Qué pasa si vuelvo a congelar unas lentejas a medio descongelar, ¿me sentarían mal?

Siempre nos han dicho que no es buena idea volver a congelar un alimento descongelado. Pero, ¿cuál es el motivo?
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Siempre nos han dicho que no es buena idea volver a congelar un alimento descongelado. Pero, ¿cuál es el motivo? ¿Esa recomendación también vale cuando la comida está a medio descongelar? ¿Qué deberíamos hacer en esos casos? Esto es algo que ocurre con bastante frecuencia. Sacamos un alimento del congelador, por ejemplo, unas lentejas, con intención de comerlas en la siguiente comida, pero surge algo inesperado y tenemos que cambiar de plan. El problema es que ya están medio descongeladas, así que no tenemos muy claro qué ocurrirá si las volvemos a congelar o qué podemos hacer si no las devolvemos al congelador.
Por qué no recongelar
Siempre se ha dicho que no es recomendable volver a congelar un alimento que ya está descongelado. El principal motivo no está relacionado con la calidad (sabor, textura, etc.), sino con la seguridad alimentaria.
Cuando congelamos un alimento en casa, la temperatura llega generalmente hasta -18ºC o -24ºC, dependiendo de las características de nuestro congelador. A diferencia de lo que mucha gente piensa, esas bajas temperaturas no eliminan las bacterias. Pero sí detienen su crecimiento. Al descongelarlo, sobre todo si lo hacemos a temperatura ambiente, esos microorganismos pueden reactivarse y comenzar a multiplicarse.
Si en ese momento volvemos a congelar el alimento, lo que estamos haciendo es volver a guardarlo con más cantidad de bacterias de las que tenía inicialmente. Así que, cuando volvamos a descongelar, seguirán ahí y se multiplicarán, aumentando todavía más la carga microbiana. Es decir, cada vez que recongelamos y descongelamos un alimento, aumenta el riesgo de intoxicación alimentaria.

¿Qué ocurre si el alimento está a medio descongelar?
Lo que acabamos de mencionar es aplicable cuando el alimento ya está descongelado. Pero si todavía no lo está del todo, conviene tener en cuenta algunos matices importantes.
Es fundamental tener presente que en estos casos el nivel de riesgo depende, sobre todo, de la temperatura. Si las lentejas todavía están parcialmente congeladas y las tenemos en el frigorífico, es muy probable que no hayan superado los 4ºC. En ese caso la actividad de las bacterias sigue siendo limitada, así que la mayoría todavía no puede multiplicarse o lo hace lentamente.
En ese caso podríamos volver a congelar las lentejas, pero solo si se dan algunas condiciones. La más importante de todas es que no hayan estado a temperatura ambiente durante horas. También hay que comprobar que su temperatura no haya subido demasiado, es decir, que aún tenga partes congeladas, y que no hayan transcurrido muchas horas desde que las pasamos del congelador al frigorífico.
Si no se dan esas condiciones, es decir, si las lentejas han pasado mucho tiempo fuera del congelador y no tienen hielo, o si han pasado horas fuera del frigorífico, no es recomendable volver a congelarlas.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer?
Como ya hemos comentado, si se dan ciertas condiciones (que tengan hielo y no hayan pasado muchas horas fuera del congelador) podríamos volver a congelarlas sin demasiado problema. Pero si no es el caso, deberíamos consumirlas, preferiblemente, durante las primeras 24 horas tras la descongelación.
Si no podemos hacer eso, hay otras alternativas. Podemos calentarlas bien, hasta que hiervan, para eliminar la mayoría de los microorganismos que puedan haberse desarrollado. Después, las dejamos enfriar y, por último, podríamos volver a congelarlas.
Eso sí, también aquí debemos tener en cuenta algunos matices importantes: las lentejas deben partir de unas condiciones óptimas. Por ejemplo, que las hayamos cocinado en condiciones higiénicas, que no las hayamos recalentado antes de congelarlas o que no las hayamos dejado mucho tiempo a temperatura ambiente después de cocinarlas.
El otro problema: la calidad
Hasta ahora hemos hablado de los riesgos que puede suponer la recongelación para la seguridad de los alimentos. Pero ese proceso también puede afectar negativamente a su calidad, especialmente a su textura y a su aspecto, aunque también a su aroma y sabor.
Cada vez que congelamos y descongelamos se forman cristales de hielo que rompen la estructura de los alimentos. Eso hace que pierdan firmeza y que desprendan agua. No en todos los alimentos se nota de la misma forma; por ejemplo, algunos no quedan bien cuando los congelamos, como los que son ricos en almidón, como las patatas o el arroz, o los que tienen mucha agua, como la lechuga.
Además, el resultado depende de las condiciones de congelación; sobre todo del tiempo y de la temperatura. En un congelador doméstico el descenso de temperatura es bastante lento y las temperaturas alcanzadas no son muy bajas, así que se forman cristales de hielo relativamente grandes, que pueden afectar negativamente a la textura del alimento. Si el alimento pasa mucho tiempo en el congelador, esos cristales se van agrupando y la textura se puede deteriorar todavía más.
Otro problema es que el alimento puede adquirir aromas o sabores indeseables.

Recomendaciones para evitar problemas
En primer lugar, conviene respetar siempre unas medidas básicas:
- Cocinar en condiciones higiénicas: lavar las manos y los alimentos antes de manipularlos, emplear utensilios limpios, etc.
- Separar los alimentos sucios o crudos de los que ya están limpios o listos para consumir
- Cocinar bien los alimentos, hasta que estén bien hechos, y recalentarlos suficientemente (en el caso de las lentejas, conviene dejar que hiervan unos minutos)
- Enfriar lo antes posible: si nos han sobrado lentejas y queremos congelarlas, es importante guardarlas en cuanto se enfríen (cuando el recipiente no queme al tacto). Para acelerar el proceso podemos sumergir parcialmente dicho recipiente en agua fría.
- Utilizar envases herméticos.
- Anotar la fecha de congelación.
- Cuando vayamos a descongelar el alimento, hacerlo siempre dentro del frigorífico. Nunca a temperatura ambiente. Si queremos ganar tiempo, podemos utilizar métodos rápidos, como el microondas, pero solo si las vamos a consumir inmediatamente.
Para no enfrentarnos al dilema entre recongelar o no, podemos tomar medidas preventivas que pueden, al menos, minimizar el problema. Por ejemplo, programar un menú semanal o congelar las lentejas (o cualquier otro alimento) en raciones individuales.
