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De agigolado a picio: las 30 palabras más raras del diccionario español

Las 30 palabras más raras del español y su significado
El español es una lengua muy rica, con gran variedad de palabras para definir ideas casi idénticas.. Unsplash
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MadridEn España, contamos con el amplio (y digitalizado) diccionario de la Real Academia Española, para conocer en profundidad las palabras que, automáticamente, usamos cada día, las nuevas que aparecen con el paso de los años (y el cambio generacional) o las más raras y desconocidas.

La lista de las 30 palabras más raras del español

El español es la segunda lengua del mundo si tenemos en cuenta el número de hablantes nativos y la cuarta lengua en hablantes tras el inglés, el chino mandarín y el hindi. Nada menos que 493 millones de personas lo hablan como primera y segunda lengua con dominio nativo, alcanzando los 592 millones al incluir los hablantes con competencia limitada, entre los que hay 24 millones de estudiantes. Sin embargo, existen determinadas palabras que resultan desconocidas para casi todos, incluso para quienes dominan esta lengua desde pequeños.

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Estas son algunas de las palabras más raras del español:

  • Acecinar. No se trata de asesinar con ceceo: es el acto de salar las carnes y ponerlas al aire, o la acción de convertir un producto cárnico en cecina.
  • Agigolado. Adjetivo, típico de la provincia de Segovia, que se usa para describir aquel a quien, al realizar algo con un poco de esfuerzo, siente que se ahoga y percibe una presión en el pecho.
  • Arrebol. Efecto de la luz del Sol al proyectarse sobre las nubes matutinas y de la tarde, que les otorga tonalidades rojizas.
  • Bahorrina. Conjunto de muchas cosas asquerosas que se han echado en agua, ensuciándola. También se usa para definir a un conjunto de gente soez y ruin.
  • Bonhomía. Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter.
  • Depauperar. Debilitar, extenuar física o moralmente, ya sea uno mismo o hacia otra persona.
  • Falcado. Que tiene una curvatura similar a la de una hoz.
  • Farmacopea. Repertorio o libro de recetas medicinales, pudiendo ser éstas tanto fármacos como fitoterapéuticas.
  • Ful. Faso, fallido, que posee poco valor.
  • Garambaina. Adorno de mal gusto u objetos que son pamplinas. También significa gesto de mal gusto.
  • Haiga. Coche de gran tamaño y ostentoso.
  • Idiotismo. Giro o expresión lingüística que no se ajusta a las reglas gramaticales.
  • Inmarcesible. Dicho de un vegetal que no puede marchitarse.
  • Jerapellina. Vestido viejo y andrajoso, pieza de tela que no puede dar más de sí.
  • Jipiar. Gemir, hipar, gimotear. Cantar con voz semejante a la de un gemido.
  • Joyel. Joya pequeña.
  • Limerencia. Locura de amor. Estado mental involuntario en el que la atracción de un persona hacia la otra le impide pensar de forma racional.
  • Melifluo. Sonido excesivamente dulce, suave o delicado.
  • Mondo. Dicho de algo que está limpio y libre de cosas extra, añadidas o superfluas.
  • Nefelibata. Dicho de una persona soñadora, que no se apercibe de la realidad.
  • Núbil. Dicho de una persona, especialmente de una mujer, quien se encuentra en edad de casarse.
  • Ñomblón. Dicho de una persona muy gorda y de nalgas grandes.
  • Picio. Excesivamente feo.
  • Quincalla. Conjunto de objetos de metal, generalmente de escaso valor, como tijeras, dedales, imitaciones de joyas, etc.
  • Réprobo. Condenado a las penas eternas.
  • Sempiterno. Que durará para siempre; que, habiendo tenido principio, no tendrá fin.
  • Trapisonda. Bulla o riña con voces o acciones. También agitación del mar, formada por olas pequeñas que se cruzan en diversos sentidos y cuyo ruido se oye a bastante distancia.
  • Vagido. Gemido o llanto de un recién nacido.
  • Zaino. Traidor, falso, poco seguro en el trato.
  • Zonzo. Soso, insulso e insípido.