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Teresa sigue irremediablemente enamorada de Mondego y ha intentado convencer a su marido de que no le mate. Ante su negativa, se ha ido a ver a su ex amante a la cárcel para mantener con él un último encuentro sexual; un deseo, que por supuesto, Mondego ha cumplido con mucho placer a pesar de estar al borde la muerte. Para ayudarle, Teresa le presta su ropa y el falso pirata consigue salir de la cárcel haciéndose pasar por la dama, pero el intendente le descubre y le somete a un juicio popular.









