Stallone confiesa que se volvió bulímico para mantener sus músculos en los 80: “Nadie consigue ese cuerpo sin esteroides ni drogas”
El actor, de 80 años, admite que el físico escultural que lucía en los 80 y 90 no se podía conseguir sin recurrir a ayudas farmacológicas
Así es el actor que interpretará a Stallone en la nueva película sobre Rocky Balboa
Los años 80 fueron una década de excesos. En la música, en la moda, en los peinados y, por supuesto, en los cuerpos. Uno de los grandes clichés de aquella época hiperbólica fue el hombre hipermusculado, convertido en una especie de superhéroe de carne y hueso capaz de resolver cualquier problema a golpe de bíceps. Sylvester Stallone fue uno de los grandes tótems de aquella imagen; primero con Rocky Balboa y después con John Rambo.
La imagen de Sly con el torso descubierto, los músculos perfectamente definidos y la mirada del tigre quedó asociada para siempre a aquella masculinidad cinematográfica que compartió protagonismo con Arnold Schwarzenegger. Pero detrás de semejante despliegue físico había una realidad mucho menos glamurosa. Una obsesión por el cuerpo, una relación conflictiva con la comida y el reconocimiento de que recurría a sustancias para mantener una forma física que, según acaba de confesar, terminó deteriorando seriamente su salud.
En una entrevista en 'The New York Times' el actor de 80 años ha hablado sin tapujos de los sacrificios que realizó para construir su imagen de estrella de acción. En la primera película de la saga de 'Rocky', la de 1976, Stallone interpretó al 'Potro italiano' con una aspecto relativamente normal, fuerte pero no exageradamente musculado. Fue en las secuelas, y en especial a partir de la tercera entrega, cuando el actor comenzó a transformar deliberadamente su cuerpo.
Su referencia no era tanto el volumen descomunal de Schwarzenegger como el cuerpo de un jaguar, atlético y ágil. La transformación fue todavía más acusada con Rambo, un guerrero al que quería dotar de una anatomía más salvaje y agresiva. El problema llegó cuando aquella búsqueda estética dejó de tener límites. "Mi cuerpo era mi armadura y luego se convirtió en una mala obsesión, hasta el punto en el que me volví bulímico", señala Stallone.
Un porcentaje de grasa del 2,6%
Una de las revelaciones más llamativas de la entrevista tiene que ver con el rodaje de 'Rocky III', estrenada en 1982, película para la que llegó a alcanzar un porcentaje de grasa corporal del 2,6%, una cifra extraordinariamente baja que describe hasta qué punto había llevado su preparación física al límite. Su obsesión por conservar aquella definición muscular era tal que no conseguía retener la comida. Y cuando podía hacerlo no quería mantenerla en el organismo.
Había desarrollado una forma de culto al cuerpo que condicionaba su comportamiento y su bienestar. Y en esa espiral obsesiva el uso de esteroides ocupaba un lugar central. Por primera vez el actor reconoce haberlos utilizado, explicando que recurría a ciclos de seis semanas de consumo y otras seis de descanso. “La gente dice: ‘No consigues ese cuerpo de forma natural’. Es cierto. No, no lo consigues”, admite el actor, que asegura que no es posible sostener durante meses una condición física tan exigente, con una dieta extremadamente limitada, sin recurrir a ayudas farmacológicas.
Una factura física enorme
Aquella forma de tratar su organismo acabó pasándole una factura enorme. "Pueden intentar negarlo, pero mentirían. Nadie consigue aquello sin aditivos, ni drogas, punto. Lo tienes que hacer, tuve que tomar esteroides, pero tiene un coste terrible porque afecta incluso a tu estado de ánimo. No fue hasta que hice 'Copland' (1997) que tuve que despojarme de todo aquello e interpretar al tipo más débil de todos: era parcialmente sordo y con sobrepeso, así que me sentí liberado", se sincera.
La factura física de aquella trayectoria como héroe de acción tampoco se limita a los problemas alimentarios y al uso de sustancias. Stallone enumera nueve intervenciones quirúrgicas de espalda, dos operaciones de hombro y tres fusiones cervicales. Hoy lamenta no haber delegado gran parte del trabajo físico que hizo entonces y haber evitado realizar tantas escenas de riesgo por sí mismo. "Estoy relativamente en forma, pero tengo de todo. Debo tomar muchas pastillas para seguir funcionando. Aquello tuvo un coste terrible, así que si pudiera empezar de nuevo pediría que fuera otro el que llevara la batuta", concluye.
