad Hebrea, en un momento en el que Israel todavía estaba construyendo su identidad moderna.
Perteneció a una generación de intelectuales argentinos que creían de verdad que el periodismo podía cambiar el mundo. Participó en la fundación de medios decisivos como Primera Plana, Nueva Sion y, sobre todo, La Opinión, el mítico diario impulsado junto a Jacobo Timerman que revolucionó la prensa argentina de los años setenta.
Cuando la dictadura militar de Videla tomó el poder en 1976, el clima se volvió irrespirable. La Opinión fue clausurado y Rotenberg terminó exiliándose en España junto a su mujer, la cantante Dina Rot, y sus hijos adolescentes, Cecilia y Ariel.
Un exilio que cambió la cultura
Ese exilio tendría un fuerte impacto en la cultura española sin que casi nadie lo supiera entonces. Porque mientras Abrasha reconstruía su vida en Madrid, Ariel Rot terminaba formando Tequila junto a Alejo Stivel y acababa participando de la explosión musical de la Transición. Más tarde llegarían Los Rodríguez y una carrera imprescindible en el rock en español. Cecilia Roth, por su parte, se convertiría en una de las grandes actrices del cine español, atravesando películas de Almodóvar, Aristarain o Zulueta con una mezcla única de fragilidad y carácter.
En las entrevistas, Abrasha habla como un hombre que ha vivido demasiados siglos dentro de una sola existencia. Ha visto caer utopías, sobrevivió a los ecos del estalinismo, perdió familiares durante la Segunda Guerra Mundial, atravesó dictaduras y exilios, y aun así mantiene una mirada curiosa y vitalista.
De hecho, como si no hubiera tenido suficiente con todo lo anterior, Abrasha decidió reinventarse literariamente después de los 75 años. Publicó novelas, memorias y libros de relatos celebrados por la crítica. 'El moscovita desesperado', por ejemplo, fue reivindicado incluso por Fito Páez, que lo definió como una obra magistral llena de humor, melancolía e inteligencia.
Resulta fascinante pensar que alguien pueda empezar una carrera literaria cuando otros ya están cerrando la persiana de la vida pública. Tal vez por eso resulta tan magnético escucharlo hoy, cuando cumple cien años conservando lucidez, ironía y ganas de seguir escribiendo. Normal que sus hijos estén tan orgullosos.
