La tortilla cántabra con txapela para un brunch inolvidable
Una receta con magia que no dejará a nadie indiferente por su pinta y su sabor
El bocadillo de croqueta más épico del mundo
La tortilla cántabra, también conocida como tortilla al estilo Santander o incluso “con txapela”, tiene muchos nombres, pero un único resultado. Su éxito está asegurado cuando la preparas en casa y la conviertes en la protagonista indiscutible de un brunch. Sabor, tradición y ese punto irresistible, es lo que caracteriza a esta receta que no necesita presentación.
Es de esas elaboraciones que sorprenden desde el primer bocado. Aparentemente sencilla, pero con un giro que la convierte en algo especial. Porque no hablamos de una tortilla cualquiera, sino de una versión que se corona, y de manera literal, con una capa cremosa y sabrosa que la eleva a otro nivel.
Perfecta para compartir en una mesa bonita, acompañada de pan crujiente, café recién hecho o incluso una copa de vino blanco, esta tortilla es todo lo que necesitas para transformar un brunch en un momento memorable.
Qué es la tortilla cántabra y qué significa eso de 'txapela'
La tortilla cántabra es una reinterpretación deliciosa de la clásica tortilla de patatas, con un añadido que marca la diferencia, la famosa “txapela”. Este término, que hace referencia a la tradicional boina vasca por su forma, describe la capa que se coloca sobre la tortilla y que le da ese aspecto tan característico.
¿En qué consiste exactamente? En su versión más clásica, la txapela se elabora con una mezcla de bonito y mayonesa. Esta combinación se extiende sobre la tortilla ya cocinada, creando una cobertura cremosa, jugosa y llena de sabor.
El contraste es simplemente espectacular, por un lado, la suavidad y el punto meloso de la tortilla; por otro, la intensidad del bonito y la untuosidad de la mayonesa. El resultado es un equilibrio perfecto que convierte cada bocado en una pequeña fiesta.
El secreto de la txapela
Lo mejor de esta tortilla cántabra con txapela es que, a pesar de su resultado espectacular, es una receta sencilla, accesible y perfecta incluso si no tienes demasiada experiencia en la cocina. El proceso empieza como cualquier tortilla de patatas tradicional. Uno de los secretos es que la tortilla debe quedar cremosa. No seca, no demasiado cuajada. Ese punto meloso es lo que hará que combine a la perfección con la txapela. Mientras la tortilla reposa ligeramente, se prepara la cobertura de bonito con mayonesa.
Una vez lista la tortilla (templada o fría, según prefieras), extiende esta mezcla por encima de forma uniforme y encima una capa fina de tortilla francesa. Esa es la famosa txapela, una capa generosa que cubre la superficie como si fuera una boina gastronómica con una fina capa de huevo por encima.
Tortilla con txapela
Ingredientes
- 1,5 kilo de patatas agria/kennebec
- 10 huevos
- Sal
- 250 gramos de bonito
- 20 gramos de mayonesa
- 1 cucharada de mostaza
- 1 limón
- Pizca de sal
- 2 huevos para la txapela
- Aceite de oliva suave para freír
Elaboración
Prepara las patatas
Pela las patatas, córtalas a tu gusto y fríelas a fuego medio hasta que estén tiernas y ligeramente doradas.
Haz la tortilla jugosa
Bate los huevos, mezcla con las patatas y cuaja la tortilla en la sartén. Déjala bien jugosa por dentro. Reserva y deja que repose mientras sigues con la receta.
Prepara la mezcla cremosa
En un bol, añade el atún bien escurrido, la mayonesa, una pizca de sal, un toque de mostaza y un chorrito de limón. Mezcla hasta conseguir una crema homogénea y suave.
Monta la base
Extiende esta mezcla de atún y mayonesa sobre la tortilla, cubriéndola de forma uniforme.
Haz la “txapela”
En una sartén, prepara una capa muy fina de huevo (como una crepe). Esta será la famosa txapela.
El toque final
Coloca con cuidado la capa de huevo sobre la mezcla de atún. ¡Y listo!
Las mejores patatas para una tortilla perfecta
Puede parecer un detalle menor, pero elegir bien la patata marca una diferencia enorme en el resultado final de la tortilla. No todas se comportan igual al cocinarse, y si buscas una textura cremosa y equilibrada, hay dos variedades que destacan por encima del resto: la patata agria y la Kennebec.
La patata agria es una de las favoritas en cocina por su versatilidad. Tiene un contenido de agua y almidón muy equilibrado, lo que la hace ideal para freír sin que se rompa demasiado, pero permitiendo que quede tierna por dentro. En una tortilla, esto se traduce en trozos jugosos que se integran perfectamente con el huevo.
Por su parte, la Kennebec es otro clásico que nunca falla. Es ligeramente más harinosa, lo que ayuda a conseguir ese interior cremoso tan deseado. Absorbe bien el aceite y aporta una textura suave que se funde con el resto de los ingredientes.
El truco está en cortar las patatas de forma regular y cocinarlas a fuego medio, sin prisas, dejando que se confiten lentamente en el aceite.