Cantantes

Las raíces de Víctor Manuel en Asturias: de la partera que sugirió su nombre a la casa "muy humilde" en la que creció

Víctor Manuel en concierto
Víctor Manuel en concierto. Cordon Press
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Víctor Manuel es, sin duda, una de las voces más reconocibles de la música española. Muchas de sus canciones se han convertido en himnos, tanto las que interpreta en solitario como las que ha cantado junto a su compañera de vida, Ana Belén. Pero más 60 años de carrera no son casualidad: se necesitan toneladas de talento y de capacidad para entender al público que te sigue. También, en su caso, el haber sido fiel a sus orígenes: unos orígenes que se sitúan en un pueblo minero de Asturias. Así fue el Víctor Manuel niño que casi nadie conoce.

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Una infancia rodeado de naturaleza

Víctor Manuel nació en Mieres del Camino, un municipio asturiano. Y lo hizo en casa, algo frecuente en la época. “Teníamos una partera en casa que se llamaba Amor, y era prima de mi madre”, explicaba en el programa de radio ‘Por el principio’. De hecho, fue ella la que sugirió el nombre del artista. Cuando la madre dijo que lo llamaría Víctor, como el abuelo (o más bien Vítor), Amor contestó: “¿Y por qué no le ponéis Víctor Manuel, como el rey de Italia?”. 

Aquella casa no tenía agua corriente; el aseo, comunitario, estaba fuera, y la bañera era un balde colocado en la cocina. “Era una casa muy humilde”, recuerda Víctor Manuel, que rememora también un salón con demasiados muebles para lo pequeño que era, “con una radio de galena en la esquina”, donde su padre escuchaba Radio Pirenaica, una emisora prohibida por la dictadura y fundada por el PCE. 

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Mieres del Camino fue el lugar que vio nacer al famoso cantante y donde vivió hasta los diez años. Tal como él mismo cuenta, tras su casa había un prado enorme y un arroyo, por lo que su infancia está profundamente relacionada con la naturaleza y la frondosa vegetación que es común en Asturias: solía adentrarse en el pequeño bosque de castaños que había cerca, a menudo con su pelota, en busca de nidos o de grillos a los que, reconoce, molestaba porque no había más juegos que aquellos. Víctor Manuel describe su niñez como “un paraíso, una burbuja maravillosa”, entre el olor a hierba fresca o a la hierba seca que se almacenaba en el pajar.

Un abuelo minero, un padre ferroviario y una madre “fuerte e impetuosa”

Para llegar a la casa había que pasar por la estación. En ella trabajaba Jesús, ‘Chuso’, el padre de Víctor Manuel. Era ferroviario; en concreto, el taquillero de la estación. También vendía pollos y huevos que transportaba en una furgoneta, y era habitual que su mujer y sus dos hijos lo ayudaran. El cantante lo recuerda como “un hombre al que le gustaba muchísimo hacer favores” gracias al puesto que ocupaba en la estación de tren: colaba a gente que no tenía billete, pero necesitaba llegar a su destino con urgencia. Y es que Chuso se había quedado con solo 18 años como cabeza de familia: a su padre, Ángel, lo habían encarcelado y después fusilado tras la guerra civil, junto a su hermano. “A mi padre estuvieron amenazándolo prácticamente hasta que se murió”, recuerda el cantante: primero, por quienes mataron a su padre y a su tío; después, por la ideología política de su hijo. 

¿Y la madre? Felicita, ‘Tita’, era una mujer “muy fuerte, muy impetuosa”, tal como la recuerda su hijo, capaz de cargar con un saco de 30 kilos de harina cuesta arriba. La madre de Tita, la abuela María, fue el otro pilar de la infancia de Víctor Manuel. Era una mujer dulce y tranquila, que cocinaba patatas a la importancia o arroz con leche, platos que rememora el artista; también asistía partos o ayudaba a parir a las vacas.

De testificar en un juicio con 5 años a imitar a Joselito

Pero no todo fueron recuerdos bonitos en su niñez. Entre los más vívidos se encuentra aquella vez en que presenció una paliza y tuvo que declarar ante el juez lo que había visto. Eran tiempos duros, donde los niños no contaban con la protección de hoy. También en el ámbito escolar: la primera escuela a la que acudió, “con 5 o 6 años como mucho”, estaba en un piso, y su profesora tenía una vara con la que indistintamente señalaba a la pizarra o atizaba a los niños que hablaban o hacían ruido. 

De ahí pasó a un colegio religioso, y cuando llegó a 4º y no logró aprobar la famosa reválida (tuvo que repetir), le dijo a sus padres que quería cantar. Ya había hecho sus pinitos antes cantando una canción de Joselito, del que era fan y al que imitaba incluso en la manera de vestir, pero fue a los 15 años cuando hizo explícita su vocación y cuando se apuntó a un concurso de talentos. El resto… ya es historia.