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Dustin Hoffman recuerda a sus viejos amigos y compañeros de piso, Gene Hackman y Robert Duvall: "Es extraño ser el último que queda"

Dustin Hoffman en Tuner
Dustin Hoffman a los 89 años. Getty Images
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A Dustin Hoffman le ha llegado el momento de mirarse en el espejo. A los 89 años, el actor que durante décadas se dedicó a meterse en la piel de otros ha decidido interpretar su propia vida. El resultado es 'Look at Me', unas memorias escritas junto a la periodista y escritora Ariel Levy que llegarán a las librerías estadounidenses el 10 de noviembre. El libro es una mirada hacia atrás cuando buena parte de quienes compartieron con él comienzo de su aventura en el cine ya no están.

En una entrevista publicada en 'Icon' el legendario intérprete da la impresión de estar menos interesado en hacer recuento de propia carrera que en intentar comprender qué queda de aquel joven actor inseguro que llegó a Nueva York con la ambición de trabajar y terminó convirtiéndose en uno de los rostros esenciales del Nuevo Hollywood. Al revisar su filmografía para preparar sus memorias confiesa haberse sorprendido. Algunas le parecieron mejores de lo que recordaba.

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También descubrió al contemplar en pantalla sus distintas edades una sensación de extrañeza ante el hombre que fue. “Recordar versiones más jóvenes de mí mismo es como ver a otra persona en ese momento de mi vida”, admite. Sus memorias, en cualquier caso, no siguen una estructura estrictamente cronológica, sino temática. Así, explica, funciona su memoria a estas alturas del partido, como un mosaico "psicodélico" cuyos fragmentos cambian de posición. Y ahí aparece uno de los elementos más conmovedores de esta autobiografía antes incluso de que el lector pueda abrirla: la muerte de los viejos amigos.

Tres que soñaban con ser actores

Hoffman, Gene Hackman y Robert Duvall pertenecieron a una misma generación de actores que, antes de convertirse en leyendas, fueron tres jóvenes prácticamente anónimos que intentaban abrirse camino en Nueva York. "Es extraño ser el último de los tres que queda con vida”, reflexiona en la mencionada entrevista. Hoffman conoció a Hackman en la escuela de interpretación de Pasadena. Hackman tenía 26 años y Hoffman 19. Los dos fueron considerados por sus poco visionarios compañeros como alumnos con escasas posibilidades de triunfar.

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Antes de que sus nombres aparecieran en los carteles, los tres compartieron apartamentos, trabajos modestos y la incertidumbre característica de cualquier actor que intenta sobrevivir sin saber si algún día llegará su oportunidad. En una entrevista anterior publicada por 'El País', Hoffman recordaba cómo los tres trabajaron como dependientes de Macy's, en oficinas de correos y conduciendo furgonetas. Eran amigos antes de ser estrellas. Por eso su relación tenía una naturaleza distinta de las amistades nacidas en un rodaje exitoso.

Gene Hackham y Dustin Hoffman en la gala de los Oscar de 1968

Hackman se hizo famoso con 'Bonnie y Clyde' en 1967; ese mismo año 'El graduado' convirtió a Hoffman en una estrella. Duvall tardaría algo más en alcanzar una fama comparable, aunque ya había empezado a construir una carrera extraordinaria con trabajos como 'Matar a un ruiseñor'. Los tres terminarían formando parte de la historia del cine estadounidense, pero conservarían el vínculo con aquella época anterior al éxito.

La muerte de Hackman, en febrero de 2025 a los 95 años, ya había dejado a Hoffman frente a esa sensación de desaparición de una generación. Un año después se marchó Robert Duvall, también a los 95 años. Hoffman ya estaba escribiendo sus memorias mientras desaparecían algunos de sus amigos más antiguos. También Robert Redford, con quien compartió 'Todos los hombres del presidente'. “Su muerte fue un golpe”, recuerda Hoffman. Esas pérdidas fueron modificando el significado de los recuerdos que estaba recuperando.

Dustin Hoffman en 2026

El actor y el hombre

'Look at Me' va a publicarse justo cuando Hoffman se aproxima a los 90 años. 'El graduado' se estrenó en 1967. Es decir, que en 2027 se cumplirán seis décadas desde que aquel actor de 30 años, al que muchos consideraban demasiado bajo y poco convencional para convertirse en una estrella alteró para siempre la imagen del protagonista masculino de Hollywood. Hoffman no llegó para parecerse a los galanes anteriores, sino para demostrar que la inseguridad, la neurosis, la vulnerabilidad e incluso la apariencia corriente podían resultar cinematográficamente magnéticas.

Hoy apenas se reconoce cuando se ve a sí mismo en la pantalla ("Mientras veía todas las películas pensaba: ‘¿Pero quién hizo esto? En las que estuve bien, no sé qué hice ni cómo lo hice. Siento como si en la pantalla hubiera una persona completamente distinta"), lo cual no deja de ser paradójico. Haberse pasado la vida fingiendo ser otros y descubrir, al final, que tampoco reconoce completamente al que fue él mismo. Estas memorias, de alguna manera, son lo culminación lógica cuando ya no hay personaje detrás del que esconderse.