El puesto de Vicente o cuando tu hijo te hace un Instagram y doblas ventas: “Viene gente a hacerse fotos conmigo”

El Puesto de Vicente, regentado por el matrimonio Vicente Sánchez y Marta Aleu, se ha convertido en un espacio de visita obligada para los que están de paso por Cantabria y Asturias: "Hacemos un poco de psicólogos"
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Existen muchos motivos para acercarse a Cantabria y Asturias, pero seguramente no sepas que, para cada vez más españoles, desde hace ya varias décadas, ir a visitar el puesto itinerante que regentan Vicente Sánchez, natural de Torrelavega, y Marta Aleu, su mujer, se ha convertido en uno de los grandes alicientes que nos aguardan, dependiendo del día de la semana, en pueblos con encanto como Potes, Unquera, Colunga, San Vicente de la Barquera –donde residen- y Liérganes.
Era más o menos un puesto normal, con dulces, encurtidos y embutidos, pero a su hijo se le ocurrió hacerle un Instagram y su puesto en el mercado pasó a ser omnipresente en online (le siguió Tiktok y una web), donde puede comprarse todo lo que él lleva cada semana de pueblo en pueblo. Además de convertirse, que no es poco, en un rostro muy popular de la zona: "Viene gente a hacerse una foto conmigo desde Estados Unidos y Barcelona, es un orgullo".
¿Qué vende en su puesto? De todo. Lo fácil sería pensar en su cuidada selección de pasteles, hojaldres, frutos secos y encurtidos. Pero todo esto, que siempre es artesano y de la máxima calidad, queda en un segundo plano cuando descubres que a El Puesto de Vicente no solo se viene a comprar, desde que abrió sus puertas en 1983, todo tipo de viandas dulces y saladas. El gran reclamo es disfrutar de una buena charla con este pastelero de formación al que le apasiona su trabajo aún más que cuando empezó –con solo 12 años– a recorrerse los mercados de la zona junto a su familia. Su hija es la encargada, por otro lado, de preparar los productos que la gente pide por la web.
¿Cuándo empezaste con esta aventura? ¿Cómo te dio por montar un puesto de productos locales y tradicionales?
Nosotros empezamos esta aventura porque los que nos rodeaban, tanto los amigos como la familia, ya se dedicaban a esto. Y nosotros siempre hemos flirteado con ellos. A los 12 años ya estaba vendiendo en los mercados, siempre me ha gustado muchísimo esto. De hecho, yo conocí en el mercado a la que hoy es mi mujer, con la que llevo 40 años. Éramos compañeros de trabajo (risas), nos hicimos novios y a los seis meses nos pusimos por nuestra cuenta.

Así que el puesto no es solo de Vicente…
Mi mujer siempre me apoyó, nos embarcamos juntos en esto porque a los dos nos gustaba la idea. La única discusión que tenemos por trabajo es porque ella aspira a que cada vez trabajemos menos y yo le quiero dedicar cada vez más horas (risas). Pero esto es algo que pasa en muchas casas. Es que yo lo sigo viendo como un hobby, es algo que me encanta, disfruto con todo lo que hago. Pero la base de todo ha sido siempre la perfecta comunión entre mi mujer y yo, que hemos trabajado muchísimo aguantando temporales de agua, nieve… Hemos estado al pie del cañón siempre, cumpliendo con nuestro trabajo. Y ahora, por suerte, nos acompañan nuestros tres hijos y otros tres sobrinos que tenemos.
A grandes rasgos, ¿qué va a encontrar el que se acerca a vuestro puesto?
Siempre hemos trabajado con gente del mundo del fruto seco, pero además estuve casi cuatro años trabajando en un obrador de pastelería. Y ahí adquirí muchos conocimientos sobre cómo elaborar dulces artesanales, hoy sigo muy ligado a este mundo porque me fascina. Generalmente, trabajamos con pequeños productores de kilómetro cero, aquí no vendemos nada industrial, pero sí que traemos algo de Astorga (León), Logroño, Castuera (Badajoz), Ciudad Real,… En incluso de Murcia o Barcelona, ya que el encurtido es nuestro otro punto fuerte. Y esto nos lleva a trabajar con proveedores de prácticamente toda España.

Vivís en San Vicente de la Barquera, pero estáis continuamente viajando por pueblos de Cantabria y Asturias.
Siempre nos hemos sentido muy a gusto visitando los mercados. Hubo un momento en el que me planteé abrir una tienda en un pueblo, seguramente en San Vicente de la Barquera, pero afortunadamente mi mujer nunca me apoyó. Hoy tengo que darle las gracias de no haberlo hecho porque un negocio así es algo que te atrapa y nos hubiéramos quedado estancados. Eso no va con nuestro carácter. Nuestra vida es muy activa, visitamos seis mercados a la semana: empezamos los lunes en la capital lebaniega, en Potes; después tenemos un mercado astur-cántabro justo en la frontera, en Unquera, el pueblo de las corbatas; de ahí nos vamos al corazón de Asturias, a Colunga, donde muchos madrileños tienen segunda residencia; la próxima parada es Posada de Llanes, donde se despachan muchos quesos y embutidos de la tierra; y los fines de semana rematamos, primero, jugando en casa, los sábados, y luego el domingo nos toca Liérganes, donde se acerca mucha gente de Santander.

¿Y qué es lo que más te gusta de este trabajo tan particular?
Lo que más me gusta de mi trabajo es el contacto con las personas, he llegado a conocer a gente muy diversa que te enriquece la vida. Disfruto mucho con aquellos que tienen entre 70 y 90 años porque son los que tienen muchísima experiencia, también gente famosa que ha llegado a lo más alto a nivel profesional… Pero nuestra clientela es muy extensa, viene también mucha gente joven. Y algo muy importante también es que cada día es diferente Aquí solo tenemos una consigna que conocen bien todos los que trabajan con nosotros: hay que tratar al cliente con el máximo respeto y con simpatía. Porque mi familia y yo estamos viviendo de esa persona que viene a nuestra casa a entregarnos su dinero, y eso es sagrado.
También eres muy activo en redes sociales como Instagram o TikTok. ¿Qué te aporta?
Yo lo veo como una extensión de lo que somos. Es verdad que el perfil está muy enfocado en mí porque soy muy dicharachero y es algo que hago con muchísima ilusión. Las redes sociales nos han permitido llegar a miles y miles de personas de toda España, mucho más allá de nuestro circuito (Cantabria y Asturias). Y todo esto nos llevó a querer abrir una tienda virtual donde está disponible todo nuestro catálogo. Y más allá de lo que vendamos, que obviamente es importante, yo esto lo hago porque es mi entretenimiento y mi pasión. Aunque compres a través de la web, no perdemos el contacto directo. Siempre te toca llamar a alguno, estás pendiente de aquellos que hacen pedidos de manera recurrente… Y al final terminamos entablando conversaciones, contando nuestras vivencias… Es que la vida va de eso, de comunicarnos unos con otros, de escucharnos mutuamente y, en definitiva, de compartir. Hacemos un poco de psicólogos, ellos y nosotros (risas). Lo mejor de este negocio es que pasan cosas nuevas cada día y tratas con gente de diferentes lugares a diario.
¿Alguna historia curiosa o anécdota con algún cliente que te apetezca compartir?
Ayer mismo estuve en Potes y me encontré con gente que hacía tiempo que no veía. Por ejemplo, me vino a ver una chica que tiene familia de Cantabria pero vive en Utah (Estados Unidos). Y vino expresamente para conocerme, después nos hicimos unas fotos, conversamos… Esto es lo que ha traído consigo el tema de las redes sociales. También recuerdo que una vez vino una pareja que trabajaba en el hospital Clínic de Barcelona porque él le había regalado a ella un viaje a Cantabria para conocer El Puesto de Vicente, se cogieron un avión y se vinieron a verme. Y tengo muchas anécdotas así: e piden que envíe felicitaciones a gente que está de celebración, que les llame por teléfono…

Hablemos de vuestros productos. ¿Qué es lo que más éxito tiene ahora en Navidad?
El producto estrella de las Navidades siempre son los turrones, siempre hemos trabajado muy bien con el blando del gran Felipe Rey, de Castuera (Badajoz), pero ahora tenemos un total de 12 variedades. Y algo que nos está sorprendiendo mucho a nivel de ventas en toda España son las gildas y los pintxos, que los hacemos caseros y están marcando la diferencia. Por otra parte, está la avellana de romería, que va con cáscara, es más gorda de lo normal y tiene un golpe para que se agriete al tostarla. Era muy típica de las romerías en los años 60 y 70, hemos vendido unos 22.000 kilos este año.
